La Biblia dice en Juan 1:42

“Luego Andrés llevó a Simón a donde estaba Jesús; cuando Jesús lo vio, le dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan, pero tu nombre será Cefas (que significa: Pedro).”

Andrés conoció a Jesús y llevó a su hermano Simón ante él para que lo conociera y el primer encuentro entre Simón y Jesús sirvió para cambiar su nombre: se llamaría Cefas, que quiere decir Pedro. Tanto Cefas como Pedro quieren decir exactamente lo mismo: piedra o roca. Cefas es una palabra aramea, en tanto que Pedro lo es en griego.

Nuestro Señor Jesucrito aprovechó la primera oportunidad que tuvo para mostrarle a su discípulo que bien lo conocía. Llamarle Pedro y no Simón, ni era una ocurrencia, como tampoco una broma. Era una manifestación del grado en que Jesús conocía a todas las personas y conoce aun hoy en día.

No hubo que platicar mucho, también no tuvieron que pasar mucho tiempo o convivir en demasía para que el Señor conociera la personalidad de este hombre que se convirtió en el protagonista de eventos y pasajes del Nuevo Testamento que todos recordamos: caminó sobre el agua del mar de Galilea cuando vio a Jesús y le dijo que si era él que lo llamara.

Negó al Señor tres veces y entonces el gallo cantó. Cortó la oreja de Malco, un sirviente de los sacerdotes, estuvo presente en la transfiguración de Cristo y en milagros que lo otros apóstoles no estuvieron como la resurrección de la hija de Jairo y muchos otros más donde presenció directamente la gloria de Jesucristo.

El nombre de Pedro y su protagonismo ha llevado a pensar a muchos que debe ser considerado el primado de los discípulos, pero en el Nuevo Testamento ni se insunua y mucho menos se afirma que él se hubiera convertido en el superior jerárquico de los apóstoles, sino par como todos ellos.

El cambio de su nombre sirve para recordarnos que Jesús nos conoce más profundamente que nadie. A veces ni nosotros mismos logramos entender nuestra conducta y comportamiento, pero el Señor claro que conoce nuestros impulsos, nuestros sueños, nuestros anhelos y por supuesto que nuestras grandes luchas y fracasos.

Por eso con toda la confianza y seguridad podemos llegar ante él, abiertos, sinceros, sin ninguna clase de pose o impostura porque ante él todo esta claro y nuestra vida junto con todo lo que hacemos en lo más secreto y en nuestros pensamientos más recónditos esta a luz de su presencia.

Podemos confiar completamente en Jesús porque conociéndonos como nos conoce, no nos desecha, ni los aparta, al contrario nos acerca para luchar codo a codo junto con nosotros para mejorar nuestra personalidad a fin de honrarle y glorificarle siempre.

Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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