La Biblia dice en Jeremías 23:21

“Yo no envié a esos profetas, y ni siquiera les hablé, pero ellos salieron corriendo a hablar en mi nombre.”

A Jeremías los gobernantes de su tiempo lo combatieron empleando falsos profetas, hombres que se alquilaron tanto a los gobernantes como a los religiosos de su tiempo para contradecir los oráculos que Dios le revelaba a su vidente y de esa forma pretendían desacreditarlo, como si de esa manera la palabra del Señor se podía evitar o detener.

De esa forma Jeremías padeció no solo el acoso de los gobernantes, sino también se buscó presentarlo ante el pueblo del Señor como un mentiroso o como un agorero del desastre, un anti nacionalista o anti patriota que tenía un interés inconfesable con los enemigos de Israel y su labor como profeta carecía de autenticidad.

Entonces, el Señor sale al paso para señalar con toda claridad que esos profetas ni los envió él, ni tampoco les habló, una aclaración estremecedora porque significa que esos hombres iba por su propia voluntad, sin llamado y además no recibieron ninguna palabra que compartir, es decir, iban sin mensaje.

Sin llamado y sin mensaje estos hombres hablaban lo que se les ocurría. Su labor estaba basada en ocurrencias que llegaban a su natural y entenebrecido entendimiento y como si algo hiciera falta en ellos salían corriendo a hablar en el nombre del Señor, lo que revela que no tenían empacho en presentarse a sí mismos como profetas.

Con esta actitud cometían una doble falta. Primero se acarreaban condenación porque usurpaban una función sagrada de la que no tenían la más absoluta noción y en segundo lugar confundían y hacían errar al pueblo de Israel que los escuchaba pensando que en efecto tenían un mensaje de parte del Señor.

Los falsos profetas son tan antiguos que debemos tener cuidado con ellos porque sus palabras o sus “revelaciones” son en realidad ideas suyas, pensamientos humanos y en ocasiones alucinaciones personales que en lugar de edificar destruyen la fe de las personas que piensan que están ante un enviado del Señor.

El mejor antídoto contra esta clase de seres extraviados de la realidad es reafirmar nuestro compromiso con la Escritura que tiene poder para sobreedificarnos en la enseñanza y ministración del Señor Jesucristo que dio su vida por nosotros y que desde su ministerio nos advirtió contra los falsos profetas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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