La Biblia dice en 2º Libro de Samuel 6:22

“Y aún me humillaré más que ahora; me rebajaré, según tu opinión, pero seré honrado por esas mismas esclavas de que tú hablas.”

Llevar el Arca del pacto a Jerusalén tuvo muchos contratiempos. Primero, la muerte de quienes la cargaban que hizo que estuviera en casa de Obed-Edom por algún tiempo y luego cuando por fin pudo ser trasladada al lugar definitivo, David tuvo serias diferencias con su esposa Mical por haber danzado delante de Dios al lograr que llegará a la capital de Israel.

Mical le reprochó duramente a David haberse vestido con un efod de lino y, a juicio de ella, haberse mostrado delante de las esclavas de sus criados como un desvergonzado cualquiera, lo que hizo que el rey de Israel le respondiera las palabras que hoy nos sirven para meditar la palabra de Dios.

Para comprender la alegría desbordada de David al conducir el Arca del pacto a Jerusalén debemos entender que para el rey ese artefacto no era simplemente un pedazo de madera, sino un símbolo de la presencia de Dios ante su pueblo, es decir, era la manifestación gloriosa del Señor de los ejércitos.

Mical no entendió eso y para ella lo hecho por David fue un acto de exhibicionismo, para ella el festejo de David por tan relevante suceso fue exagerado y denigrante para su investidura como monarca, pero para David fue una expresión genuina de su amor al Señor y una sencilla manera de expresar su algarabía por contar con la presencia de Dios.

Por eso, convencido de esa verdad, le dice a su esposa que aún se humillará más y se rebajará, según opinión de ella, cuando se trate de honrar a Dios porque para él la presencia de Dios era y es lo más valioso con lo que una persona puede contar en esta vida. Dios en medio de nosotros merece una celebración festiva sin medida.

David nos enseña de esa manera que presumir a Dios nunca estará exento de críticas y vaya que clase de críticas. Nos advierte que exhibir a Dios como lo más importante en nuestras vidas también atrerá la burla de la gente, pero asismismo nos deja en claro que eso no puede ni debe desalentarnos o avergonzarnos.

Hay personas que nunca podrán asimilar lo que Dios representa para nuestras vidas y podrán señalarnos con opiniones equivocadas y pueden ser extremadamente duras, pero eso ni nos debe extrañar ni modificar lo que pensamos de nuestro bendito Señor. Ante una opinión equivocada de lo que representa nuestro Dios para nosotros debemos reaccionar como David: con más exaltación a Dios.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario