La Biblia dice en Mateo 11:21

“¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho entre ustedes, ya hace tiempo que se habrían vuelto a Dios, cubiertos de ropas ásperas y ceniza.”

Jesús lanzó ayes a las ciudades de Corazín, Betsaida y Capernaum que en lenguaje bíblico significan lamentos y endechas por una desgracia y calamidad que azotará a las personas o a los lugares debido al juicio divino decretado por su impiedad, injusticia y falta de reverencia al Señor.

En el verso que hoy meditamos Jesús establece con toda claridad la lamentable condición espiritual de los habitantes de estas dos ciudades que ante la predicación de Jesús reaccionaron con enfado e indiferencia, a pesar de que las palabras de Jesús iban acompañadas de portentosas obras como nunca antes había ocurrido en su historia.

Jesús los condujo, entonces, a la historia de Tiro y Sidón, dos ciudades marítimas que para ese tiempo habían desaparecido a pesar de haber formado parte de los poderosos fenicios que dominaron el mediterráneo por su enorme capacidad para construir barcos y comercializar bienes y productos.

El Señor les dijo que si los tirios y sidonios hubieran tenido la oportunidad de ver lo que ellos veían, con todo y ser gentiles, se habían vuelto a Dios, es decir se hubieran arrepentido y dejado sus malos caminos, pero ellos no tuvieron esa oportunidad que los ciudadanos de Corazín y Betsaida si tuvieron.

Y ese es el punto que Jesús pone en el centro de la discusión con sus contemporáneos: su profunda incapacidad para volverse a Dios, la dramática dureza de su corazón, pero, sobre todo, su falta de sensibilidad para aprovechar la oportunidad que ellos sí tenían para acercarse a Dios.

Y es que como todas las oportunidades si no se aprovechan, generalmente nunca vuelven tal y como les aconteció a los judíos que luego de la predicación de Jesús estuvieron unos cuantos años más y luego vino la más grande y prolongada diáspora que los tuvo fuera de su tierra por dos mil años.

Las oportunidades han de aprovecharse y más las que tienen que ver con nuestra vida espiritual porque es muy probable que nunca más vuelvan y quedemos solo con el recuerdo de lo que pudo ser y no fue.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario