La Biblia dice en Proverbios 30:32

“Si neciamente has procurado enaltecerte, o si has pensado hacer mal, pon el dedo sobre tu boca.”

Hay dos grandes males que acechan a todos los hombres: enaltecerse, enorgullecerse y llenarse de soberbia de manera deliberada y hacer mal ya sea por venganza o revancha o por pasar un momento de placer, pero que traerán consecuencias muy lamentables y dolorosas una vez consumados.

Son palabras de Agur, como es identificado el autor de estas sentencias que fueron recogidas por los sabios de Israel para enseñarnos, advertirnos y prevenirnos de lo necio y equivocado que pueden resultar a nuestras vidas sentir más que los demás o entregarnos a la práctica del mal.

La arrogancia es un pecado Dios sanciona severamente porque a los orgullosos los abate y humilla debido a que ese fue el pecado del diablo. El orgullo tiene como esencia intentar ocupar el lugar de Dios. El vanidoso se pone en el centro y quiere que todos lo vean y reconozcan, el mismo deseo del maligno por el que fue expulsado del cielo.

La Escritura es muy clara cuando habla de la soberbia. Dios resiste a los soberbios. No los soporta, ni los tolera y tarde o temprano despliega sobre ellos su brazo poderoso para demostrarles que no son más que seres hechos de polvo y que allí volverán aun con toda su pompa y vanagloria humana.

Respecto al mal, la Biblia señala con toda claridad que su manifestación surge de la ausencia de Dios en la vida de las personas. Hacer el mal es ir contra Dios porque el Creador es el bien supremo, porque la esencia de Dios es bondad y benignidad que despliega sobre todos haciendo salir el sol sobre buenos y malos y haciendo llover sobre justos e injustos.

El orgullo y el mal nunca han pagado bien, ni pagarán nunca. En cambio la humildad y el bien siempre producirán grandes beneficios porque Dios exalta a los humildes y bendice con larga vida al que se aparta del mal. El proverbista quiere que sus lectores comprenda la magnitud de una vida que se llena de altivez y hace mal.

Pon el dedo sobre tu boca, dice para pedir que haga un alto quien se conduce por las tenebrosas sendas del orgullo y el mal ya que de seguir caminando por esa senda pagará muy caro alejarse más y más de Dios quien no condesciende ni condescenderá nunca con los orgullosos y los malvados.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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