La Biblia dice en Mateo 1:19

“José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto.”

José amaba a María. Al enterarse de que estaba embarazada antes de vivir con él ya como esposos formales, supuso que fue un desliz de ella y tomó la decisión de dejarla, pero sin acudir al Sanedrín a denunciarla por adúltera porque esa querella significaba la muerte para su amada prometida.

El desamor en la vida de las personas es sumamente doloroso. La cultura mexicana ha creado de ese sentimiento cientos de canciones que expresan el desencanto, la tristeza, la amargura, el sentimiento de revancha y de desquite como algo legítimo ante una traición de una mujer con su esposo.

La música mexicana ha explotado grandemente la desilusión que se vive cuando alguien a quien amamos mucho nos falla de una manera tan grande, pero José no reaccionó como se supone que debe reaccionar una personas que fue traicionada. Él tomó una decisión sumamente valiente: sufrir solo su dolor. No enterar a nadie más.

Y lo hizo por amor porque en verdad amaba a María. Claro que él no sabía que María en realidad había pasado por un proceso divino que le hizo quedar encinta para traer a este mundo al Salvador de los hombres. Pero la actuación de José fue de gran valor y sobre todo de gran esfuerzo para no dañar a María.

José nos muestra que hay cargas en esta vida que debemos soportar solo nosotros con el auxilio divino. Nadie más debe enterarse, nadie más debe saber lo que cargamos, sobre todo si al hablar o hacerlo público otras personas quedarían dañadas con lo que vamos a denunciar.

José decidió que lo acontecido con María debía quedarse entre él y ella. No comportarse como lo haría cualquier otra persona de salir y buscar vengarse de quien suponía había fallado a la promesa de serle fiel y vivir con él en el santo estado del matrimonio. José nos muestra que practicaba la clase de amor que no se irrita ni guarda rencor.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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