La Biblia dice en Proverbios 16:24

“Las palabras dulces son un panal de miel: endulzan el ánimo y dan nuevas fuerzas.”

Los seres humanos somos frágiles excesivamente y lo podemos comprobar con el gran mal que suscitan las palabras dirigidas contra nosotros violentamente. De qué tamaño puede ser el mal que trae consigo lo que hablamos que en el ámbito penal ha quedado como un tipo penal o delito la violencia verbal si un esposo violenta a su cónyuge con insultos o sarcasmo.

“Se conoce como violencia verbal a una forma de maltrato que no pasa a lo fisico, pero deja secuelas de igual manera. Este tipo de violencia no es tan notoria, al menos para terceros, e incluso para la persona violentada. El maltrato verbal puede disfrazarse de diversas maneras, comentarios sarcásticos e insidiosos, insultos y gritos”, dicen los especialistas.

Aunque es un asunto previsto en las leyes a favor de la mujer, en la vida diaria hay personas con una capacidad elevada para destruir o dañar con sus palabras. Al respecto los conocedores del tema dicen los siguiente:

“Cuando la violencia verbal se vuelve algo común en una relación, la persona maltratada ve dañada su autoestima cada vez más. Esto produce una variedad de consecuencias, por ejemplo, su salud mental se ve en riesgo. La relación entre el violento y la víctima dejará de ser la misma y puede tomar una dinámica diferente.”

Del otro lado de este tipo de conducta se presenta el libro de Proverbios para decirnos que las palabras dulces son un panal de miel. La expresión palabras dulces se traduce en muchas versiones de la Escritura como “palabras amables”. Hablar con amabilidad convierte a las personas en un panal de miel.

El proverbista señala dos resultados de recibir palabras amables o dar palabras amables: 1. Endulzan el ánimo y 2. Dan nuevas fuerzas. La primer característica de los resultados de ofrecer o recibir palabras amables es que animan, motivan, alientan porque reafirmar nuestra autoestima.

En segundo lugar dan nuevas fuerzas porque todos los días luchamos con nuestra autoestima, en ocasiones nos sentimos desvalorados y si en ese momento recibimos palabras amables entonces nos dan vigor y nos ayudan grandemente a enfrentar los desafíos que trae consigo vivir.

Las palabras amables no son un tema menor. Lo que decimos daña y perjudica o ayuda y alienta. Decidamos ser un panal de miel para que la gente que nos rodea se sienta motivada, animada y renovada de fuerza cuando hable con nosotros.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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