La Biblia dice en Santiago 4: 5-7

O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? 6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.7 Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

Introducción

Las duras palabras que Santiago dirigió a sus lectores en el verso cuatro del capítulo cuatro tienen una razón. Es un grave error hacerse enemigo de Dios porque Dios nos ha dado las herramientas o los instrumentos para hacerle frente a quien gobierna el mundo, al maligno.

El creyente que se deja llevar por el mundo y sus deseos ignora, olvida o hace a un lado lo que Dios ha hecho por él. Y esas son las cosas que vamos a estudiar en estos versos.

El autor de la carta le recuerda a los miembros de la iglesia del primer siglo (a quienes dirige sus palabras) lo absolutamente equivocado que puede resultar que un creyente se deje arrastrar por los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria que ofrece el mundo y la condición corrompida del sistema en las sociedades.

Santiago se concentra en hacernos saber lo que Dios ha hecho y la victoria que podemos tener no solo ante el mundo, pero también ante Satanás, quien al final de cuentas es quien domina, controla, manipula y gobierna el mundo. Santiago nos está enseñando que el maligno no es invencible. Qué tremenda verdad.

Y si podemos vencer al dueño del sistema de cosas que se han implantado en nuestro entorno, entonces, con toda seguridad venceremos a sus operadores, criaturas y colaboradores que nos quieren hacer tropoezar en nuestra relación con Cristo Jesús. Esa es la gran virtud de este valioso libro.

Una fe práctica para una vida práctica

Nos da fuerza para vencer al mundo

A. Porque Dios nos ha dado su espíritu
B. Porque Dios nos da su gracia
C. Porque Dios resiste a los soberbios
D. Porque podemos resistir al diablo

¿Dios nos ha dejado sin armas para luchar contra este mundo? ¿Al vivir de acuerdo a preceptos e ideas que salen del mundo estamos condenados a fracasar una y otra vez? ¿Podemos salir victoriosos o es una batalla perdida? ¿Se nos puede acusar si la corriente de este siglo es tan brutal?

Las respuestas a estas interrogantes las encontramos cuando ponemos atención a lo que Santiago escribe luego de decirles a sus lectores que son almas adúlteras. Al contrario entendemos por qué se los dice. Con tantos recursos que Dios nos ha dejado, no podemos, ni debemos fallar.

A. Porque nos ha dado de su espíritu

Jesús le dijo a los discípulos que no los dejaría solos. Que enviaría a su Consolador para apoyarnos, asistirnos, consolarnos, animarnos y exhortarnos todas las veces que lo requiriéramos. Dios de ningún modo se desentiende del gran conflicto que tenemos en este mundo. Él lo conoce perfectamente. Por eso dijo: En el mundo tendrán aflicción, pero confíen, yo he vencido al mundo.

Por eso envió a su Espíritu Santo el día de Pentecostés y ahora nos acompaña para llenarnos de poder como lo prometió en Hechos 1: 8 “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo”. A partir de allí la vida de cada creyente cuenta con el auxilio del espíritu de Dios.

Santiago dice que Dios nos anhela celosamente. El ejemplo es como el de un esposo que ama profundamente a su esposa y no puede ni debe compartirla con nadie. Tampoco quiere hacerlo. De esa misma manera Dios nos quiere solo para él, desea fervientemente que le seamos fieles.

B. Porque Dios nos da su gracia

La gracia de Dios en nuestras vidas hace posibles muchas cosas. La primera de ellas es que nos da salvación. Somos salvos exclusivamente por su gracia, es decir por un regalo que nos vino del cielo cuando no lo merecíamos porque nuestra maldad y nuestro pecado nos apartaron tanto de Dios que sí no hubiera sido por su perdón seguiríamos perdidos.

Santiago dice que Dios nos da mayor gracia, es decir que cuando más necesitamos del favor de Dios, él no las da.

La gracia de Dios se da en medida de la lucha que tenemos. Podemos decir que a mayor necesidad de gracia, mayor es la que Dios nos da. El favor de Dios se incrementa grandemente cuando nos ve luchando contra el mundo en el que siempre estamos en desventaja.

Él sabe perfectamente que es una lucha desigual porque es pelear contra un sistema de creencias aceptadas por la mayoría y cuando alguien las pone en entredicho se le vienen todos en contra porque no pueden soportar cuando alguien les hace ver que lo creen es una mentira.

C. Porque Dios resiste a los soberbios

Hay una sola clase de personas a las que Dios no puede ayudar: a los soberbios, a los que se creen autosuficientes. La gracia esta destinada exclusivamente para todos aquellos que reconocen su necesidad, pero los altivos, orgullos y creídos difícilmente podrán recibir el favor de Dios porque piensan que no lo necesitan.

Y no solo piensan que no lo necesitan sino que se oponen tanto a Dios que por esa razón, el Creador los resiste. La palabra resistir procede de la raíz griega “antitassó” que se traduce como estar en contra de algo o alguien. En este caso Dios está en contra de los soberbios por su actitud sobrada.

Las personas con este tipo de actitud se convierten automáticamente en enemigos de Dios y en consecuencia o más bien como resultado en amigos del mundo. Los altivos son amigos del mundo de manera casi, casi, natural.

D. Porque podemos resistir al diablo

El maligno es el dueño del mundo. Si lo resistimos, entonces, podremos vencer al mundo con el auxilio de Dios.

El verso siete de nuestro estudio dice:

Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

Santiago nos enseña la manera en que podremos resistir al dueño del mundo, en primer lugar sometiéndonos a Dios y en segundo lugar resistir al diablo. No puede uno vencer al maligno si uno no obedece a Dios. La obediencia a nuestro Señor es el primer paso para la victoria sobre el mal.

La palabra “antistémi”, procede de dos vocablos: “anti”, que quiere decir en contra y “stémi” que se traduce como estar de pie. Etimológicamente la palabra quiere decir estar en contra de quién está en pie, en este caso del maligno.

El uso de la palabra es tomar una posición diametral opuesta, ponerse en contra, rechazar ser movido. Resistir al diablo es asumir una vigorosa actitud de no moverse de lo que se cree o de lo que Dios manda.

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