La Biblia dice en Lucas 23:39-43

Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.40 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? 41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo. 42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Introducción

Para esta clase de pasajes que Lucas escribió indudablemente tuvo que recurrir, ya sea a las mujeres que estaban allí al pie de la cruz: la madre de Jesús, la hermana de ella, María, mujer de Cleofas y María Magdalena o el propio apóstol Juan que en esos instantes fue el único de los discípulos que acompañó a Jesús hasta el último momento.

Solo el tercer evangelio registra este diálogo entre Jesús y dos ladrones que junto con el imperio romano determinó llevarlos a ese tipo de castigo, reservado a extranjeros y que servía como escarmiento para evitar posibles sublevaciones, amotinamientos e intentos de derrocar al gobierno de Roma.

Los diálogos entre los condenados a esa horripilante muerte revelan que sabían que Jesús estaba allí acusado de ser el Mesías por parte de los judíos, sabían también que su condenación había sido injusta y asimismo que la condena de los malhechores era, si bien inhumana, resultado de la clase de vida que llevaron.

El tercer evangelio del Nuevo Testamento nos acerca de esta manera a uno de los últimos actos de grandeza que Jesús tuvo en su condición humana y como hasta el final la verdad de que era el Rey de Israel no se perdió ni el último instante y en esos minutos y segundos de agonía dolorosa dio muestras de su grandeza e inmenso poder.

El evangelio de Lucas tiene toda la intención de mostrarnos que la muerte de Jesús tenía un propósito central y un objetivo eterno: salvar a toda clase de pecadores, aún los más viles y miserables o que a los ojos de las personas no merecían ninguna clase de consideración.

La palabra malhechores que usa la versión Reina Valera 1960 otras versiones la traducen como criminales. Es una palabra que procede de la raíz griega “kakurgos” que apunta a delincuentes que habían roto o violado las leyes civiles o penales, pero la expresión apunta más bien a su condición moral. Moralmente estaban putrefactos.

Mateo y Marcos no usan kakurgos sino lestes que literalmente significa ladrones. Ambos evangelistas apuntan directamente al delito que cometieron y Lucas habla de su condición moral.

En los dos ladrones que murieron al lado de Jesús descubrimos a los dos clases de seres humanos que hay en este planeta. Por un lado, el que injuría a Jesús representa a quienes para creer necesitan cambios urgentes, a su antojo, a su capricho. Ellos requieren un Dios que cambie velozmente su situación para entonces seguirlo. Son seres extraviados.

Pero el otro malhechor ejemplífica a todos aquellos que, conversos, abandonando su condición moral, reconocen la grandeza del Señor y apelan a su compasión y no necesitan que sus circunstancias de sufrimiento cambien pues saben perfectamente que la vida eterna es más importante que unos cuantos años de bienes en este mundo.

Jesús le ofreció y le ofrece a quienes así piensan el paraíso en cuanto deje de existir en este mundo como muestra de su grandeza, como expresión de que el había venido de allá y allá volvía con el Padre.

El rey que se hizo esclavo

Sin perder su grandeza
A. A pesar de que murió como delincuente
B. A pesar de las injurias
C. Porque su muerte fue injusta
D. Porque su muerte nos lleva al paraíso

A. A pesar de que murió como delincuente

Además de morir de la forma más vergonzosa en la oprobiosa cruz, Jesús dejó de existir en medio de dos malhechores. El cuadro no podría ser más desolador para sus seguidores. Aquel hombre que detuvo al viento y la lluvia con solo su palabra, que dio de comer a miles de personas, que sanó enfermos, resucitó muertos y reprendió demonios, moría.

Y moría al lado de dos rufianes, dos criminales, maleantes y bandidos que el imperio condenó a perder la vida de esa forma de lenta tortura, pero no era como ellos por múltiples razones, la primera de ellas porque él no había cometido un solo delito, al contrario solo había venido a la tierra a hacer bienes.

Pero romanos y la clase política y religiosa de Jerusalén tenían toda la intención de asociarlo con convictos para denigrarlo y degradarlo para que de esa manera su fama pudiera mancharse y sus afirmaciones de ser el Hijo de Dios fueran insostenibles por haber muerto de esa manera y con esa clase de compeñeros.

B. A pesar de las injurias

Uno de los ladrones con los que murió Jesús le injuriaba, describe Lucas, tal y como lo hicieron los gobernantes de los judíos y los soldados encargados de la ejecución. La palabra injuriar se traduce en algunas versiones como burla, menosprecio.

Pero la raíz griega de la palabra “injuriaba” es “blasphémeó” de donde nace la palabra blasfemia. Uno de los delicuentes estaba hablando a la ligera, profanando el nombre de Jesús, que es el sentido de la palabra blasfemia, que también se entiende como una falta total y absoluta de respeto, consideración y veneración a lo sagrado.

A este hombre le resultaba insoportable compartir sus sufrimientos con quien se decía o decían de él que era el Cristo. Si él era lo que afirmaba ser debía parar esa tortura.

La concepción del sufrimiento del bandido crucificado ese mismo día era equivocado, como también era totalmente errónea su concepción de Jesús. Pensaba que Jesús cumple caprichos, creía que Jesús estaba a la disposición de sus deseos y como no era así, lo único que alcanzó a entender su limitado cerebro y corazón fue blasfemar.

C. Porque su muerte fue injusta

Lucas nos dice que a diferencia del bandido que blasfemó, el otro reo reprendió severamente a su cómplice al escuchar sus insultos contra Jesús y le hizo ver que debía de cambiar de actitud ya que estaba en la condenación misma.

La palabra condenación que usa Lucas procede de la raíz griega “krima” que quiere decir condena o sentencia, pero que en el contexto del pasaje nos lleva a pensar de que se trata del castigo eterno que padecerán hombres si no se vuelven a Jesús con todo su corazón y le entregan su vida.

Ese delincuente condenado reconoce ante su compañero de maldades que ellos están en esa situación porque sus hechos o actos estuvieron fuera de la ley, pero en el caso de Jesús no había razón alguna para que estuviera padeciendo ya que no había obrado ninguna clase de mal.

Y como él si supo frente a quien estaba y reconoció la grandeza de Jesús, le pidió que cuando viniera en su reino, una expresión propia e inequívoca de reconocer la realeza de Jesús, le pidió que se acordará de él. Desde que nació hasta que murió Jesús fue siempre Rey. Nunca perdió esa condición y la mantuvo hasta el final.

D. Porque su muerte nos lleva al paraíso

Lucas nos acerca a la manera y las palabras que ese hombre agonizante le dirigió a Jesús en los momentos de mayor dolor y desesperanza, cuando la muerte rondaba ya y su fin era inminente.

Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

En sus palabras este hombre admitió, reconoció, aceptó que Jesús era el Mesías. Tal vez sin entender a cabalidad lo que estaba ocurriendo él supo en su fuero interno que ese hombre que no había hecho mal alguno y a quien vio perdonar a sus verdugos, a quien vio encomendar a su madre a su discipulo, a quien vio refugiarse en Dios, era quien dijo ser.

Y por esa razón le confió su alma a quien mantenía la paz y tranquilidad en medio de la tensión que se vivía en esos momentos. Aun en esa condición Jesús irradiaba paz y sobre todo mantenía su grandeza, una grandeza que se originaba en su eternidad, en que su humanidad languidecía, pero su divinidad seguía allí.

A un hombre que supo dejar toda su vida en Cristo, Jesús le prometió que esa misma tarde descansaría en el paraíso.

La palabra “paraíso” es una trasliteración del término griego “paradeisos” que solo se usa en tres ocasiones en el Nuevo Testamento. Aquí y en

2ª Corintios 12: 4

Que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.

Apocalipsis 2: 7

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

El término paraíso ha sido fuente de inagotables discusiones porque el origen del término se asocia con un vocablo persa que se traduce sencillamente como un jardín, idílico, donde las personas pueden estar en paz y en contacto con la naturaleza que les permite descanso y quietud.

Sin embargo los tres textos que se usan en el Nuevo Testamento nos permiten atisbar algunas consideraciones sobre ese lugar. En primer término allí habita Cristo, en segundo allí van todas las almas de los piadosos, en tecer lugar es un lugar donde se escuchan palabras inefables, es decir, que van más allá de la compresión humana.

En cuarto lugar que es un espacio donde habita Dios y en quinto lugar será utilizado como recompensa para los hijos de Dios que sean fieles al Señor y por estas consideraciones muchos piensan que se trata del cielo o de las morades celestiales que Jesús les prometió a sus apóstoles en los discursos que Juan registra en su evangelio.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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