La Biblia dice en Hechos 5:39

“Pero si es cosa de Dios, no podrán ustedes vencerlos. Tengan cuidado, no se vayan a encontrar luchando contra Dios.”

Pablo luchó contra Dios al atacar a la iglesia, Saúl peleó contra Dios al atacar a David, Amán luchó contra el Señor al atacar a Mardoqueo y Esaú luchó contra Dios al tratar de dañar a Jacob, pero todos ellos fracasaron porque pelear contra el Creador y pensar que se le vencerá en simplemente descabellado.

Así fue como razonó el sabio Gamaliel cuando el sanedrín judío no sabía qué hacer con los apóstoles que completamente convencidos predicaban a Cristo muerto y resucitado, y ellos trataron a toda costa de detenerlos amenanzándolos, golpeándolos y encarcelándolos, pero no lo lograron.

Dios jamás va a ser derrotado, nunca perderá una pelea contra sus adversarios y su causa y todos sus planes los llevará a cabo permanentemente. Y en sentido contrario, todo lo que no nace de su corazón no llegará a ningún lado. Las ideas, planes y proyectos nacidos de la mente o el corazón humano tienen un solo fin: el fracaso.

Gamaliel le dijo eso a los integrantes del sanedrín para que actuaran con prudencia y dejaran de atosigar a los apóstoles que pronto recibirían esfuerzos con la llegada del beligerante y violento, cruel y despiadado defensor del judaísmo llamado Saulo de Tarso que fue convertido al cristianismo por el mismísimo Señor Jesucristo.

La obra de Dios jamás podrá ser ni detenida ni derrotada. Los planes humanos aunque nadie los combata se caerán a pedazos porque fueron formulado por seres finitos, frágiles y endebles.

Sepamos, entonces, pelear las batallas que son del Señor y dejemos las batallas que no proceden del cielo. Abracemos con todas nuestras fuerzas los planes divinos y rechacemos contundentemente los proyectos humanos. Tomemos con todo nuestro corazón la causa de Jesús que nunca fallará y deshagámonos de lo nacido de la carne.

De esa manera nunca fracasaremos y viviremos siempre en victoria y cuando la contrariedad llegue sabremos que es temporal y no definitiva y nuestro corazón será consolado y animado para seguir adelante.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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