La Biblia dice en Filipenses 3:14

“Prosigo a la meta.”

La ciudad de Filipos era una colonia romana donde vivían ciudadanos romanos que contaban con todos los beneficios de su condición. Había jueces que les procuraban justicia ytenían una vida comercial con los mejores productos porque los podían pagar. En una palabra vivían con los mejores estándares de bienestar, como si estuvieran en Roma.

La iglesia de los Filipenses fue fundada por Pablo en su segundo viaje misionero y fue la única que participó activa y económicamente con él apóstol en los días más difíciles de su ministerio cuando fue encarcelado en la capital del imperio romano, hasta donde le enviaron un asisten y una considerable cantidad de dinero como ofrenda.

Era un iglesia que siempre fue generosa con Pablo y con los necesitados. De hecho en su carta el apóstol les reconoce esta virtud y salvo alguna confrontación entre dos hermanas llamada Evodia y Síntique, la epístola transpira un trato afable y cordial entre el pastor y sus congregantes.

A esta clase de personas con todas sus necesidades arregladas o sin preocupaciones materiales porque lo tienen todo es a los que le dice que prosigue a la meta para llevarlos a considerar que deben tener mucho cuidado, poner toda la atención debida y extremar siempre las medidas de vigilancia sobre sus propósitos de vida.

La palabra prosigo en realidad se puede traducir como perseguir o ir detrás de alguien. Su uso en aquellos días era de alguien que cazaba un animal y que debía iba tras él con determinación para que no se le escapara. Como cuando se cazaba un conejo y se debía poner todo el empeño para que no huyera y se perdiera.

La expresión meta que usa Pablo procede del griego “skopon” y denota a una persona que vigila o que no pierde de vista una marca. Que revisa una y otra vez para apuntar bien, como quien está detrás de un rifle y apunta hacia un objetivo.

La frase prosigo a la meta tiene la idea de una persona que pone su atención al objetivo final de su vida, en otras palabras que tiene el cuidado de su destino, que no se descuida, que al contrario revisa una y otra vez que lo que está haciendo se enmarque en su propósito de vida.

Proseguir a la meta es fijarse de manera constante que lo que se está haciendo forma parte de un proyecto de vida, que no se está descuidando el destino final y que no se esta perdiendo el tiempo en esfuerzo inútiles que a nada nos llevarán, sino a frustrarnos por no llegar a ningún lado.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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