La Biblia dice en Hebreos 12:12

“Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas.”

Esta es la orden que le da el autor de la carta a los Hebreos a los judíos del primer siglo que se habían convertido al cristianismo y que lo llevaron a escribir esta epístola llena de pasajes del Antiguo Testamento para animarlos y reanimarlos ante una crisis en la fe que habían depositado en Cristo Jesús.

Ese volumen del Nuevo Testamento nos recuerda a todos que la primera iglesia de la cristiandad nació en Jerusalén y no en Roma. Las columnas, como Pablo les llama a los apóstoles, discutieron asuntos de la fe en esa ciudad porque allí fue donde Jesús predicó y llevó a cabo su ministerio.

Con el paso del tiempo se perdió de vista que somos resultados de la obra misionera de hebreos que abrazaron la fe. Ellos fueron los iniciadores de la fe que se extendió por todo el mundo entonces conocido y que finalmente llegó a todos los continentes merced a todos los discípulos que surgieron de la primera iglesia cristiana.

Los primeros misioneros en el sentido estricto del término fueron judíos. Pablo y Bernabé hicieron de la predicación del evangelio su vida y acercaron a todo el mundo las sencillas enseñanzas del Maestro. Con el tiempo llegaron los gentiles a apoyarles, pero los iniciadores de todo esto fueron judíos.

Por eso cuando comenzaron a desanimarse, se les escribió esta carta en las que se les llama a perseverar, a seguir adelante y a no desmayar. La parálisis que estaban sufriendo necesitaban sacudírsela y por eso los llaman a volver a caminar y marchar al destino que Dios les había preparado.

La carta a los Hebreos nos enseña que nuestros hermanos judíos, creyentes en Cristo Jesús, han padecido y merecen nuestro auxilio en tiempos de dificultad para que sigan su caminar hacia la patria celestial a la que todos estamos llamados para glorificar el nombre del Señor Jesucristo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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