La Biblia dice en Mateo 1:25

“Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.”

José se enteró que María estaba embarazada y la quiso dejar. Un ángel del Señor le dijo en sueños que lo acontecido a su prometida fue un milagro divino y que había concebido por obra del Espíritu Santo y debía recibirla y darle el nombre de Jesús porque él habría de salvar de sus pecados al pueblo de Israel.

Y José obedeció el mandamiento que el Señor le comunicó y la recibió como su esposa, sin embargo Mateo nos dice que mientras María estuvo embarazada de Jesús ellos no sostuvieron relaciones sexuales. Ese es el sentido de la palabra “conoció” que usa el evangelista para hacernos una precisión muy clara para recalcar la naturaleza divina de Jesús.

Pero Mateo aclara que María y José tuvieron relaciones sexuales una vez que nació el Salvador del mundo para enseñarnos varias cosas. Me enfocaré solo en una de ellas. María y José habían planeado vivir juntos y Dios les permitió llevar a cabo sus planes, solo que antes de ello prestaron al Señor en el más grande de los servicios que se han podido hacer.

Ellos interrumpieron sus planes. Tuvieron que hacer una pausa ante el llamado que Dios les entregó. Y al principio sintieron temor, decepción y hasta frustración, sobre todo José que fue quien quiso dejar a María, pero esta pareja nos enseña que los planes de Dios son más importantes que cualquier proyecto de vida u objetivo en este mundo.

Dios pausó sus sueños momentáneamente para recordarnos a todos que cuando le entregamos nuestras vidas, él decide lo que habrá de hacer con nosotros. Al entregarnos a él nos convertimos en barro en sus manos con el que el Señor puede hacer lo que le plazca porque hemos rendido nuestra voluntad a la suya.

Dios tiene todo el derecho de interrumpir las veces que quiera nuestros planes porque lo que él decida siempre tendrá la garantía de ser lo mejor para nosotros y nunca nos hará sentir frustrados.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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