La Biblia dice en Jeremías 6:30

“Habrá que llamarlos «plata de desecho», porque tú, Señor, los has desechado.”

Dios usó a Jeremías para hablarle a su pueblo de manera clara. Sus profecías fueron hechas para advertir a los judíos de la inminente invasión de los babilonios a su tierra en un último intento para hacerlos cambiar de conducta, reconciliarse con Dios y volver a los caminos de la voluntad del Señor.

Pero ese intentó fracasó y Nabucodonosor, rey de Babilonia, sitió la ciudad, destruyó el templo, arrasó la tierra de los hebreos y llevó a miles al exilio, quedando desierta la hermosa provincia como le llamaban a Jerusalén los poetas israelitas que lloraron los acontecimientos que parecían sacados de una historia de terror.

Antes de que eso sucediera Dios le habló a su pueblo a través del profeta Jeremías que les dio muchos mensajes y uno de ellos fue tan claro que nadie podía o pudo decir que no sabían la razón por la que Dios les había castigado de esa manera: un orfebre que trabaja metales preciosos, pero que al usar el fuego en ellos la escoria no se puede quitar.

Y eso les dijo Dios a los hebreos del tiempo de Jeremías, que eran plata de desecho porque ni el fuego había podido quitarles las escoria. Un joyero para elaborar sus anillos, pulseras, aretes o coronas debe emplear material cuidadosamente escogido, un material completamente limpio.

Cuando la plata, el bronce o el oro no están del todo purificados no se puede trabajar con ellos. Sencillamente no sirve para elaborar joyas y el orfebre debe deshacerse de ese material porque no sirve, aunque sea plata o sea oro. La escoria que no se puede quitar los inhabilita.

Y eso fue lo que le sucedió al pueblo hebreo, no quisieron limpiarse del todo, se aferraron a la maldad y se volvieron inútiles para servir al Señor, pero lo hicieron con conocimiento de causa. El profeta se los dijo, se los explicó con palabras muy sencillas, pero ellos no quisieron entender.

La pureza, entendemos, por lo que Jeremías le dijo a Israel, es fundamental en el servicio a Dios, sin ella somos un estorbo para lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas y en las vidas de otros.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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