La Biblia dice en Eclesiastés 5: 4

“Cuando hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a él no le agradan los necios. Cumple lo que prometes.”

El Predicador, como se traduce el vocablo Eclesiastés en las versiones en español de este estupendo libro, le pide a todos los creyentes ser extremadamente precavidos y cuidadosos a la hora de comprometerse con Dios. Esa clase de compromisos no pueden ni deben ser a la ligera. 

Las promesas al Señor se cumplen y Salomón, autor de este volumen, nos ofrece o nos da una razón muy valiosa: quien hace un compromiso con el Creador y se olvida se comporta como un necio, una de las categorías más condenables en la Escritura porque revela rebeldía, obcecación y falta de respeto a Dios. 

La razón por la que Dios se fastidia tanto con quien asume una responsabilidad y no la cumple es porque a diferencia de los seres humanos, el Señor siempre cumple sus promesas. Si él ha dicho que nos bendecirá, lo hará a pesar de todas las circunstancias adversas que lleguen a nuestra vida. 

La fidelidad es uno de los atributos más preciados para todos nosotros porque sin importar lo que acontece en nuestro entorno, él se las arregla para llevar a cabo sus planes a fin de materializar sus promesas. A José le prometió que lo encumbraría y lo hizo. A Abraham le prometió que le daría una tierra para sus descendientes y lo cumplió. 

Al hacerle una promesa y cumplirla nos parecemos a nuestro Padre celestial, pero cuando no obramos así nos convertimos en unos necios que se obstinan en desentenderse de lo que dijeron que harían y no lo hacen. Ese tipo de vida es incongruente e hipócrita y por eso a Dios le fastidia tanto. 

Por eso, si hemos hecho a Dios una promesa, cumplámosla. Con esfuerzo y empeño hagamos lo que le dijimos que haríamos y seamos de esa clase de personas que ante ponen sus compromisos por encima de ellos mismos o la tentación de salirse por la tangente y olvidar sus promesas. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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