La Biblia dice en Filipenses 3:14

Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

La carta a los Filipenses es un testimonio de la camaradería entre el líder de la iglesia y sus congregantes en los que se vierten principios sumamente profundos sobre la vida cristiana a la que Dios llamó a todos y es un excelente texto para renovar nuestra fe y mantener nuestras convicciones sobre lo que creemos.

Pablo está preso en Roma cuando escribe esta epístola y desde allí le manda a decir a sus fieles hermanos que no vivan en la tristeza, sino que se alegren y cuando las situaciones de desaliento y desanimo lleguen a sus vidas se encomiende al Creador para que su alegría se renueve como los árboles se renuevan después del verano.

Una de las extraordinarias recomendaciones que encontramos en este volumen del Nuevo Testamento es la convocatoria a proseguir, continuar, seguir, no parar, no detenerse y seguir marchando hacia el objetivo de vida que el premio que le espera a quienes atendieron el supremo llamamiento que Dios les hizo a través de Jesucristo.

Pablo les pide que no caigan en el conformismo, que dejen a un lado la rutina y el costumbrismo y se entusiasmen de nueva cuenta con su fe. El apóstol quiere convencerlos y convencernos a nosotros de lo imperioso que resulta seguir peleando y no decaer por alcanzar el galardón que nos espera al final de esta carrera.

Las circunstancias negativas no deben inhibirnos, las adversidades tampoco deben desalentarnos, por el contrario debemos enfrentarlas con alegría, entendiendo que son pasajeras y de muy corta duración frente a la eternidad que Dios prepara para nosotros al lado de su presencia.

Pablo proseguía y nos llama a proseguir. El verbo procede del vocablo griego “diókó” que significa perseguir seriamente o perseguir con toda prisa. En sentido negativo el término se emplea para señalar alguien que persigue a una presa para cazarla, es decir, con celo. La idea que tiene Pablo al utilizarla en este verso es que debemos proseguir con firmeza.

Se trata de una idea que debemos tener presente. Nada nos debe distraer para no perder el objetivo de vida que hemos tomado. Nada debe desviarnos. Debemos cuestionarnos siempre si estamos siguiendo nuestra meta o nos hemos confundido y vamos tras vanidades ilusorias, como escribió Jonás cuando quedó atrapado en el vientre del gran pez.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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