La Biblia dice en Jeremías 20: 11

“Pero tú, Señor, estás conmigo como un guerrero invencible; los que me persiguen caerán, y no podrán vencerme; fracasarán, quedarán avergonzados, cubiertos para siempre de deshonra inolvidable.”

Jeremías fue llamado a un ministerio en el que debía de denunciar el pecado del pueblo de Israel, pero también el de sus gobernantes y está visto que señalar la iniquidad de los poderosos atrae sobre quien lo hace odio y persecución, como si haciendo callar al profeta el juicio de Dios no se ejecutara. 

El vidente de Dios padeció toda clase de injusticias, lo encarcelaron, sus profecías escritas las quemaron, lo privaron de alimentos y desearon su muerte, pero la gracia de Dios lo sostuvo hasta el último día de su ministerio lo que nos muestra que servir a Dios no siempre significa ausencia de conflictos.

Al contrario conforme hablaba la palabra de Dios sus problemas se acrecentaban, porque lo que decía incomodaba grandemente a los gobernantes de Israel que pensaban que lo hacía para fastidiarlos y para que el pueblo se pusiera en su contra, pero en realidad Jeremías solo cumplía con las instrucciones de Dios.

Era tal la presión y el hostigamiento que vivía que en muchas ocasiones se lamentó amargamente con el Señor, quien lo consoló, animó, revitalizó y le dio muestras claras que aunque un ejército se levantara contra él, no podrían derribarlo o destruirlo porque Dios estaría con su persona. 

Y esa verdad la asimiló de tal manera que convencido escribió el verso que hoy meditamos y en el que reconoce la presencia de Dios en su vida como un poderoso guerrero, dispuesto a defenderlo para evitar su caída y librarlo de sus poderosos enemigos, los cuales serían avergonzados al ver que Jeremías se mantendría en pie a pesar de todo. 

No es una tarea fácil señalar el error de los poderosos, conlleva muchos riesgos y sinsabores porque ellos desplegaran todo su poder para vengarse ya que nunca entenderán que la verdad, por más dura que parezca, es mejor que la mentira y la simulación. El profeta entendió que esa era su misión y la abrazó totalmente. 

Dios se planta como guerrero en nuestra vida cuando enfrentamos los sinsabores de Jeremías vivió. Para qué queremos a Dios como un guardian si somos incapaces de defender la verdad de Dios ante los poderosos. Jeremías tuvo a Dios como un poderoso soldado porque arriesgó su vida, pero quien no la arriesga, ¿para que necesita ese tipo de protección?  

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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