La Biblia dice en Números 20: 2

“Como la gente no tenía agua, se reunieron todos para protestar contra Moisés y Aarón.”

Dios probó a su pueblo en el desierto. El trayecto entre Egipto y la tierra prometida se pudo concretar en solo siete días, pero el Señor condujo a su pueblo por el desierto para conocer a cabalidad a su nación y su reacción ante las necesidades porque la actitud que se asume cuando hay carencias refleja claramente lo que hay en nuestro corazón. 

Los hebreos ya habían recibido el maná para comer, antes Dios les había demostrado su poder sobre todos los dioses egipcios y sobre todo los había liberado de la prolongada y vergonzosa esclavitud a la que estuvieron sometidos con humillación y desprecio de parte de sus captores. 

Pero su actitud no cambiaba. Ante un problema o ante una carencia de inmediato buscaban a un culpable para desahogar su frustración. Así ocurrió cuando hizo falta agua. Se olvidaron que Dios ya los alimentaba sobrenaturalmente y fueron con Moisés y Aarón para reclamarle la falta de ese líquido. 

Su conducta nos revela mucho de lo que los seres humanos somos cuando a nuestras vidas llega una gran necesidad. Nos centramos y concentramos tanto en lo que hace falta que olvidamos que Dios puede resolver muy fácilmente cualquier clase de problema que tengamos si vamos a él con fe. 

Que no tenemos derecho a protestar por nada porque él siempre está en control de todo y que por encima de todas las cosas nunca debemos culpar a nadie de lo que estamos pasando o lo que estamos viviendo cuando a nuestra vida llega una necesidad o un problema que parece irresoluble. 

Los hebreos en el desierto se comportaron como si Dios se hubiera olvidado de ellos, como si el Creador se hubiera ausentado para siempre de sus vidas y como si no supiera qué hacer ante una necesidad del tamaño de la que ellos tenían, pero estaban rotundamente equivocados. 

Al final de cuentas Dios les dio agua que provino de una roca para demostrarles fehacientemente que el Señor suple las necesidad de las formas menos pensadas y que solo se necesita paciencia, pero sobre todo que le molesta grandemente que ante cualquier adversidad en lugar de fe, protestemos. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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