La Biblia dice en Juan 1: 17-18

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Introducción

Juan contrasta la ley que vino por medio de Moisés y lo que trajo Jesús cuando vino a este mundo. Con la encarnación de Cristo a este mundo vino o llegó la gracia y la verdad, pero sobre todo la humanidad pudo conocer al Padre, un adjetivo que si bien los judíos utilizaban para referirse a Dios, no era muy usual, porque más bien lo veían como Adonai, Señor o Elhoim, el Eterno.

Jesús vino entonces a mostrar una faceta distinta de Dios. Vino a mostrarlo como Padre y su deseo fue y sigue siendo que todos lo conocieran. Y lo conocerían porque los trataría con gracia y les enseñaría la verdad. El apóstol está convencido de lo que habla porque él vivió de cerca tanto bajo la ley como bajo la gracia.

Él supo distinguir perfectamente este cambio y lo mostró de manera clara con el relato de la mujer pecadora que fue sorprendida en el mismo acto del adulterio y que la ley la condenaba por una falta de esa naturaleza, pero Jesús la perdonó con una sola demanda: vete y no peques más, le dijo.

Este cambio sustancial en el trato de Dios con los hombres era extremadamente novedoso y en consecuencia difícil de aceptar por parte de los fariseos y la clase religiosa del tiempo de Jesús porque ellos aplicaban la ley a raja tabla, es decir, sin ninguna clase de miramiento hacia los demás, pero displicente con ellos mismos.

La ley, mal interpretada, ellos la habían vuelto rigurosa e implacable. Diezmaban, por ejemplo, el comino y el eneldo, dos granos pequeños y que contarlos era toda una odisea, pero lo hacían, según ellos, para cumplir sin fallar en ese precepto con exageración para mostrar su piedad.

Jesús vino y mostró que Dios no está con un fuete dispuesto a castigar a quien se sale por milímetros de lo que dice la ley. No quiere decir eso que volvía permisiva la relación con Dios. Todo lo contrario cambiaba la forma de relacionarnos con él. No pecar debía nacer de un corazón agradecido y no por miedo o terror al castigo divino.

Y esa fue la razón por la que Jesús vino al mundo. Vino a mostrarnos al Padre. A un padre amoroso. Un padre como el del hijo pródigo que a pesar de sus yerros nunca dejó de ser su hijo y sobre todo nunca lo dejó de amar.

Que resuene su voz
Para que todos lo conozcan
A. Así conocerán la gracia
B. A sí conocerán la verdad
C. Así conocerán a Dios

El Verbo o la Palabra se humanizó para que todos conocieran al Padre.

A. Así conocerán la gracia

La gracia, el favor inmerecido, el amor incondicional o el regalo sin méritos vinieron, dice Juan, por medio del Verbo o la Palabra. La revelación divina contenida en el Antiguo Testamento había sido convertida en una implacable serie de mandamientos que nadie podía sobrellevar y mucho menos cumplir.

Pero Jesús vino y mostró que Dios ofrece su amor y no le da a los hombres lo que merecen, sino lo que necesitan. La gracia es una expresión de la compasión divina que conoce a la perfección a los seres humanos. Ya David lo expresaba cuando hablaba en el salmo ciento tres de que Dios no contendería para siempre con el hombre porque sabía que es polvo.

En cambio, diseñó un instrumento llamado gracia para que los hombres pudieran encontrar en Dios la posibilidad de acercarse a él reconociendo que Dios extiende sus brazos de amor y sin importar la condición del pecador lo abraza, perdona, lo convierte en su hijo y le da un nuevo destino.

Su predicación se centró en esa verdad. Los sanos no tiene necesidad de médico, sino los enfermos, les dijo a los fariseos cuando lo criticaban por convivir con los pecadores y marginados de su tiempo, lo que escandalizaba a los religiosos de la época porque esos hombres y mujeres, a su juicio, eran indignos del Señor.

B. Así conocerán la verdad

Otra de las bendiciones que trajo consigo que Jesús viniera a este mundo fue que trajo consigo la verdad. En un mundo lleno de mentiras porque es gobernado por el padre de la mentira, la gran bendición que los seres humanos tenemos con Cristo es que podemos conocer la verdad.

Un concepto que siempre ha sido debatido por filósofos, pero han fallado grandemente porque piensan que es un concepto, cuando en realidad es una persona. Jesús dijo Yo soy la Verdad. Eso quiere decir que la verdad es una persona y al recibir a Cristo, en el sentido de aferrarnos a su vida, nos apartamos de la mentira.
La mentira hace que las personas sean manipulables en gran manera. Una persona que no conoce la verdad fácilmente puede ser manipulada o engañada y las consecuencias suelen ser muy dolorosas y costosas porque se pueden perder bienes materiales, en el mejor de los casos, pero en el peor, la mentira nos puede llevar a la condenación eterna.

C. Así conocerán a Dios

Jesús vino a revelar al Padre. Vino a mostrar a Dios como un padre amoroso dispuesto a ayudar a sus hijos como un padre humano lo hace con sus vástagos, a quienes ama, procura, sostiene, ayuda y provee. Esa verdad no se conocía cabalmente antes de la encarnación, pero con el Verbo o Palabra humanizada se hizo patente.

El evangelista Juan está convencido de esta verdad no porque lo oyó, sino porque lo vio de manera directa. Él fue un testigo presencial de la vida y obra de Cristo y conoció al Padre por medio de él. De tal manera que en su carta escribió: ¡Mirad cual amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios!

Ignorantes de quién era Dios, los seres humanos podemos conocerlo gracia a Jesús, quien vino a este mundo con esa misión.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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