La Biblia dice en Juan 1:4-8

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. 9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

Introducción

Juan asocia la Palabra o el Verbo con la luz. Una asociación casi natural porque el Génesis nos dice que Dios separó la luz de las tinieblas. Como lo hemos dicho en anteriores ocasiones el evangelio de Juan quiere corregir ideas equivocadas sobre la humanidad de Cristo y para ello recurre a sólidos argumentos de la eternidad de Cristo.

Al presentarlo como Verbo, Logos o Palabra expresa una de las acciones emprendidas por la palabra que la de crear y si en los versos uno y dos nos ha dicho que la Palabra crea, en los versos que ahora meditaremos expresa que el Verbo o Palabra es la fuente de la luz en medio de la oscuridad que hay en este mundo.

Pero para hilar, conectar o unir la Palabra con la luz, usa como medio o vínculo, Juan dice que en él (la Palabra) estaba la vida. Me gusta más como traducen algunas versiones: “la Palabra le dio vida a todo” porque en efecto cuando Dios dijo: sea la luz, fue la luz, es decir al crear la luz comenzó la vida de los seres humanos.

Y una vez que Juan hace esa declaración, entonces, dice que esa vida o esa existencia es la luz de los hombres, lo que quiere decir que la Palabra genera vida y esa vida produce a su vez la luz, que no puede ser más que la misma Palabra y de esa forma Juan nos presenta al Verbo como la Luz.

Juan no se está refiriendo a la luz que nuestros ojos pueden ver. De ser así todos los seres humanos seríamos salvos y tendríamos la facultad de conocer a Dios, pero no es así. Es otra clase de luz, completamente distinta a la natural que todas las personas podemos ver en este planeta.

La luz a la que se refiere Juan es la capacidad para poder conectarnos con Dios. Por eso fue necesario que Cristo viniera porque los hombres no podían relacionarse con esa luz porque vivían y viven en oscuridad. Dios es luz, pero con una mente reprobada y ya no pudieron discernir la luz de la oscuridad.

Que resuene su voz

Porque su palabra es luz
A. Una luz invencible
B. Una luz inconfundible
C. Una luz infalsificable

El libro de Génesis plantea la siguiente verdad: Y dijo Dios se la luz y fue la luz. Antes que nada, lo primero que Dios creó fue la luz y enseguida su segundo acto creador fue separar la luz de las tinieblas. No era la luz del sol o de la luna que en los versos quince al dieciocho fueron formados hasta el cuarto día.

¿Qué luz fue, entonces? Fue la luz divina. La capacidad para conocer a Dios o habitar con Dios. Al separarla Dios supo que habría hombres dispuestos a conocer su luz y vivir bajo ella, pero también supo que habría hombres que no la aceptarían y en consecuencias optarían o preferirían vivir en oscuridad. Muchas historias de la Biblia lo atestiguan. Abel y Caín. Jacob y Esaú. Son algunas de ellas.

A. Una luz invencible

Los versos cuatro y cinco de nuestro pasaje dicen de la siguiente manera:

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

En este mundo ha habido, hay y habrá siempre una lucha permanente y encarnizada entre la luz y las tinieblas. Entre el bien y el mal. Entre la bondad y la maldad. Entre los buenos y los malos o entre los justos e injustos. Esa lucha se materializa de manera constante cuando vemos como la verdad es perseguida por la mentira.

Juan escribe para alentar a la iglesia porque para muchos creyentes de su tiempo Jesús había muerto y sus enseñanzas parecían permanecer o seguir vigentes en unas cuantas personas y siguiendo el ejemplo de la luz de una cera o vela, parecía extinguirse poco a poco hasta no quedar nada de ella.

Pero Juan declara convencido y convenciéndonos que las tinieblas no pudieron contra la luz. Es interesante notar que escribe en pasado como un hecho consumado con repercusiones en el futuro, es decir que la luz derrotó una vez y para siempre a la oscuridad cuando la Palabra se hizo carne.

Isaías profetizó esta verdad cuando escribió setecientos años antes del nacimiento del Mesías y Mateo lo retomó cuando escribió sobre el inicio del ministerio de Jesús en Galilea: El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció. Mateo 4: 16.

Esa luz es invencible y nunca podrá ser apagada. Por más densa e intensa que sea la oscuridad, la luz siempre ha de resplandecer.

B. Una luz inconfundible

El evangelio de Juan es para corregir, pero también para aclarar ideas o conceptos que la iglesia primitiva estaba practicando sin formar parte de la revelación que Jesucristo le enseñó a sus discípulos.

Del verso seis al verso ocho encontramos una aclaración de Juan: Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Muchos años después de la muerte y resurrección de Cristo encontramos este relato en el libro de los Hechos 19: 1-5

Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, 2 les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. 3 Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. 4 Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. 5 Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

Mucha gente pensó que Juan el Bautista era la luz, pero no. Él solo vino a decir quién era la luz. Lo dijo él mismo, pero mucha gente se quedó con esa idea y Juan la tuvo que corregir y eso nos enseña que la luz de Cristo es inconfundible en este mundo porque solo esa luz nos puede quitar la ceguera.

Hoy en día surgen maestros por aquí y por allá que arrojan luz, pero muchos la toman de la Luz verdadera y cuando no lo hacen sus enseñanzas pueden alumbrar un poco y ofrecer un poco de claridad a la vida de las personas, pero solo la luz de Cristo puede penetrar la oscuridad del corazón del hombre y alumbrarlo.

C. Una luz infalsificable

El verso nueve de nuestro estudio dice de la siguiente manera:

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

Bastaba con que Juan dijera luz para entender que se refería a Cristo y en consecuencia se refería a la única y auténtica luz, pero al subrayar o remarcar la expresión verdadera, nos lleva a pensar que desde esa época ya había luces que no necesariamente eran la luz verdadera de la Palabra.

En un mundo lleno de mentiras, falsedades y engaños es fácil confundirnos o creer que estamos en la luz cuando en realidad seguimos en las tinieblas. La mejor manera de saber si seguimos la verdadera luz es a través de los frutos que nuestra vida produce con nuestros semejantes.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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