La Biblia dice en Juan 1: 11-13

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Introducción

Juan presenta el gran conflicto que los judíos vivieron con Jesús y la gran bendición que los gentiles alcanzaron con el primer advenimiento de Cristo en esta tierra. Lo hace porque en su tiempo los gobernantes del pueblo de Israel y muchos hebreos había marcado claramente su determinación de rechazar a Cristo y su mensaje.

El apóstol clarifica para la comunidad cristiana de su tiempo una realidad que ya era palpable y conocida entre los creyentes del primer siglo: los israelitas, asentados en esa nación, vivían como si Cristo no hubiera venido. Seguían ofreciendo sacrificios y el templo seguía con sus servicios normales.

Respecto a Israel nada parecía haber cambiado, lo que a muchos les hizo dudar si Jesús era realmente el Mesías anunciado a los judíos. El hecho de que en apariencia nada hubiera cambiado entre ellos podría interpretarse como si Jesús en realidad era todo lo que dijo ser menos el Mesías.

Por eso el apóstol Juan lo presentó como el Verbo, la Palabra de Dios que creó todo el universo y la luz de este mundo. Y siguiendo este hilo de pensamiento ahora lo presenta como el Padre que, rechazado por el pueblo de Israel, adopta a los gentiles, pero es un adopción que nace de que ellos sí lo recibieron y creyeron en él.

Juan es categórico cuando señala que vino a los suyos. Inicialmente la misión de Jesús fue traer la salvación a su pueblo y muchos lo aceptaron, pero no todos y entonces su vista se dirigió a los gentiles que ellos si lo recibieron. Nada falló. Jesús no fue recibido por los judíos. El Verbo o la Palabra tuvo un cálido recibimiento entre los gentiles.

Ante este nuevo escenario el Señor se hizo de un pueblo nuevo, que no sustituye al pueblo hebreo, para los que hay un plan que sigue, que fue adoptado y colocado en el olivo natural como un injerto y para que operara esta nueva realidad los adoptó como hijos suyos por haberlo recibido y creído.

Que resuene su voz
Porque vino a adoptarnos
A. Porque los suyos no lo recibieron
B. Porque aceptó a los que sí lo recibieron
C. Porque nos hizo hijos de Dios

Para muchos la misión del Verbo o la Palabra había fracasado. No podían entender como su pueblo seguía igual de oprimido y sobre todo igual de incrédulo. Sesenta años después, con el templo destruido y con el pueblo hebreo en el exilio parecía una broma decir que Jesús era el Mesías. Pero Juan se apresta a explicar la nueva realidad.

A. Porque los suyos no lo recibieron

Juan no repara en decir lo que sucedió entre los judío y Jesús. Ellos no lo recibieron, no se refiere a todo el pueblo porque evidentemente hubo quien si lo reconoció como lo que era, pero se refiere a la actitud de los gobernantes y religiosos quienes lo despreciaron y no lo recibieron.

Ellos lo rechazaron, Pedro en su primer discurso en el libro de los Hechos dice que lo negaron. Los hebreos en su totalidad no lo aceptaron y ese es el sentido de la expresión que usa Juan para referirse a la actitud de quienes nacionalmente debieron haberlo reconocido como su Salvador.

No es una acusación contra ellos, sino una precisión para entender por qué sucedió con el templo y ciudad de Jerusalén lo que vio Juan en el año setenta. Fue destruida la casa del Señor y los hebreos exiliados de nueva cuenta como quinientos años antes con el imperio babilónico.

Para comprender mejor lo que Juan quiere decir conviene leer completo el verso once de nuestro pasaje: A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Su misión de salvar del pecado a los israelitas no fue aceptado porque ellos querían una liberación física del imperio romano que los tenía cautivos.

B. Porque acepto a los que sí lo recibieron

El verso doce de nuestro estudio es claro cuando precisa que si bien los judíos no lo recibieron, hubo otras personas que sí lo aceptaron y lo dice de esta forma:

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan precisa que hubo un nutrido grupo de personas que sí lo recibieron y creyeron en su nombre. No en lo que dijo sino en su nombre. El nombre de Jesús significa salvación o salvador y las personas que depositaron su fe en él lo hicieron para ser salvos.
La palabra recibir es de suyo interesante en el griego. Procede de la raíz “lēpsesthe” que literalmente se traduce como “recibir sin soltar”, por eso algunos prefieren el término agarrar porque esta palabra procede del término garra y un animal que pone algo en sus garras es muy difícil quitarla de su poder. Recibir a Jesús significa tomarlos para no dejarlo nunca.

C. Porque nos hizo hijos de Dios

El verso trece de nuestro estudio dice de la siguiente manera:

Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

El pueblo de Dios es Israel. Los hijos de Dios son los judíos. Pero Dios hizo una excepción con todos nosotros los gentiles porque nos adoptó. En el verso doce de nuestro estudio Juan dice que el Señor nos dio la potestad o el derecho de ser llamados hijos de Dios, lo cual únicamente se logra por medio de la adopción.

No éramos hijos, no éramos su pueblo, pero ahora por la gracia del Verbo o la Palabra somo adoptados como suyos con todos los derechos que se transfieren por el cambio de nominación o denominación que ahora tenemos: somos sus hijos por su bondad infinita que nos hizo aceptos en el Amado, dice Pablo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario