Por: Carlos Martínez García

El ex monje agustino usó intensivamente la imprenta. La rebelión que llevó a Martín Lutero de la crítica a la Iglesia católica romana a romper con ella y consolidar sus posiciones teológicas y eclesiales, contó desde un principio con la poderosa ayuda de la difusión masiva de sus escritos por toda Europa. Gracias a la imprenta de tipos movibles los talleres produjeron por miles los folletos y libros del teólogo.

Lutero vio en la imprenta un medio invaluable para difundir su producción intelectual. La tenía por un regalo divino, el más grande, el último don de Dios. Fue un fenómeno editorial, sus libros alcanzaron prácticamente cada rincón europeo. Escribía tanto en latín, para que sus propuestas fueran conocidas en medios eclesiásticos y universitarios, como en alemán, para que hombres y mujeres del pueblo tuvieran acceso a la gesta sostenida contra la institución religiosa dominante.

Tras comparecer en la Dieta Imperial de Worms (abril de 1521), en la cual no se retractó de sus diferencias doctrinales con la Iglesia católica y el papado, durante el viaje de regreso a Wittenberg, Lutero fue secuestrado por enviados de Federico el Sabio, quien calculó que su protegido difícilmente sobreviviría una vez que se venciera el plazo del salvoconducto dado por el emperador Carlos V. En el momento no se supo sobre la autoría del secuestro. Lutero fue llevado al castillo de Wartburgo, donde permaneció del 4 de mayo de 1521 al 6 de marzo de 1522. Buena parte del tiempo en cautiverio lo aprovecharía para traducir el Nuevo Testamento del griego al sajón/alemán.

Para Lutero fue más importante traducir la Biblia a la lengua del pueblo que la redacción de su vasta obra escrita. Consideró tarea imprescindible poner los escritos bíblicos en manos de la gente para que por ella misma descubriera sus enseñanzas y dejara de ser presa de engaños y manipulaciones doctrinales. Al traducir la Biblia, hacerla asequible a más y más personas, Lutero provocó que la solitaria labor se transformara en apropiación colectiva cuyos alcances le granjearon simpatías y apoyos para enfrentar al sistema católico romano.

El conocimiento bíblico de Lutero se alimentó de la edición del Nuevo Testamento en griego que publicó Erasmo de Róterdam en 1516. En marzo de 1522 abandonó la reclusión en el Castillo de Wartburgo y viajó a Wittenberg, donde con la ayuda de Felipe Melanchthon revisó lo traducido. Ya en pleno proceso de revisión, escribió a su amigo Spalatino en busca de ayuda para que le sugiriera correcciones y palabras idóneas en alemán que correspondieran a los vocablos griegos.

Sus afanes y deseo por ver completada la obra y, sobre todo, que pudiese circular ampliamente fueron recompensados después de ser impresa durante cinco meses en el taller de Melchior Lotter el Joven, en Wittenberg, Das Neue Testament Deutzsch se publicó en la editorial de Lucas Cranach y Chistian Döring para la Feria de Otoño de Leipzig (29 de septiembre a 6 de octubre de 1522), en tamaño folio y con un tiraje sin precedente en el mundo editorial de aquel tiempo: 3 mil ejemplares, anota Stephan Füssel, experto en las traducciones bíblicas de Lutero.

La primera edición fue conocida por el nombre del mes en que salió publicada, septiembre. Su costo equivalía al salario de dos meses de un maestro de escuela o el precio de un ternero, comenta Füssel. Circuló sin que se identificara al traductor, impresor o fecha de publicación (datos que se conocerían después) porque al herejeLutero le estaba prohibida cualquier publicación. A la primera edición le siguió la de diciembre, que incorporaba centenares de correcciones en vocablos y sintaxis. El auge en la demanda de la obra hizo que al año siguiente impresores de Augsburgo, Basilea, Grimma y Leipzig produjeran en conjunto 12 reimpresiones del Nuevo Testamento de Lutero, sin que necesariamente él hubiese autorizado el trabajo. Por otra parte, en 1523-1524 circularon 14 ediciones autorizadas y 66 reimpresiones.

En la gesta dada por Lutero para que la Biblia fuese leída por el pueblo alemán en su propio idioma, uno de los resultados fue democratizar el conocimiento mediante la lectura de quienes sabían hacerlo, estimular a hombres y mujeres analfabetos para que dejaran esa condición, fortalecer los centros escolares a través de instruir a la infancia para que aprendiera a leer.

La trascendencia cultural e histórica de la traducción de Lutero le da un cariz particular a la nación germana. Le sirve para fortalecer su identidad, anteponer su idioma al dominante latín priorizado por la Iglesia católica. El Nuevo Testamento, y después la Biblia, de Lutero representa la democratización del conocimiento religioso, que desde este terreno se extiende a otros ámbitos, como el político. Las traducciones bíblicas de Lutero sirvieron de acicate para que otros lo emularan y emprendieran la misma tarea en distintos idiomas europeos, entre ellos el español.

Texto retomado de La Jornada.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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