La Biblia dice en Levítico 23: 24

“Di a los israelitas lo siguiente: El día primero del mes séptimo celebrarán ustedes un día de reposo y una reunión santa conmemorativa con toque de trompetas.”

La fiesta de las trompetas también es conocida como el año nuevo judío (Rosh Hashaná) fue establecida por Dios entre los hebreos como una de sus celebraciones solemnes junto con la pascua, pentecostés, día de la expiación, tabernáculos y el propio día de descanso o shabat para señalar con claridad que quería que tuvieran presente. 

Cada una de esas actividades eran pedagógicas, es decir, tenían una enseñanza para el pueblo hebreo a fin de recordar lo que Dios había hecho por ellos en medio del desierto o su poder que desplegó para sacarlos de la esclavitud de Egipto donde estuvieron cautivos más de cuatrocientos años. 

En el caso de la fiesta de las trompeta o Rosh Hashaná quería Dios que los judíos tuvieran presente que la vida de los seres humanos se va conformando por ciclos o periodos de tiempos por eso debía tener presente cuando terminaba un año y comenzaba otro para agradecer con alegría el acompañamiento de Dios en sus vidas. 

Sí, era una celebración, pero también implicaba un profundo análisis de sus vidas. Era un día en el que se necesitaba meditar intensamente sobre cada una de sus vidas haciendo una revisión exhaustiva de su quehacer para enmendar yerros, corregir equivocaciones y cambiar actitudes dañinas. 

Es interesante que para esa celebración fuera necesario tocar las trompetas que en Israel tenían dos usos: convocar al pueblo o preparar a la nación para una guerra. Eso nos habla de lo atentos que debían estar. Las trompetas servía como instrumento para despertar la conciencia colectiva. 

La fiesta de las trompetas le recordaba a los hebreos y a nosotros también que debemos tener presente siempre que somos lo que somos y tenemos lo que tenemos gracias a Dios, que sin él nada es posible porque la vida es un don de él que hace posible todo lo demás, sin vida nada somos y nada tenemos. 

Recordar esta verdad nos llevará a la gratitud y la alegría, dos elementos sumamente importantes para vivir en este mundo donde mucho piensan que lo que poseen se lo deben a su capacidad o a su talento. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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