La Biblia dice en Mateo 5: 20

“Porque les digo a ustedes que, si no superan a los maestros de la ley y a los fariseos en hacer lo que es justo ante Dios, nunca entrarán en el reino de los cielos.”

El ámbito religioso de los hebreos de los tiempos de Jesús estaba dominado por los fariseos y los maestros de la ley. Ellos establecían la espiritualidad, marcaban la tendencia de la fe con sus interpretaciones sesgadas de la ley hebrea y muchos daban por sentado que su práctica era la que Dios demandaba. 

Los fariseos, escribas, intérpretes de la ley diseñaron un sistema en el que lo relevante o importante no era lo que decía literalmente la Escritura hebrea, sino sus interpretaciones, como aquella que establecía que si un hijo le decía a sus padres que solo tenía dinero para el templo quedaba exonerado de ayudarlos. Corban, le llamaron. 

Y así en muchas otras enseñanzas que establecieron un criterio completamente diferente o en ocasiones aun en contra de lo que en realidad el Señor demandaba en su palabra, pero los religiosos de la época de Jesús lo presentaban como la interpretación correcta de la revelación divina. 

Además, los religiosos hacían alarde de sus obras. Les gustaba presumir que oraban, ayunaban e incluso hacían escándalo cuando ayudaban a una persona para mostrar que ellos sí se solidarizaban con el necesitado, aunque en realidad su intención era llamar la atención para que todos alabaran su bondad. 

Esa fue la razón por la que Jesús le dijo a sus seguidores que debían superar esta clase de piedad para entrar en el reino de los cielos. Los fariseos, escribas e intérpretes de la ley era una grave equivocación. Su molde no era el adecuado porque se centraba en ellos mismos y no el Creador. No era conveniente, entonces, copiar ese molde.

La piedad que Jesús quería que sus discípulos practicaran tenía como fundamente la sencillez y la humildad. Se trataba de un clase de fe que antepusiera un corazón sincero, honesto y puro ante el Señor y no la impostura, la hipocresía o la arrogancia por hacer lo que Dios ordenaba. 

De esa forma, quería que quedara claro que a Jesús se le sigue de corazón, haciendo las cosas en secreto para que Dios recompense en público y que la piedad que se presume es una actitud equivocada y quien lo hace vive engañándose a sí mismo. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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