La Biblia dice en Marcos 2: 22

“Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos, porque el vino nuevo hace que se revienten los cueros, y se pierden tanto el vino como los cueros. Por eso hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos.”

Jesús utilizó ejemplos muy sencillos, tomados de la cotidianidad y entendibles para todas las personas que lo oían a fin de pudieran comprender su revolucionaria enseñanza para transformar la vida de hombres y mujeres en un mundo con tantas, variadas y peligrosas apariencias capaces de engañar hasta al más avezado.

Acostumbrados a un formato vetusto para buscar y acercarse a Dios, los judíos de los tiempos de Jesús construyeron esa clase de liturgia netamente humana y quien se salía de ella era condenado inmediatamente como un transgresor y rebelde, porque no concebían otra manera de allegarse al Creador. 

Cuando Jesús aparece rompe todos los esquemas entonces conocidos. En primer lugar despoja a los maestros y rabinos de su posición de privilegio y sobre todo de su lejanía con las personas: él convive con pecadores y publicanos, incluso va a sus casas o a los lugares donde se reúnen. 

Su enseñanza, basada en la Torá hebrea, cobra singularidad porque la explica con ejemplos muy sencillos, parábolas les llama y educa espiritualmente a miles de hombres y mujeres a quienes los fariseos, maestros de la ley y escribas habían confundido con tantas y más rebuscadas interpretaciones de la ley mosaica. Nunca nadie ha enseñado así, decían. 

Lo de Jesús era algo sumamente nuevo, nunca antes hubo un maestro así. Nunca antes alguien tuvo su autoridad, luego entonces, estaban ante una novedad que exigía una actitud diferente o una actitud nueva. Jesús les quería decir que debían deshacerse de todo lo antiguo o viejo. En otras palabras que con él las actitudes de antes era inoperantes. 

Jesús vino a construir un modelo nuevo en cuanto a la relación con Dios y en consecuencia requería una forma de recibir ese mensaje distinto al que le habían enseñado. Quería que dejaran la pasividad y se volvieran más activos. Que entendieran que su mensaje, por ser nuevo, era completamente distinto y debían, en consecuencia, recibirlo. 

Se trata de tener presente que Jesús rechaza absolutamente acartonarlo, aprisionarlo en una religión fría e inoperante y desea vehemente que vivamos nuestra fe con grandes expectativas de lo que él va hacer en nuestras vidas. Él siempre tiene algo nuevo para nosotros, pero necesita odres nuevos. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario