La Biblia dice en Hebreos 10: 23

“Mantengámonos firmes, sin dudar, en la esperanza de la fe que profesamos, porque Dios cumplirá la promesa que nos ha hecho.”

Estas palabras fueron dirigidas a los creyentes hebreos que estaban muy desanimados, al ver que unos treinta años después de la muerte y resurrección de Cristo las cosas en Jerusalén no parecían tener un cambio como ellos esperaban: sentían que sus expectativas habían sido defraudadas. 

Y es que perseverar tiene desafíos, seguir a Jesús con ánimo y determinación enfrenta retos que los creyentes deben superar sin fluctuar basados en la esperanza de la fe que practicamos, teniendo presente siempre que Dios cumplirá todas las promesas que nos ha hecho, sin faltar una sola de ellas.

El autor de la carta a los Hebreos los llama y nos llama también a nosotros a mantenernos firmes, es decir, plantarnos sin cambiar en lo que creemos. Es sabido por todos que a nuestra vida vendrán circunstancias que tratarán  de desalentarnos, pero nunca debemos olvidar que todo es pasajero, frente a la eternidad de Dios. 

Y nos da una clave para resistir: no dudar en la esperanza de la fe que profesamos. La duda es mortífera para los creyentes porque los coloca en una posición desprotegida y fácilmente para convertirse en blanco del maligno, que ha usado por siglos la incredulidad para lograr sus fines destructivos. 

La historia del pueblo de Israel en el desierto es una prueba contundente que la falta de confianza en el Señor hace estragos en los hijos de Dios, porque de todos los que salieron de Egipto a la tierra prometida solo dos: Caleb y Josué entraron a tomar posesión de ella y todos los demás murieron por su falta de fe. 

Nosotros podemos aprender de ellos porque la promesa de que llegarían a la tierra que fluye leche y miel fue cumplida a cabalidad porque Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta. 

El llamado del escritor de la epístola a los Hebreos a la cristiandad de todos los tiempos es a resistir, a mantenernos firmes, a no dejarnos arrastrar por lo que dictan nuestros sentidos, sino hundirnos y sumergirnos en las promesas de Dios, que nunca dejan de cumplirse para beneficio de nosotros. 

Las presiones que tenemos en este mundo se resisten confiando en el delicado cuidado que Dios siempre nos profesa. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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