La Biblia dice en Éxodo 31: 3

“Y lo he llenado del espíritu de Dios, y de sabiduría, entendimiento, conocimientos y capacidad creativa.”

Dios le dio instrucciones precisas a Moisés para construir el tabernáculo en el desierto que serviría para que los hijos de Israel tuviera un lugar donde adorar al Señor y sobre todo una casa digna de su nombre, aún en un lugar con muchas carencias lleno de polvo y temperaturas extremas.

La recolección de oro, plata y bronce para tal fin sobrepasó las expectativas de Moisés porque el pueblo ofrendó generosamente a tal grado que tuvieron que pedirle que dejaran de hacerlo porque se había reunido la materia prima que se requería para edificar la tienda del encuentro como también le llamaron a la casa del Señor.

Pero ahora se necesitaba a quien trabajara en esa labor y esa actividad rebasana con creces a Moisés. Él no podría fabricar los utensilios y enseres que Dios ordenó. El arca del testimonio, el propiciatorio, el candelero, la mesa de los panes de la propiciación, el altar del holocausto, la fuente y su base, eran demasiado para el líder de Israel.

Y entonces Dios escogió a un hombre llamado Bezaleel de la tribu de Judá a quien llenó de su Espíritu, le dio también sabiduría, inteligencia, ciencia y en todo arte para esa labor que requería manos expertas para dar a los detalles de esas obras y convertirlas en obras de arte para el servicio del Señor.

Además, Bezaleel sería acompañado por Aholiab de la tribu de Dan que lo auxiliaría en esas delicadas tareas que llevarían a los judíos a contar con un espacio digno del nombre del Señor, aun en el desierto a fin de contar con un lugar donde adorar al Señor y tener comunión con su Creador.

De esa forma podemos notar que Dios dota, equipa y transfiere sus dones y capacidades a quienes han de emprender un servicio para su obra. Nadie sale a hacer un trabajo por Dios, sin que el Creador lo revista de su gracia y poder, aun cuando la obra sea meramente material o que no tenga relación directa con su palabra.

Bezaleel no iba a enseñar, ni predicar. No iba tampoco a ser un estudioso de la Torá, simplemente iba a diseñar los implementos del tabernáculo y Dios lo llenó de sabiduría para enseñarnos que todo lo que se hace por el Señor demanda su respaldo, requiere su inspiración y su cobertura.

La obra del Señor en cualquiera de sus modalidades se hace dotados de su capacidad para que logremos efectividad en lo que hacemos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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