La Biblia dice en Jeremías 31:29

“En aquel tiempo no volverá a decirse: “Los padres comen uvas agrias y a los hijos se les destemplan los dientes.”

Este refrán que cita tanto Jeremías como Ezequiel era muy común entre los hebreos de los siglos V y IV antes de Cristo que usaban para señalar que la consecuencia de conducta de los padres recaía directamente sobre los hijos convirtiendo a los vástagos en víctimas del estilo de vida de sus ascendientes y los colocaba sin responsabilidad alguna ante sus mismos actos.

Jeremías y Ezequiel decidieron corregir esta idea equivocada entre el pueblo judío porque pensar que mi vida está sujeta o determinada por lo que hicieron mis padres me exonera totalmente de mi propio estilo de vida y me presenta como un ser llevado o que vive no por lo que ha hecho, sino por lo que otros hicieron y eso me quita responsabilidad.

Bajo esa tesitura, haga lo que haga estoy condenado de antemano por lo que otros hicieron y eso responsabiliza a otros y me quita a mí cualquier clase de carga con lo que haga o deje de hacer. Además que razón tiene lo que decida, si de por sí pagaré una deuda que contrataron mis padres y no yo.

Los profetas corrigieron esa equivocada forma de pensamiento y establecieron con toda claridad que cada quien es responsable de lo que hace. Que si los padres tuvieron yerros pagaran o pagaron por ellos, pero si los hijos se conducían de diferente manera que sus padres serían recompensados por lo que ellos hicieron.

Esta forma de entender la existencia humana resulta muy útil para comprender que una vez que hemos conocido y entendido lo que nuestros padres hicieron, bien o mal, ellos disfrutaron de lo que hicieron o padecieron por lo mismo, pero cada persona se forja su destino por sí mismo.

Si bien la influencia de nuestros padres es muy grande debemos tener la suficiente fuerza de voluntad para no incurrir en sus mismos errores, si es que los cometieron, a fin de que no padezcamos lo mismo que ellos padecieron y sobre todo para no culparlos de nuestro estilo de vida.

De esa manera queda claro que cada persona dará cuenta de sus actos. Que lo que hicieron o dejaron de hacer sus padres lo pagaron ellos y que cada quien pagará por lo que haga o deje de hacer. Nadie asume los costos de las acciones de otros, sino que es únicamente responsable por lo que hace.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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