La Biblia dice en Mateo 28:11-15

Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. 12 Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados,13 diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. 14 Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. 15 Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.

Introdución

La resurrección de Cristo fue conocida en primer lugar por los soldados romanos que fueron designados para cuidar la tumba a petición de los principales sacerdotes y autorizados por el propio Pilato. La guardia encargada de esta responsabilidad eran profesionales en su labor. Ellos sabían que un descuido podría costarles la vida.

La disciplina militar entre el ejército romano era estricto. Nadie podía fallar. Un error era castigado severamente y mucho más un caso como el de Jesús de Nazaret que era en extremo delicado y por eso el encargo recayó sobre la propia guardia encargada de la seguridad del procurador romano. Nada podía fallar.

El espectacular poder de Dios manifestado a esa hora de la mañana del primer día de la semana provocó que los soldados perdieran el sentido. Así lo relata Mateo:

Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4 Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. (Mateo 28:2-4 Biblia Dios Habla Hoy).

Los bravíos militares romanos, bragados y experimentados en toda clase de combates en todo el mundo conocido de ese tiempo no resistieron el poder de Dios y cayeron desmayados ante el ángel que removió la piedra que tapaba la sepultara de Cristo y provocó un temblor.

Sin quererlo, sin proponérselo y sobre todo sin tener el menor interés en el destino de Cristo Jesús, ellos de pronto se encontraron en medio del milagro más poderoso de todos los que había hecho el Señor. Estaban ante la resurrección del Hijo de Dios que con ello testificaba y autenticaba que era quién dijo ser.

Los soldados romanos se convirtieron de ese modo en co-protagonistas de ese memorable día al igual que las mujeres, los apóstoles y los propios líderes religiosos de los judíos.

La tumba vacía los hizo reaccionar y se encaminaron hacia Jerusalén para contar lo que había ocurrido y justo allí comenzó uno de los grandes conflictos que siempre ha habido entre la verdad y la mentira. La verdad en su lucha permanente contra la falsedad. El constante conflicto entre la veracidad y el engaño.

La resurrección: La sencillez de la verdad y lo complicado de la mentira

A. La verdad de los hechos
B. El soborno para mentir
C. La mentira descubierta

La verdad es sencilla, en cambio la mentira es complicada. La verdad libera, la mentira esclaviza. En el caso de la resurrección, el relato que recoge solo Mateo, nos muestra que para negar la resurrección que ocurrió hace más de dos mil años, los principales sacerdotes tuvieron que recurrir al soborno para que los soldado mintieran.

A. La verdad de los hechos

A diferencia de las palabras, los hechos son incontrovertibles. Los hombres pueden mentir, pero es muy difícil negar o desmentir un hecho, acto o suceso. Y eso fue lo que sucedió a los militares romanos que resguardaban la tumba de Jesús aquella mañana de resurrección de nuestro Salvador.

Mateo, que es el único evangelista que relata este pasaje, nos dice que una vez que lograron despertar de su desmayo, unos cuantos soldados se encaminaron a Jerusalén para informar a los principales sacerdotes de lo sucedido en su guardia. Mateo hace un deliberado ejercicio de conexión entre ellos y las mujeres.

Ellos iban a contar a los enemigos de Jesús la resurrección, mientras que las mujeres iban a decírselo a sus seguidores. Evidentemente los resultados de ambos grupos fue diametralmente opuesto. Juan y Pedro en cuánto supieron lo que las mujeres les informaron corrieron, en cambio los líderes religiosos se apresuraron a negarlo, ocultarlo.

Los soldados le contaron a los sacerdotes que estaban haciendo la guardia. Que toda la noche transcurrió sin ningún contratiempo, pero que cuando casi amanecía un ser que no supieron identificar llegó hasta la tumba y removió la piedra y al hacerlo comenzó un temblor.

Lo que siguió después ya no pudieron contarlo porque para ese momento ellos habían caído sin sentido y para cuando despertaron el cuerpo de Cristo ya no estaba allí. A las únicas que vieron allí fueron a las mujeres encabezadas por María Magdalena, pero a nadie más y por eso venían a informarles.

Jesús había resucitado, pero ni ellos ni los sacerdotes principales lo podían aceptar porque entonces ellos habían fallado en su custodia y los líderes religiosos serían tomados por mentirosos porque habían privado de la vida al mismísimo Hijo de Dios y entonces tenían que hacer algo.

La verdad es sencilla, simple y fácil de expresar, pero para muchos resulta incómoda porque lo primero que hace es exhibir la mentira y muchos no están dispuestos a aparecer como mentirosos.

B. El soborno para mentir

Los versos doce al catorce dicen de la siguiente manera:

Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados,13 diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. 14 Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.

Una mentira siempre es costosa. Pensar que podremos sostener para siempre una mentira es ingenuo. Pero además a diferencia de la verdad, que es sencilla y no genera conflictos, la mentira ha de sostener mediante otras mentiras para finalmente caerse a pedazos frente a nosotros mismos y frente a otros.

Los ancianos decidieron rápidamente sobornar a los guardias que gustosos aceptaron la decisión de ellos porque además de evitar un castigo de parte de sus superiores obtenían un grande beneficio al percibir un soborno que ni esperaban ni muchos menos se imaginaban que obtendrían.

Aunque su mentira sería insostenible: Los discipulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos, dirían. Pero si estaban durmiendo, algo que ellos sabían que no debían hacer, ¿cómo es que supieron que fueron los discípulos? Una mentira lleva a otra y así interminablemente.

Nos queda claro que la resurrección de Cristo solo puede ser ocultada, rechazada, encubierta y negada a través de mentiras. Es más sencillo y simple creer que murió y resucitó. No se necesita más que fe. No se tienen que elaborar complicadas y complejas teorías para despreciarla.

C. La mentira descubierta

El versículo quince de nuestro estudio dice de la siguiente manera:

Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.

Mateo escribe su evangelio unos treinta años depués de la muerte y resurrección de Cristo y ya era una opinión generalizada entre los judíos que los soldados romanos encargados de custodiar el cuerpo de Jesús luego de su crucifixión habían recibido dinero al no poder explicar la desaparición de su cádaver.

Una mentira tiene fecha de caducidad no es para siempre. Se puede amontar dinero y más dinero para ocultar una verdad, pero irremediablemente la verdad saldrá a la luz siempre. La verdad prevalecerá y triunfará porque es divina, porque nace de Dios que es Verdad y Veraz.

Los ancianos que desembolsaron una gran cantidad de dinero para ocultar la resurrección de Cristo fracasaron en su intento por esconder algo que nunca podrá esconderse. Nuestra doctrina de la resurrección, columna y base de nuestra fe, ha resistido y resistirá siempre los equivocado y absurdos intentos de negarla.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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