La Biblia dice en Tito 1:9

“Debe apegarse al verdadero mensaje que se le enseñó, para que también pueda animar a otros con la sana enseñanza y convencer a los que contradicen.”

Los primeros ministros de la palabra de Dios de la iglesia primitiva eran instruidos de manera oral. No había evangelios, ni cartas pastorales y debían retener en su memoria y corazón las enseñanzas que oralmente recibían de parte de los apóstoles y ese era un gran desafío para quienes aceptaban el reto de ser llamados al ministerio de la palabra.

Pablo le escribe a su discípulo Tito para recordarle esta verdad que nos resulta muy útil para saber que nosotros tenemos una gran bendición al tener por escrito la revelación divina y que podemos consultarla una y otra vez para comprobar si lo que estamos enseñando o se nos está enseñando es correcto.

Y es que es esencial conocer la Biblia porque tiene, según el verso que hoy meditamos, dos grandes utilidades: la primera es que nos anima. La Escritura tiene ésta gran virtud: alentarnos, darnos fuerzas, motivarnos a seguir adelante en el camino de la verdad. Esa es esencialmente su función muy a pesar de lo que muchos piensan.

Para enseñar bien, los maestros del primer siglo debían retener o apegarse estrictamente a lo que habían escuchado y aprendido de quienes oyeron de manera directa la palabra de Dios porque de ello dependía grandemente una sana enseñanza que produce cristianos maduros y bien cimentados.

La segunda razón por la que se hacía indispensable este compromiso con la revelación divina radica en solo de esa forma se puede converse a los que contradicen o se oponen al magisterio de la iglesia, una realidad dolorosa en todos los tiempos cuando surgen herejes que se oponen a la verdad de la palabra de Dios.

Apegarse al verdadero mensaje era una de las grandes preocupaciones y ocupaciones del apóstol Pablo que fundó la mayoría de las iglesia del primer siglo y que capacitó a sus ministros con la idea de que tuviera cuido de reproducir de manera exacta lo que él mismo les había enseñado y que había recibido por revelación directa del Señor.

Les pedía abstenerse de fábulas, de genealogías interminables, de mandatos de la ley que ni siquiera entendían y que se concentraran en el sencillo mensaje de salvación que tenía como centro a Cristo. Y hoy en día esa exhortación es más que pertinente cuando se amontonan maestros conforme a sus vanos deseos que extravían de la fe verdadera.

Hoy tenemos la Biblia en tantas versiones posibles que apegarnos a la verdad es menos complicado que quienes nos antecedieron en la fe y debemos ir una y otra vez a la palabra de Dios para aprender y luego enseñar en un mundo que cada día se entretiene más y medita menos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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