La Biblia dice en Proverbios 10:24

“Lo que el impío teme, eso le vendrá; pero a los justos le será dado lo que desean.”

Los malvados contrario a lo que muchos piensan viven con grandes temores, miedos y sin sabores. Aunque frente a muchos aparezcan como seres bragados, valientes y violentos que hacen toda clase de iniquidades sin empacho, en realidad viven atrapados en grandes sufrimientos.

El proverbista dice que tienen fobias que tarde o temprano los alcanzarán y no puede ser de otra manera pues la ley de la vida es clara e inevitable: lo que un hombre siembra eso mismo cosecha. Y los villanos tienen la desdichada consiga del cielo de recibir lo que tanto miedo les da

Y es que la maldad nunca paga bien. En apariencia al malvado siempre le va bien. Pero eso es una apariencia. Por ejemplo el ladrón que roba y roba porque tiene miedo de la pobreza, generalmente termina empobrecido porque sus riquezas carecen de legitimidad y si bien disfruta de ellas, tarde o temprano se hacen nada.

Los impíos, dice Salomón, verán con sus ojos lo que tanto les aterroriza en ellos o en sus descendientes. El malvado tratará de huir de lo que le produce angustia, pero sin saberlo tal vez se este dirigiendo exactamente al lugar donde sus perversidades serán castigadas porque hemos de ser claro la maldad será castiga en este mundo y en el venidero.

En contraste los justos recibirán lo que desean. Los justos que a veces parecen sufrir más que los impíos tendrán la oportunidad de ver lo que tanto anhelan. Dios se reserva este poder para hacer que los temerosos de su nombre obtengan lo que tanto desean con sus corazones.

Los que aman a Dios tendrán aquello por lo que luchan, obtendrán las cosas que les apasiona porque generalmente son bienes que tiene como finalidad ayudar, bendecir o fortalecer a sus seres queridos, familiares y amigos que padecen alguna necesidad o carecen de algún bien.

Salomón quiere dejar bien en claro el contraste entre el impío y el malvado. Quiere hacer notar que los temores y deseos son distintos, pero a los malvados se les cumplirán sus miedos, mientras que a los justos les serán cumplidos su anhelos en un claro y contundente principio de retribución justiciera de parte del Señor.

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