La Biblia dice en Apocalipsis 10: 4

“Después que los siete truenos hablaron, iba yo a escribir; pero oí una voz del cielo, que me decía: Guarda en secreto lo que dijeron los siete truenos, y no lo escribas.”

El apóstol Juan no escribió en el Apocalipsis todo lo que vio. Dios le ordenó que las visiones de los siete truenos no las escribiera, de no ser así tendríamos los mensajes a las siete iglesias, los siete sellos, las siete copas de ira, las siete trompetas y los siete truenos, pero por alguna razón el Señor le pidió a Juan que no plasmara por escrito nada de lo que vio en esa parte de su visión.

Nunca sabremos que vio Juan en esa parte de la revelación que Dios le mostró sobre las cosas que fueron, las que son y las que serían. Lo que si nos queda completamente claro es que Dios se reserva siempre el derecho de revelarnos lo que necesitamos y requerimos y sobre todo lo que él desea. 

La palabra de Dios nunca nació por motivaciones personales de sus escritores. Ellos respondieron a lo que el Creador les pedía que escribieran. Lo que nos lleva a confiar totalmente en ella porque eso quiere decir que la inspiración nació del Espíritu Santo y no de la facilidad para escribir o sus capacidades personales.

El verso que hoy meditamos nos ayuda a entender plenamente que lo que nos revelo Dios es suficiente para nuestra vida piadosa por lo que debemos desconfiar totalmente de todos aquellos que se levantan y proclaman una nueva revelación o una nueva verdad que antes no se conocía o que nadie había descubierto jamás. 

Dios no trabaja así. El reveló lo que tenía que conocer su pueblo y lo que a su juicio no debía conocer sencillamente no lo reveló y eso no minimiza lo que sí Dio a conocer porque los sesenta y seis libros que conforman la Biblia contienen justamente lo que necesitamos saber para ser salvos. 

Juan dice que Dios no le permitió escribir lo que los siete truenos traían como juicio a esta humanidad. Dios canceló la posibilidad de saber lo que esos truenos traerían y con ello nos muestra que el juicio de Dios sobre la tierra será más complejo de lo que entendemos porque a los siete sellos, trompetas y copas de ira, aun falta los siete truenos. 

El juicio de Dios sobre está humanidad está muy lejos de ser entendido. Si Juan, por instrucciones de Dios, redujo la revelación divina sobre el castigo que padecerán hombres y mujeres incrédulos, habrá que temer y compadecernos de todos aquellos que desprecian la gracia del Señor y se obstinan en la maldad: su castigo será inimaginable. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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