La Biblia dice en el Salmo 108:

Mi corazón está dispuesto, oh Dios; cantaré y entonaré salmos; esta es mi gloria. 2 Despiértate, salterio y arpa; despertaré al alba. 3 Te alabaré, oh Jehová, entre los pueblos; a ti cantaré salmos entre las naciones. 4 Porque más grande que los cielos es tu misericordia, y hasta los cielos tu verdad. 5 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, y sobre toda la tierra sea enaltecida tu gloria. 6 Para que sean librados tus amados, salva con tu diestra y respóndeme. 7 Dios ha dicho en su santuario: yo me alegraré; repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot. 8 Mío es Galaad, mío es Manasés, y Efraín es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi legislador. 9 Moab, la vasija para lavarme; sobre Edom echaré mi calzado; me regocijaré sobre Filistea. 10 ¿Quién me guiará a la ciudad fortificada? ¿Quién me guiará hasta Edom?n11 ¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado, y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos? 12 Danos socorro contra el adversario, porque vana es la ayuda del hombre. 13 En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos.

Introducción

Este es un salmo escrito por el rey David. Este canto es la síntesis de los salmos 57: 7-11 y 60: 5-12. Estos dos salmos fueron compuestos en ocasiones distintas. El primero fue compuesto cuando David huyó de Saúl y se refugió en una cueva y el segundo cuando tuvo guerra contra Aram-Naharaim y contra Aram de Soba.

El salmo ciento ocho no señala el momento en que fue compuesto solo nos dice que lo escribió David. Su estructura nos lleva a pensar en un momento en el que la tentación de confiar en los hombres era grande y olvidar que al final de cuentas la victoria en las batallas las da el Señor.

Para los hebreos este tehillim es una composición mesiánica, es decir, está diseñado para cantar la esperanza del establecimiento del reino del Mesías cuando el triunfo del pueblo de Dios será aplastante y todos los adversarios caerán rendidos ante la fuerza y el poder del Hijo de David.

La pieza que hoy meditamos nos sirve para recordar que por encima de los grandes conflictos, adversidades y problemas siempre debemos de confiar en Dios, nunca debemos esperar que el hombre pueda hacer algo por nosotros porque en realidad es extremadamente limitada su fuerza.

Hay tres puntos sobre salientes en este salmo. El primero que es la vocación del salmista de alabar a Dios. Hay un compromiso permanente y constante de parte de David de adorar a Dios con toda disposición en medio de los pueblos reconociendo siempre su infinita misericordia.

El segundo es para pedir su victoria argumentando que el pueblo de Israel es su predilecto, su favorito o su amado. La singularidad de los integrantes de Israel reside no en ellos mismos, sino esencialmente en que son el pueblo elegido de Dios y por eso David le pide a Dios que le dé la victoria.

Y en tercer lugar su victoria formidable sobre Moab, Edom y Filistea, tres de los grandes enemigos de Israel que desde esa época y aún hoy en día le hacen la guerra, pero nunca los vencerán porque Dios está con ellos y por eso reconoce que la ayuda del hombre en esta batalla es vana.

Salmo 108: Señor, nuestra confianza descansa en ti y no en los hombres.
A. Por eso te alabo celebrando tu misericordia y verdad
B. Porque tú nos das la victoria
C. Porque solo así haremos proezas

El profeta Jeremías afirma categórico: “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.” Jeremías 17: 5. De esa manera le recordaba al pueblo de Israel lo insoportable que resultaba para el Señor cuando su pueblo en lugar de confiar en Él, se refugiaba o confiaba en el auxilio humano.

Esta verdad el vidente de Dios la recalcó cuando escribió: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” Jeremías 2:13. Para que todos comprendiéramos la magnitud de dejar a Dios y confiar en nosotros mismos o en otros hombres semejantes a nosotros.

El salmo tiene, entonces, la pretensión de hacernos recapacitar sobre lo superfluo y vano que resulta de colocar al hombre como el depositario de nuestra confianza y reafirmar la certeza de que nosotros confiamos en Dios.

A. Por eso te alabo celebrando tu misericordia y verdad

Del verso uno al verso cuatro nuestro salmo dice así:

Mi corazón está dispuesto, oh Dios; cantaré y entonaré salmos; esta es mi gloria. 2 Despiértate, salterio y arpa; despertaré al alba. 3 Te alabaré, oh Jehová, entre los pueblos; a ti cantaré salmos entre las naciones. 4 Porque más grande que los cielos es tu misericordia, y hasta los cielos tu verdad.

David era un músico consagrado a adorar a Dios. Comienza su salmo recordando o presentándose ante el Señor con la disposición que se necesita y se requiere para bendecir al Señor. Ninguna actividad requiere mayor disposición, entrega y dedicación que adorar al Creador porque es un gran privilegio.

El rey de Israel siempre encontraba un motivo para ensalzar al Señor. En este salmo nos recuerda que cantará, entonará salmos con salterio y arpa y lo hará muy de mañana porque será el encargado de despertar al alba, por dos razones muy importante para él: la misericordia y la verdad de Dios.

La misericordia del Señor la compara con el tamaño del cielo y la verdad con la distancia entre la tierra y el cielo. El amor de Dios es incomensurable o sin fin. David lo ha experimentado en su vida y eso es lo que le dice a Dios en este salmo. La vida en este mundo tiene razón cuando disfrutamos de la bondad de Dios.

Pero David también le canta a la verdad de Dios. Está plenamente convencido de la veracidad del Señor lo que le ayuda grandemente a no creer las mentiras que pululan en este mundo, sino más bien a confiar en la palabra del Señor que es cien por ciento infalible porque nunca miente.

B. Porque tú nos das la victoria

Desde su ingreso a la tierra prometida los judíos tuvieron que pelear por su tierra. El libro de Josué nos narra sus grandes victorias, pero también sus estrepitosas derrotas. Ganaban siempre cuando confiaban en el Señor y perdían cuando desoían a Dios y se lanzaban en sus propias fuerzas.

Los versos cinco y seis del salmo dicen de la siguiente manera:

Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, y sobre toda la tierra sea enaltecida tu gloria. 6 Para que sean librados tus amados, salva con tu diestra y respóndeme.

En 2º de Crónicas 20:15 encontramos esta verdad:

Y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.

Ellos tenían que salir a pelear, pero la victoria se las daría el Señor, sin importar la clase de enemigos que enfrentarían, tampoco si iban con todas las armas suficientes, no dependía de su fuerzo o su poder, sino más bien del hecho de que Dios estaría de su lado porque de lo contrario aunque tuvieran más soldados y más armamento, si Dios no iba con ellos, perderían.

No debían confiar en ellos mismos ni en otros porque la victoria procedía del Señor.

C. Porque solo así haremos proezas

Del verso siete al verso trece encontramos las siguientes verdades en nuestro salmo:

7 Dios ha dicho en su santuario: yo me alegraré; repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot. 8 Mío es Galaad, mío es Manasés, y Efraín es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi legislador. 9 Moab, la vasija para lavarme; sobre Edom echaré mi calzado; me regocijaré sobre Filistea. 10 ¿Quién me guiará a la ciudad fortificada? ¿Quién me guiará hasta Edom?n11 ¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado, y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos? 12 Danos socorro contra el adversario, porque vana es la ayuda del hombre. 13 En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos.

En estos versos hay mencionados nueve lugares geográficos: 1. Siquem. 2. Sucot. 3. Galaad. 4. Manasés. 5. Efraín. 6. Juda. 7. Moab. 8. Edom y 9. Filistea. Los primeros seis son tratados con palabras de ánimo y regocijo, en tanto que los últimos tres son tratados con desprecio y violencia.

La razón es que habla de Israel y sus enemigos. Dios ama a su pueblo y aborrece a los enemigos de su pueblo. La razón es sencilla: los pueblos alrededor de Israel desean exterminar a los hebreos y por eso el salmista reconoce la necesidad de que Dios salga con el ejército de Israel porque la victoria procede de él.

David reconoce que ante sus enemigos la ayuda del hombre es vana, inútil, sin fuerza y sin sentido y que solo con el auxilio divino se pueden hacer proezas y pisotear a sus adversarios que mantienen permanentemente su beligerancia ante su pueblo.

Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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