La Biblia dice en el Salmo 114:

Cuando salió Israel de Egipto, la casa de Jacob del pueblo extranjero, 2 Judá vino a ser su santuario, e Israel su señorío. 3 El mar lo vio, y huyó; el Jordán se volvió atrás. 4 Los montes saltaron como carneros, los collados como corderitos. 5 ¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás? 6 Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros, y vosotros, collados, como corderitos? 7 A la presencia de Jehová tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob, 8 El cual cambió la peña en estanque de aguas, y en fuente de aguas la roca.

Introducción

El salmo ciento catorce es un salmo de cuatro estrofas, claramente definidas, que se usa para la celebración de pascua entre los judíos. Celebra o recuerda el portentoso milagro operado por Dios para liberar al pueblo de Israel tras cuatrocientos años de una nación que los esclavizó severamente.

Muchos lo vinculan al salmo ciento trece, pero aunque su temática es muy parecida en realidad contiene efectos literarios más marcados para presentar la libertad del pueblo de Israel como un hecho más allá de la capacidad humana e instalarlo como una de las grandes manifestaciones del poder del Señor.

Es un canto que relata la historia del pueblo escogido de Dios en el punto más álgido o en la situación más apremiante porque los egipcios eran justamente lo diametralmente opuesto a lo que Dios deseaba para sus hijos ya que eran idólatras en extremo con deidades de todo tipo de los cuales su sacerdote era faraón.

El salmo resalta la salida de Jacob de esa nación señalando la expresión pueblo extranjero, que algunas versiones traducen como pueblo de lengua extraña y recurre a figuras retóricas para expresar que nada se puede resistir ante Dios, que nadie puede hacer frente a la presencia de Dios. Su fuerza es demoledora.

Este salmo es un recordatorio o memorial de la fuerza de Dios, de su poder incomparable y su poder transformador desatado con toda capacidad para arrebatar de la mano de los egipcios a los indefensos, débiles y temerosos hebreos que por sí mismos no podían hacer absolutamente nada.

Salmo 114: Señor, quiero ver siempre tu rostro
A. Porque solo así tengo libertad
B. Porque solo así te puedo servir
C. Porque nada te puede resistir
D. Porque todo lo transforma

El título de este salmo lo he tomado de la palabra presencia que se usa dos veces en el verso siete: 7 A la presencia de Jehová tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob. La palabra presencia al referirse a Dios tiene un vocablo que es Shekina, pero en el caso del este versículo no se usa esa palabra, sino la expresión: Milifné, que literalmente quiere decir rostro o semblante.

El salmista está hablando de la cara del Señor, evidentemente en un antropomorfismo porque en realidad Dios es espíritu y no tiene ni cara, ni manos, ni brazos ni pies, pero todos ellos se utilizan para hacer mas asequible la naturaleza y los atributos de Dios para nuestra limitada mente.

Esa palabra se usa en dos ocasiones en relato de Caín y Abel, según leemos en Génesis 4: 5-6 que dice así: “Pero no miró así a Caín ni a su ofrenda, por lo que Caín se enojó muchísimo y puso muy mala cara. Entonces el Señor le dijo: ¿Por qué te enojas y pones tan mala cara?”. La versión Reina Valera utiliza la expresión semblante, en lugar de cara.

Para muchos no hay ninguna clase de conflicto entre estas dos palabras: rostro y presencia y claro que no lo hay porque ambas se relacionan entre sí. El rostro del Señor significa su presencia en medio de su pueblo. De hecho en Génesis 3: 8 la palabra se traduce como presencia en la Reina Valera 1960 y en algunas otras como vista.

Me quedó con el concepto de rostro porque engloba expresiones retóricas como los ojos del Señor, el aliento del Señor, la mirada del Señor, los oídos del Señor que surgen justamente del rostro del Señor donde están sus ojos, sus labios, sus oídos y de una manera más amplia sus pensamientos.

Y también porque en el salmo encontramos interrogantes que se explican si pensamos en el rostro del Señor: 3 El mar lo vio, y huyó; el Jordán se volvió atrás. 4 Los montes saltaron como carneros, los collados como corderitos. 5 ¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás?

Además así es más comprensible pasajes como el de 2ª Crónicas 7: 14 que contine la frase “si buscaren mi rostro” y sobre todo la bendición sacerdotal que dice: Que el Señor alce su rostro sobre ti. Anhelamos siempre, entonces que el rostro del Señor nos acompañe porque eso nos garantiza derrotar a nuestros adversarios.

A. Porque solo así tengo libertad

El primer verso del salmo dice así: Cuando salió Israel de Egipto, la casa de Jacob del pueblo extranjero. El rostro del Señor hizo posible la libertad del pueblo judío de una nación pagana que los sometió y de los cuales nunca dejó que se asimilaran aun cuando Moisés creció y vivió en la corte de ese rey pagano.

Para el pueblo judío la estancia y permanencia en tierras egipcias y su liberación es columna de su historia porque fueron levantados de ese lugar con gran poder y gloria y los egipcios conocieron el rostro airado de Dios que se presentó ante ellos con las diez plagas que se burlaron de quienes consideraban poderosos dioses.

El rostro de Dios se iluminó para buscar a sus hijos. Algo muy parecido que nos relata el libro de Génesis cuando el Señor buscó a Adán luego del pecado que cometió junto con Eva y leemos:

Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Génesis 3: 8.

Aquí la palabra presencia es justamente la palabra hebrea milifné que se traduce como rostro, cara o faz. Lo que quiere decir que el hombre se escondió del rostro del Señor porque había pecado y quedó atrapado en sus deseos. Nos queda claro que el rostro del Señor nos da libertad cuando le respondemos o lo buscamos.

B. Porque solo así te puedo servir

El verso dos de nuestro salmo dice de la siguiente manera:

Judá vino a ser su santuario, e Israel su señorío.

Dios eligió a la tribu de Judá para instalar allí su santuario, pero también escogió a todo Israel para establecer su reino a partir de ese pueblo. El rostro de Dios lo podemos conocer por medio del pueblo de Israel. Su historia es la historia de la redención humana. Son los judíos una parábola para nosotros.

Exiliados en varias ocasiones de su tierra, hoy en día habitan en ese lugar prometido a Abraham y si bien no cuentan con el santuario que construyó Salomón habitan en el monte de Sion a la espera del Mesías que vendrá a instalar su gobierno mundial teniendo como referente o punto de partida Jerusalén.

Su estancia en su patria les recuerda a los hebreos, luego de veinte siglos fuera de ella, que Dios es fiel y a nosotros como iglesia nos recuerda y subraya que Dios es siempre fiel y que sus promesas las cumple aun cuando parezca imposible que las circunstancias cambien o las adversidades parezcan insuperables.

C. Porque nada te puede resistir

Del verso tres al verso seis, el salmista nos regala figuras retóricas de la poesía hebrea para resaltar la idea que ha desarrollado en este canto.

3 El mar lo vio, y huyó; el Jordán se volvió atrás. 4 Los montes saltaron como carneros, los collados como corderitos. 5 ¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás? 6 Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros, y vosotros, collados, como corderitos?

La personificación del mar Rojo, el río Jordán, así como los montes y collados es un recurso literario para mostrarnos el dominio de Dios sobre todo, es decirnos como se comportó la naturaleza ante Dios cuando sacó a Israel de Egipto. Dicho de otra manera que hicieron todos ellos cuando vieron el rostro de Dios.

El salmista nos planta en los dos evento históricos que fueron un hito para Moisés y Josué. El mar Rojo se dividió o se partió y las aguas del río Jordán se detuvieron para que el pueblo de Israel pasará, en dos hechos portentosos, excelsos e irrepetibles para que ellos pudieran ver el poder de Dios.

D. Porque todo lo transforma

Los últimos dos versos del salmo dicen de la siguiente manera:

A la presencia de Jehová tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob, 8 el cual cambió la peña en estanque de aguas, y en fuente de aguas la roca.

El rostro del Señor tiene el poder de transformar un desierto en un manantial y puede hacer que una roca produzca agua. El salmo ciento catorce que celebra la salida de Israel de Egipto subraya esa capacidad divina porque por cuarenta años fueron sustentados en un lugar muy caluroso en el día y muy frío en la noche.

Dios tiene ese poder con solo mostrar su rostro. Dios es excepcionalmente grande para obrar de esa forma porque nada es imposible para él, porque él domina la naturaleza y porque rige las leyes que gobiernan este mundo y cuando así le place las hace un lado para que su voluntad se haga.

El rostro del Señor no tiene límites y por eso el salmista nos recuerda que podemos orar para pedirle a Dios que su faz ilumine siempre nuestra vida.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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