Dice la Biblia en el salmo 115:

No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad. 2 ¿Por qué han de decir las gentes: dónde está ahora su Dios? 3 Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho. 4 Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. 5 Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; 6 Orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; 7 manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. 8 Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. 9 Oh Israel, confía en Jehová; Él es tu ayuda y tu escudo. 10 Casa de Aarón, confiad en Jehová; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo. 11 Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo. 12 Jehová se acordó de nosotros; nos bendecirá; bendecirá a la casa de Israel; bendecirá a la casa de Aarón. 13 Bendecirá a los que temen a Jehová, a pequeños y a grandes. 14 Aumentará Jehová bendición sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos. 15 Benditos vosotros de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. 16 Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres. 17 No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio; 18 Pero nosotros bendeciremos a JAH desde ahora y para siempre. Aleluya.

Introducción

El salmo ciento quince, incluido en la sección Hallel o Aleluya, como le llaman a los salmos ciento trece al ciento dieciocho, es un canto que se eleva a Dios para reconocer la gran diferencia entre el Creador del cielo y de la tierra con los dioses de los pueblos paganos sustentados estrictamente en su apariencia, pero en realidad sin poder hacer nada.

Los hebreos quedaron impactados por la religiosidad del pueblo egipcio. Tenían tantos dioses como necesidades. De hecho las diez plagas que fueron enviadas por Dios a esa nación tenían como objetivo central hacerles ver a los egipcios que sus ídolos nada podían hacer a su favor.

De hecho la última plaga fue dirigida a Faraón, personaje central en la adoración pagana de Egipto ya que se consideraba el intermedio entre los dioses y el pueblo, pero no pudo evitar la muerte de su primógenito. El hombre como dios fue derrotado estrepitosamente.
Si bien el salmo es un llamado a no robarle la gloria a Dios y también a depositar toda su confianza en él, es bien cierto que la parte medular o central de la pieza poética está dedicada a subrayar la inoperancia de los ídolos inertes que adoraban y veneraban ya no solo los egipcios sino todas aquellas naciones con las que convivió Israel.

El salmo nos lleva reflexionar sobre la gran diferencia entre todos los dioses romanos, griegos, asirios, caldeos, babilonios, celtas ante el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. No hay punto de comparación. El Dios de Israel es un Dios vivo, actuante, pendiente de lo que acontece no solo a su pueblo, sino al mundo entero.

Mientras que los dioses, ídolos e imágenes de criaturas, reptiles, aves, cuadrúpedos e incluso de hombres, no pueden hacer absolutamente nada por ellos mismos, como lo relatan los rabinos hebreos cuando explican cómo Abraham luchó contra la idolatría de su padre.

En cierta ocasión, cuentan los hebreos, Abraham entró en la casa de su padre y destruyó todos sus ídolos y cuando su padre llegó los encontró tirados por toda la casa. Entonces le preguntó a su hijo por qué había hecho eso. Abraham le contestó que fue uno de los ídolos quien había destruido a todos los demás. Eso no puede ser, le dijo su papá.

Ellos no se pueden mover, agregó. Entonces, cómo puedes confiar en ellos, le contestó Abraham. Si ellos no pueden hacer nada por sí mismos, menos podrán hacer algo por ti, le dijo.

Salmo 115: Señor, tú eres un Dios vivo

A. Al que no podemos robarle la gloria
B. Al que no podemos negar
C. Al que no podemos comparar con nada
D. Al que no le podemos negar nuestra confianza

La mayoría de los comentaristas de los salmos señalan que este canto se entonó muy probablemente durante la dedicación del segundo templo que reconstruyeron Nehemías, Esdras y Zorobabel, luego de los setenta años de exilio babilónico. La razón de esta afirmación radica en su parecido con el salmo 135 que por cierto contiene la palabra aleluya.

Y ese salmo lo fechan justamente por esa época, algunos incluso lo sitúan en la época del propio Malaquías, luego de la terrible invasión griega a Jerusalén, sin embargo, el salmo bien se puede situar en cualquier tiempo debido a que la historia de Israel ha estado ligada desde siempre a la lucha por su devoción al monoteísmo en un mundo politeísta.

Ese es el gran conflicto que se materializa a la hora de definir a Dios como el único y verdadero frente a los dioses de los pueblos que se les llama ídolos. Es el conflicto por adorar a un Dios vivo y no inerte o incapaz de hacer nada por sí mismo.

A. Al que no podemos robarle la gloria

El verso uno de nuestro salmo dice:

No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad.

El Dios de Israel es inmensamente poderoso. Ni los mismos cielos lo pueden contener. El universo entero se somente a sus preceptos y ordenes. Tiene un ejército de millones de ángeles que cumplen su voluntad y cuando decide llevar a cabo un plan o propósito nadie lo puede hacer desistir.

Su nombre lo defiende, su honor jamás puede ser pisoteado porque lo cuida y lo protege ante quienes quieren burlarse de su sagrado y venerado nombre que es glorioso, poderoso, majetuoso y el peor error que se puede cometer es querer “robarle” o “arrebatarle” su gloria, que no comparte con nadie.

Por eso el salmo arranca con una petición en la que se le suplica la renuncia a ese atrevimiento de pensar que el hombre puede tener una gloria similar a la suya. La repetición de la misma petición en dos ocasiones, nos muestra la gravedad de la falta que se comete si se toma lo que solo le pertence a él, y por eso se le ruega que solo a él sea la gloria.

La versión hebrea traduce este verso así: “No por nosotros, Eterno, no por nosotros, mas por tu nombre concede la gloria; por tu bondad y por tu verdad.” Si Dios ha de manifestarse deberá ser para que su nombre sea glorificado basado exclusivamente en dos atributos suyos: su bondad y su verdad.

B. Al que no podemos negar.

El verso dos de nuestro salmo lanza una punzante pregunta que siempre surge cuando decimos que Dios es un Dios vivo y en situaciones adversas o cuando más lo requerimos parece ausente:

¿Por qué han de decir las gentes: dónde está ahora su Dios? 3 Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho.

Dios no deja de estar presente en nuestas calamidades, no deja de velar por nosotros cuando los problemas apremian. Tampoco se retira de nuestras vidas cuando los males se multiplican y nos aqueja toda clase de contrariedades. Nada de eso. Y aunque en esos momentos se nos cuestione jamás debemos dejar de confensar que él vive.

La declaración del salmista es en verdad profunda porque señala que Dios no deja de obrar, que está en los cielos y que ha actuado, actúa y actuará siempre bajo su soberana voluntad, aunque al hacerlo así parezca perjudicarnos y digo parezca porque Dios siempre sabe lo que hace y por qué lo hace.

C. Al que no podemos comparar con nada

Del verso cuatro al verso ocho encontramos planteada una verdad sumamente severa e incómoda para muchas personas que adoran ídolos, imágenes y objetos pensando que en ellas reside la divinidad.

Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. 5 Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven;6 orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; 7 manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. 8 Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos.

La idolatría pagana es exhibida en este salmo de manera franca y abierta. Es explícita y no requiere de mayor razonamiento para saber la incapacidad de estatuas e imágenes frente al Dios vivo y verdadero de Israel. Los hebreos conocieron los dioses paganos de dos de las culturas idolatricas más politeístas: Egipto y Babilonia, por citar las más peculiares.

Pero esos dioses son y serán dioses mudos, ciegos, cojos e incapaces de hacer algo ya no por los demás sino por ellos mismos. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob al contrario es vivo y actuante, dirige la historia de la humanidad y la conduce para llegar a la redención final donde juzgará a los vivos y a los muertos.

El verso ocho que dice: Semejante a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos, nos ofrece en perspectiva dos cosas: los ídolos son fabricados, son hechos por hombres y confiar en ellos es completamente absurdo.

Pero hoy aunque tal vez la idolatría antigua haya decaído un poco, los nuevos dioses o los dioses modernos pululan y tienen nuevos adeptos o seguidores teniendo como objeto de veneración al hombre mismo. El hombre es el nuevo dios al que hay que sucumbir, so pena de sufrir ataques como antaño. El dinero, la fama, el poder adornan al nuevo ídolo.

D. Al que le entregamos toda nuestra confianza

Los últimos versos del salmo nos llevan a lo que se debe hacer ante el Dios vivo que servimos:

Oh Israel, confía en Jehová; Él es tu ayuda y tu escudo. 10 Casa de Aarón, confiad en Jehová; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo. 11 Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo. 12 Jehová se acordó de nosotros; nos bendecirá; bendecirá a la casa de Israel; bendecirá a la casa de Aarón. 13 Bendecirá a los que temen a Jehová, a pequeños y a grandes. 14 Aumentará Jehová bendición sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos. 15 Benditos vosotros de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. 16 Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres. 17 No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio; 18 Pero nosotros bendeciremos a JAH desde ahora y para siempre. Aleluya.

El salmo termina con un llamado a la casa de Israel, a la casa de Aarón y a los que temen al Señor a depositar su confianza en él y da dos razones para ello: la primera es que es ayuda y la segunda es que su escudo. Dos palabras que revelan mucho de la historia de Israel y que no por nada se utilizan en las oraciones que se hacen en la fiesta judía de pascua.

La ayuda se le da alguien necesitado. Israel siempre ha necesitado de Dios y el escudo es para aquellos que son atacados. El pueblo judío ha sido sistemáticamente perseguido y si Dios no fuera su escudo, hace mucho tiempo hubieran desaparecido de la faz de la tierra, pero allí siguen.

Esa es la razón por la que la nación hebrea sigue en pie y bendecida. No ha sido destruida y al contrario siempre ha tenido una participación protagónica en la historia universal, ya sea como nación o por los connotados hebreos que han arrojado luz a las ciencias siempre y por eso porque no están muertos, bendecirán a Dios siempre.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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