Tau

Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová; dame entendimiento conforme a tu palabra. 170 Llegue mi oración delante de ti; líbrame conforme a tu dicho. 171 Mis labios rebosarán alabanza cuando me enseñes tus estatutos. 172 Hablará mi lengua tus dichos, porque todos tus mandamientos son justicia. 173 Esté tu mano pronta para socorrerme, porque tus mandamientos he escogido. 174 He deseado tu salvación, oh Jehová, y tu ley es mi delicia. 175 Viva mi alma y te alabe, y tus juicios me ayuden. 176 Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos.

Introducción

La última letra del abecedario hebreo es tau o tav. Númericamente representa el número cuatrocientos y con ella el autor del salmo concluye uno de los poemas más dulces, artesanalmente construido ya que es una obra perfecta porque son ocho líneas con las veintidós letras del alfabeto hebreo.

Hay una idea final en este pasaje del salmo: el riesgo de perder el rumbo y se compara con una oveja extraviada. Todos los seres humanos necesitamos dirección. Las primeras indicaciones sobre la vida provienen de nuestros padres. Cuando una persona carece de padres maduros o crecen sin la formación paterna, fácilmente se puede perder.

Pero en determinada edad, los seres humanos dejan el hogar de los padres y salen a hacer su vida, formar un hogar, una familia y entonces es cuando requieren mucha dirección para saber hacia donde van a llevar a sus seres queridos. Un padre sin rumbo, definitivamente tendrá hijos sin rumbo.

La letra tau o tav nos lleva justamente a esa idea: la de algo que nos de dirección o nos permita tener un objetivo cierto y definido para poder avanzar, aun ante las adversidades o las dificultades. Una oveja perdida es la mejor manera de presentar a un hombre o mujer que han perdido la orientación.

La palabra de Dios tiene esa grande virtud de dirigir la vida de las personas con gran solvencia y con la plena certeza de que Dios no se equivoca en sus indicaciones, que el Señor no yerra cuando da una orden o cuando establece un plan que posiblemente no entendamos, pero no quiere decir que Dios no pueda llevarlo a cabo.

Señor, ensáñame a amar tu palabra
Porque evita que me pierda
A. En los momentos de grandes dificultades
B. En los tiempos de necesidad
C. En los momentos de incertidumbre

La historia del hijo prodigo nos acerca al grado o nivel al que puede llegar una persona que pierde la dirección de su vida. Un hijo de familia con todas las necesidades suplidas, con un padre amoroso y con recursos guardados para él, deja su hogar para recorrer el mundo y el resultado es un estrepitoso fracaso.

Y esa historia es la historia de millones de personas, hombres y mujeres que engañados por las apariencias piensan que lejos de sus padres pueden lograr sus sueños y sus anhelos, aun cuando estén equivocados y se alejan de la verdad, pero a la larga descubren que se han equivocado grandemente.

A. En los momentos de grandes dificultades

Los versos ciento sesenta y nueve y ciento setenta dicen de la siguiente forma:

Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová; dame entendimiento conforme a tu palabra. 170 Llegue mi oración delante de ti; líbrame conforme a tu dicho.

Las adversidades ponen a prueba no solo nuestra fe, sino también nuestra capacidad de saber qué hacer. El ejemplo de Elimelec y Nohemí es una muestra de que las decisiones que tomamos en tiempos de dificultad pueden afectar nuestra vida para siempre. Allí necesitamos orientación de la palabra de Dios.

Elimelec, Nohemí y sus dos hijos vivieron un tiempo de gran hambruna en Belén y decidieron partir de allí y se dirigieron a Moab, una nación que Dios había señalado como incompatible para vivir y emparentar con sus pobladores, pero Elimelec fue para allá y sus dos hijos se casaron con dos moabitas.

La historia relatada en libro de Rut nos muestra la desgracia que sobrevino a Nohemí a tal grado que perdió a toda su familia y retorno a Belén miserable y sin ninguna posesión en ese lugar.

El salmista le dice a Dios que su clamor llegue ante él y asimismo que su oración llegue delante de su presencia. Dos expresiones que revelan la condición en la que se puede llegar a vivir en este mundo: momentos de grandes dificultades.

Cuando atraviesa esos tiempos uno pierden con facilidad “el norte” y requiere con urgencia de una “brújula” que nos permita orientar nuestra vida y la palabra del Señor adquiere gran importancia porque es ella la que nos puede guiar y conducir siempre con toda la seguridad de que no habremos de fracasar.

B. En los tiempos de necesidad

Del verso ciento setenta y tres al ciento setenta y cinco encontramos:

Esté tu mano pronta para socorrerme, porque tus mandamientos he escogido. 174 He deseado tu salvación, oh Jehová, y tu ley es mi delicia. 175 Viva mi alma y te alabe, y tus juicios me ayuden.

David vivió tiempos de grandes necesidades. Ser un perseguido del rey representó una de las etapas más difíciles de su vida ya que tuvo vagar por desiertos, ciudades y lugares inhóspitos, en muchos de los cuales su vida corrió mucho peligro, ya no solo de Saúl, sino de otros más.

Su desencuentro con Nabal y la oportuna intervención de Abigail que lo detuvo para no exterminar la casa de es avaro nos muestra que en los momentos de gran necesidad uno se puede equivocar grandemente y uno debe de refugiarse o dejarse guiar por la palabra del Señor que siempre tendrá un consejo para todos nosotros.

C. En los momentos de incertidumbre

El salmo ciento diecinueve termina con el siguiente verso:

Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos.

El salmista nos presenta el estado en el que una persona puede llegar a estar: errante, extraviado.

La figura de la oveja y el pastor es recurrente en toda la Biblia para explicar de manera muy clara que el hombre al igual que una oveja se puede descarriar o extraviar muy fácilmente. Esa especie de animal es extremadamente frágil y muy necesitado de alguien que lo oriente o lo dirija. Y Dios como buen pastor es el único que pude guiarlo.

El salmo termina con una petición del salmista pidiéndole a Dios que no lo deje extraviarse y apela a la palabra de Dios, como el único instrumento capaz de dirigir la vida de las personas y evitar que pierdan el rumbo en esta vida.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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