La Biblia dice en el salmo 119: 17-24

Guímel
17 Haz bien a tu siervo; que viva, y guarde tu palabra. 18 Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. 19 Forastero soy yo en la tierra; no encubras de mí tus mandamientos. 20 Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo. 21 Reprendiste a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos.22 Aparta de mí el oprobio y el menosprecio, porque tus testimonios he guardado. 23 Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí; mas tu siervo meditaba en tus estatutos, 24 pues tus testimonios son mis delicias y mis consejeros.

Introducción

La letra guímel es la tercera letra del alfabeto hebreo. Representa el número tres y de acuerdo a los rabinos judíos su nombre guímel procede de la palabra guemul que en hebreo significa tanto dar una recompensa como un castigo. La tercera serie de ocho líneas comienza con esta letra.

El salmista expresa una preocupación que le inquieta y le perturba: Que no pueda ver la palabra de Dios o que la revelación divina este encubierta a sus ojos y no es que la Escritura tenga alguna clase de código o se requiera una especie de iniciación como los arcanos que se reservan para cierta clase de personas, pero sí se necesita algo más que el intelecto.

La letra guímel nos permite revisar que si bien la palabra de Dios es un libro como muchos otros, es decir, escrito en el mismo lenguaje que otros, en este caso en español, para acercarnos a él, para leerlo y para meditarlo y sobre todo para creerlo se necesita algo más que solo leerlo.

Estamos ante una clae de libro, que en primer lugar es sobrenatural y pide o demanda que quienes se acerquen a sus páginas puedan hacerlo con una actitud modesta y sencilla, pero sobre todo con plena disposición y convencidos de que es Dios quien quiere hablar a través de la Biblia.

Por supuesto que será de gra utilidad leerlo y meditarlo, pero indudablemente su poder residen en obeceder o hacer lo que está escrito a lo largo de sus sesenta y seis libro y para ello se requiere algo más que buena voluntad o disposición de carácter humano, sino el auxilio y ayuda de Dios.

Frente a la Biblia el hombre asume una posición que determina su efectividad en su vida. Si la persona se acerca a ella reconociendo que es el Señor hablando a través de sus escritos su vida tendrá un cambio profundo, de raíz, pero si se acerca a ella creyendo que se trata de un libro más, poco o nada habrá en su vida.

El cuento de Martín, el zapatero de León Tolstoi es el que mejor nos ayuda a entender esta profunda verdad. La Biblia es un poderoso libro para la vida de todos los seres humanos, pero para valorarla, aquilatarla y apreciarla en toda su riqueza es necesario que quitemos de nuestros ojos la venda de prejuicio que tenemos de ella.

Y esa es la oración que hace el salmista. Le suplica a Dios que a su paso por esta tierra de la que es un forastero porque pasa brevemente no permita que la Escritura le quede encubierta, sino que la pueda apreciar en toda su riqueza y toda su relevancia e importancia para bien de su vida.

Salmo 119: Señor, enséñame a amar tu palabra

Para quitar el velo de mis ojos
A. Para tener vida
B. Para admirar tus maravillas
C. Porque soy forastero en la tierra
D. Para no pasar vergüenzas

A. Para tener vida

El verso diecisiete de nuestro salmo dice así: “Haz bien a tu siervo; que viva, y guarde tu palabra.”

La Biblia comunica vida. En sus páginas claro que señala el pecado, la maldad, la iniquidad, la rebeldía y la obstinación, por supuesto que sí, pero su función no es solo enunciar la separación de la criatura de su Creador, sino también el remedio o la solución para que pueda tener comunión con él.

Se trata de hacerle ver al hombre que esencialmente la función de la palabra de Dios es señalar el camino de la vida, no solo el temporal, pero también y principamente el eterno. A Dios le interesa mostrarnos la vida que nos ofrece y esa vida inicia al acercarnos a su palabra, que nos muestra que Dios nos procura solo bienes.

El salmista le pide a Dios que le haga bien y una muestra de hacerle bien es que viva, pero consciente que la vida se la pide al Señor para que guarde, cumpla, obedezca y se someta a la palabra de Dios. La vida que Dios ha preparado para nosotros la podemos descubrir en las páginas de la revelación divina.

B. Para admirar tus maravillas

El verso dieciocho dice así: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.”

El salmista sabe perfectamente que los ojos del hombre están cerrados a la palabra de Dios y no se refiere a los ojos físicos. Es una manera poética de señalar la gran dificultad que tienen todos los hombres de todas las épocas de comprender la revelación que tenemos en la Escritura.

La Biblia se necesita mirar con otros ojos, diferentes a los naturales que tenemos. Necesitamos quitarnos los prejuicios, debemos hacer a un lado nuestra opinión personal, nuestras conclusiones anticipadas y dejar que la revelación divina nos ilumine de tal manera que podamos ser irradiados de su gloria.

La palabra “maravillas” que usa el salmista en este verso procede de la raíz hebrea “sobresaliente” y “extraordinario”. La Biblia contiene relatos que no son fantásticos, entendiendo la palabra como fantasía. Tampoco son fábulas, sino verdades eternas que el Señor inspiró. Pero para apreciarlas necesitamos que Dios nos abra los ojos.

Alguien que no tiene los ojos abiertos encontrará en este libro historias antiguas sin ninguna clase de relevancia para su vida actual o para los tiempos que vivimos. Pensará que el hecho de que el Mar Rojo se haya abierto no tiene nada de extraordinario, pensará lo mismo de las diez plagas, la alimentación de los cuatro y cinco mil, respectivamente.

C. Porque soy forastero en la tierra

El verso diecinueve dice de la siguiente forma: “Forastero soy yo en la tierra; no encubras de mí tus mandamientos.”

Frente a la eternidad de Dios, el paso del hombre sobre esta tierra es muy breve. Santiago lo compara como la neblina que se aparece por un poco de tiempo, pero luego se desvanece. La petición del salmista es un clamor porque si el hombre vive en este mundo sin saber lo que Dios demanda su destino es la separación eterna de su Creador.

La palabra encubrir que usa la versión Reina Valera 1960 procede de la raíz hebrea “sathar” que se traduce como ocultar y esconder. El salmista sabe que la vida de los seres humanos puede transcurrir en las más sombrías tinieblas no porque Dios no arroje luz sobre su vida, sino porque él ha decidido permanecer en oscuridad.

Pasar por este mundo en tan corto tiempo y vivir sin la luz de la palabra de Dios es una gran tragedia porque supone una vida condenada a vivir por vivir, existir sin un solo propósito más allá de lo material, sin niguna clase de meta espiritual, sino circunscrito exclusivamente a vivir materialmente y partir de este mundo a la oscuridad eterna.

D. Para no pasar vergüenzas

El verso veintidós de nuestro salmo dice de la siguiente forma: Aparta de mí el oprobio y el menosprecio, porque tus testimonios he guardado.

La Biblia es un libro que nos permite conocer la voluntad de Dios. Su grandeza radica en que nos muestra la conducta de los hombres desde que fueron puestos en la tierra. Nos precisa con toda claridad el resultado de la conducta apegada a sus mandamientos, pero también nos muestra perfectamente las consecuencias de una vida de espaldas a su voluntad.

El fin de Caín, de Balaam, de Coré, de Nada y Abiú, de Nabal, el esposo de Abigail, de Judas Iscariote, de Herodes, de Amán y de todos aquellos que pensaron que eran más sabios e inteligentes que Dios nos da una muestra clara que uno puede pasar o vivir vergüenzas muy grandes y necesitamos el auxilio divino.

Por eso el salmista le pide que aparte de su vida el oprobio o vergüenza porque sabe perfectamente que el único antídoto para que Dios nos libre de esa clase de situaciones es obedeciendo lo que ha dicho en su palabra.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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