La Biblia dice en el Salmo 119:1-8

Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. 2 Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan; 3 pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos. 4 Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos. 5 ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos para guardar tus estatutos! 6 Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos tus mandamientos. 7 Te alabaré con rectitud de corazón cuando aprendiere tus justos juicios. 8 Tus estatutos guardaré; no me dejes enteramente.

Introducción

El primer párrafo del alfabeto hebreo con el que comienza el salmo ciento diecinueve es con la letra alef. Para los judíos esa letra es sumamente importante por varias razones: la primera es que como todas las letras tienen un número que las representa para la alef está designado un valor simbólico de uno y por esa razón es usada para referirse a Dios.

Dios es único, el primero y el Eterno, la letra se representa con la cabeza de un buey, lo que para muchos rabinos representa liderazgo y fuerza. Las ocho líneas que el autor del salmo comienzan justamente con esta letra cuyo sonido es parecido a la alfa del griego que también es la letra inicial de su alfabeto.

En estas primeras ocho líneas de nuestro salmo, el autor comienza hablando de la dicha, la felicidad, la fortuna, la bienaventuranza y la bendición que representa hacer la palabra de Dios a la que se refiere como ya hemos dicho en expresiones como ley, testimonios, caminos, mandamientos, estatutos y juicios.

La palabra de Dios tiene la particularidad de acercarnos a la felicidad en un mundo lleno de sufrimiento y dolor, en medio de tantas tragedias tristes y entre la galopante maldad, la Escritura se erige como la única posibilidad de cobijarnos, cubrirnos y darnos un manto protector para aceptar los grandes desafíos que resultan de vivir en un mundo tan caótico.

La revelación divina alegra el alma porque la reconforta, la consuela y la fortalece cuando a la vida de las personas llegan situaciones adversas, momentos de gran incertidumbre y por supuesto situaciones que les causan gran pesar. La Biblia es el único libro en este mundo que explica perfectamente el origen del mal.

El salmista comienza hablando de su amor por la palabra de Dios, señalando la dicha que trae tenerla, meditarla y cumplirla, una idea que recorre de principio a fin este hermoso canto dedicado a la Escritura, no se trata únicamente de conocer, sino también de hacer lo que ese bendito libro dice ya que al hacerlo la vida se llenará de alegría.

Señor, enséñame a amar tu palabra

Porque cumplirla trae alegría
A. Me hace alejarme del pecado
B. Me hace ordenar mis pasos
C. Me evita la vergüenza

A. Me hace alejarme del pecado

Quienes andan y guardan la ley del Señor y sus testimonios tienen una virtud: no hacen iniquidad, es decir no ofenden a Dios y no pecan contra el Señor y en consecuencia viven una existencia alegre porque una de las consecuencias de vivir separados de la revelación divina es que el hombre peca y el pecado destruye la imagen que Dios hizo de él.

En los versos uno y dos, el salmista usa dos veces la palabra “bienaventurado” que procede de la expresión “ashré”, palabra que comienza justamente con la palabra hebrea alef y que signfica feliz o felicidad y por eso algunas versiones optan por vertirla como “dicha” y algunas versiones utilizan la expresión griega afortunado.

El salmista reconoce que cumplir, obedecer o poner por obra lo que Dios ha dejado escrito en su palabra hace que se aleje del pecado. El verso tres dice así: “pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos.” La palabra iniquidad que procede de la raíz hebrea “avlah” y que se traduce como injusticia o maldad.

Y es que el pecado irremediablemente conduce a la maldad y la maldad no hace feliz a nadie. Los malvados aparentan una gran alegría, pero en la soledad carecen de dicha porque para alimentar la alegría esos seres necesitan placer, dinero, bienes y cuando no los tienen padecen grandemente.

Al amar la palabra de Dios la vida del creyente se llena de alegría o dicha aun con problemas y grandes dificultades tal y como lo planteó Jesús en su sermón de bienaventuranzas donde especificó que el hombre puede pasar momentos de alegría aun en la dificultad y en medio del sufrimiento. Hay una alegría reservada para los hijos de Dios, aun cuando sufren.

B. Me hace ordenar mis pasos

La palabra “ordenados” que usa el salmo en el verso cuatro cuando dice: “Ojalá fuesen ordenados mis caminos” tiene su raíz en la expresión “kun” que literalmente quiere decir “ser firme”. La versión Reina Valera emplea la expresión “ordenados” porque la expresión sirve para comprender que una persona que es firme en lo que cree, vive ordenadamente.

Una de las grandes virtudes que tiene la palabra de Dios es que corrige todo aquello que está equivocado o que está fuera de lo que Dios demanda y el hombre logra hacer a un lado todo aquello que contraviene lo que Dios desea y entonces su vida desordenada, se ajusta a los deseos de Dios.

La palabra de Dios afirma a quienes la leen, meditan y obedecen. Les da una clase de convicción que no importa lo que enfrentarán por afirmar las verdades contenidas en la revelación divina ellos se mantienen inamóvibles en lo que creen, aun cuando en ello se les vaya la existencia.

Muchos hombres dan testimonio de cómo ordenaron su vida luego de conocer la Biblia. Vidas sin sentido, existencias sin razón para vivir, al conocer la palabra de Dios hicieron a un lado todo y se entregaron por completo al estudio de la palabra de Dios y sus vidas se afirmaron y en ese sentido se ordenaron.

C. Me evita la vergüenza

El salmista desea que todos le pidamos al Señor que nos enseñe a amar su palabra porque al cumplirla trae alegría porque nos evita la vergüenza. La palabra vergüenza no tiene en hebreo la misma connotación que en español. Una vergüenza en nuestra cultura es una pena por alguno bochornoso suceso, pero en el hebreo no es así.

La palabra hebrea para vergüenza procede de la raíz “bosh” que se traduce como “totalmente abatido” y también confundido. La palabra nos lleva a pensar a esa clase de situaciones que nos ponen en una situación donde muchas personas se compadecen de nuestra situación.

La palabra de Dios no libra de esa clase de experiencias.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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