La Biblia dice en Salmos 137:

Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion. 2 Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. 3 Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: cantadnos algunos de los cánticos de Sion.

4 ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños? 5 Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. 6 Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría. 

7 Oh Jehová, recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén, cuando decían: arrasadla, arrasadla hasta los cimientos. 8 Hija de Babilonia la desolada, bienaventurado el que te diere el pago de lo que tú nos hiciste. 9 Dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña.

Introducción 

El salmo ciento treinta y siete fue escrito para recordar el ominoso exilio babilónico al que los hebreos fueron llevados en el siglo quinto antes de Cristo y en el que fueron apartados de su tierra por setenta años como nunca antes había sucedido y que marcó para siempre a la nación judía. 

Es una pieza exquisitamente escrita porque nos muestra los sentimientos y emociones que privaban entre quienes habían sido llevados cautivos a una nación cruel y despiadada y que a pesar de haber destruido el templo, la ciudad y los muros de Jerusalén quería que los israelitas mantuvieran su alegría en esa tierra de extraños. 

Las palabras acordarse y olvidar usadas en tres ocasiones en este canto nos muestra la clara intención del autor, no solo para la época en que se escribió y para el evento que lo enmarcó, sino para toda la posteridad del pueblo de Israel que por mucho tiempo ha estado lejos de su patria. 

Es interesante notar que a pesar de que los judíos sabían que el exilio duraría setenta años y que Dios les había pedido que plantaran viñas, construyeran sus casas e hicieran vida en Babilonia, tenían muy presente que ese lugar no era su patria, mantenía viva de esa forma encendida la esperanza de su retorno a su patria. 

Es un salmo de esperanza, de compromiso con su tierra, de recuerdo y para la memoria de sus futuras generaciones. 

Los judíos estaban lejos de su patria. En un país no solo con costumbres diferentes a las suyas, sino también pagano y lleno de perversiones espirituales al grado que en la Escritura Babilonia se convirtió en referente no solo de decadencia moral, sino también de graves y terribles desviaciones espirituales.

Llevados allí, el exilio y el destierro caló hondo en su vida y ahogados en la tristeza y desolación, en la melancolía y nostalgia, sacaron fuerzas para recordar que ese lugar no era su destino de vida y alimentaron de esa forma su esperanza de regresar a Jerusalén, la tierra de sus padres. 

Señor, que aún en la melancolía no me olvide de ti

A. Cuando no haya razones para alegrarme

B. Cuando el motivo de mi alegría este lejos

C. Cuando mis enemigos se alegren de mi desgracia

Los judíos han tenido una cultura musical desde tiempos Moisés, cuando las mujeres danzaron celebrando la victoria de Israel sobre Egipto y desde entonces tienen canciones muy festivas, si bien es cierto que algunas fiestas son muy solemnes y los cantos que se entonan en esos tiempos son sumamente sagrados, también tienen cantos muy alegres. 

Pero en Babilonia no tenían una razón para estar contentos. 

A. Cuando no haya razones para alegrarme

Los tres primeros versos del salmo nos plantean claramente su estado anímico en medio de un país totalmente ajeno a su forma de vida. 

Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion. 2 Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. 3 Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: cantadnos algunos de los cánticos de Sion.

Los judíos estaban muy tristes, llenos de nostalgia y melancolía. La frase “sobre los sauces en medio de ella (Babilonia) colgamos nuestras arpas puede entenderse en dos sentidos literal y figurado. Pero su fuerza en ambos sentidos es muy fuerte. No tenían la intención de alegrarse porque no tenía ni motivos ni razones. 

Su condición emocional estaba muy deteriorada por haber sido desterrados de su patria y aunque había sido culpa suya por haberse rebelado contra Dios, mantuvieron hasta el final su deseo por regresar. Podrían haberse quedado allí, pero no aceptaron esa posibilidad y sus lágrimas fueron la evidencia de sus anhelo por su patria. 

Y encima de ellos sus verdugos les pedían que cantaran, que se alegraran y que les cantaran los cantos festivos que entonaban en sus fiestas. 

Pero la alegría nunca será de fuera hacia adentro. La alegría nace de lo que hay en nuestro interior y se exterioriza. Estoy hablando de la alegría genuina de aquella que no necesita de ninguna clase de incentivo y justamente esa es la clase de alegría que solo Dios puede darnos. Cuando no hay ninguna razón para alegrarnos Dios nos alegra. 

B. Cuando el motivo de mi alegría está lejos

Los hebreos cautivos en Babilonia habían determinado no hacer de ese lugar su patria. Ellos querían y deseaban retornar a su casa. 

4 ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños? 5 Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. 6 Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría. 

Jerusalén se convirtió en el aliento de los hebreos. Esa ciudad fue para ellos el motivo para evitar asimilarse con los babilonios y para ello hicieron un compromiso sumamente solemne con promesas y obligaciones muy pero muy estrictas y también comprometedoras para no olvidar su tierra. 

Si ellos se olvidaban de Jerusalén se auto infringían imprecaciones: que su diestra perdiera su destreza y que su lengua se pegara a su paladar si dejaban en el olvido a su patria. En otras palabras perder de vista a Jerusalén los llevaría a quedar mancos y mudos, es decir, muerto en vida. 

Jerusalén debía ser el preferente asunto de su alegría. Ellos se sobrepusieron a ese terrible episodio comprometiéndose aun cuando estaban lejos con el objeto que los alentaba o les producía alegría. Se trataba y se trata de enseñarnos que siempre habrá una razón para estar contentos en esta vida. 

C. Cuando mis enemigos se alegren de mi desgracia

Los últimos versos del salmos son inquietantes por su contenido. 

7 Oh Jehová, recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén, cuando decían: arrasadla, arrasadla hasta los cimientos. 8 Hija de Babilonia la desolada, bienaventurado el que te diere el pago de lo que tú nos hiciste. 9 Dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña.

Las imprecaciones o maldiciones en la Biblia y en particular en el libro de los Salmos siempre despiertan inquietud en los creyentes en Cristo porque parecen incompatibles con el amor que se debe manifestar por nuestro prójimo, pero deben atenderse y entenderse de su contexto histórico en el que ocurren. 

Los judíos fueron avasallados por los babilonios. Los judíos veían algo más que una simple lucha entre hebreos y caldeos. En el fondo lo que realmente acontecía era una batalla espiritual profunda, abierta, férrea y sin cuartel entre el bien y el mal. Edom, descendientes de Esaú participaron activamente en esa lucha. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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