La Biblia dice en Salmos 138

Salmo de David. Te alabaré con todo mi corazón; delante de los dioses te cantaré salmos. 2 Me postraré hacia tu santo templo, y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad;
porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas. 3 El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma.

4 Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, porque han oído los dichos de tu boca. 5 Y cantarán de los caminos de Jehová, porque la gloria de Jehová es grande. 6 Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos.

7 Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra. 8 Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos.

Introducción

El salmo ciento treinta y ocho es un canto corto escrito por David para recordar que la vida de una persona, en este caso de un creyente, no es un accidente, ni sucesión de hechos sin sentido o una cadena de suceso desconectados entre sí, sino más bien un proyecto, objetivo o propósito bien definido por parte del Señor.

La vida de David fue planeada por Dios. Cuando era un jovencito derrotó a Goliat, gracias a la ayuda divina, luego de esa sonora victoria, deambuló por las montañas, pueblos y desiertos huyendo de Saúl hasta que se coronó como rey de Israel y aunque entre la victoria sobre Goliat y su ungimiento como rey, la persecución de Saul, parecía fuera de lugar, formaba parte del plan divino para su vida.

Esta es la realidad que David celebra en este canto. David no tiene duda de esta verdad y quiere compartirla con nosotros a través de una composición que nos ánima a todos a tener presente que nuestro Dios no hace nada en nuestras vidas sin una finalidad o un objetivo que a veces no vemos o entendemos.

La forma de actuar de parte de Dios es misteriosa a nuestros ojos, pero si nos mantenemos firmes en nuestra fe más temprano que tarde comprenderemos el porqué de muchas situaciones que en su momento parecen sin sentido, absurdas o de plano contradictorias y hasta irracionales.

David comprendió bien que para llegar allí se debe aprender a esperar en Dios. Entender que más allá de nuestras apuraciones y prisas porque se acabe la incertidumbre es preciso esperar a lo que haga Dios.

La espera es fundamental para ver concretado el plan para nuestras vidas. Sin paciencia es difícil llegar al final de la obra de Dios. Dejarnos llevar por la apuración no es aconsejable para nada porque nos hará cometer muchos errores y nos hará tropezar al impacientarnos con el Señor.

También es necesario aceptar que los planes de Dios los lleva a cabo de manera soberana y si bien tenemos que ajustar nuestra vida a su voluntad, debemos comprender que nosotros nunca podremos ayudar a Dios para que su propósito se cumpla. Él lo hará siempre de acuerdo a su infinita sabiduría.

Solo requerimos de su auxilio y ayuda para sostenernos en sus caminos.

Señor, gracias porque cumples tus planes en mi vida

A. Porque me das vigor en el alma
B. Porque me enseñas la humildad
C. Porque me sacas de la angustia

A. Porque me das vigor en el alma

David sabía perfectamente que para entender que Dios tiene un plan para nuestras vidas y dejar que lo lleve adelante se necesita mucha fuerza de voluntad para resistir la tentación de buscar un atajo, apresurarlo o de plano tratar de ayudar a Dios para que el proceso sea rápido y sin dolor.

Pero no. Cuando Dios diseña una estrategia para alcanzar un objetivo en la vida de sus hijos, emplea circunstancias, situaciones o momentos que a veces no parecen tener absolutamente nada de congruencia. Al contrario parece que nuestros planes se van a destruir o cancelar.

Se necesita, entonces, mucha fuerza, vigor o fortaleza para mantenernos en el lugar o posición que Dios quiere para que sus planes se cumplan. Se requiere fuerza para no renunciar o quejarnos amargamente que no entendemos lo que está pasando.

La historia de José el soñador ejemplifica esta verdad. En su adolescencia soñó primero que once manojos de trigo se inclinaban ante el suyo. Luego tuvo un sueño donde el sol, la luna y las estrellas se inclinaban ante su estrella. Jacob, su padre entendió que su hijo tendría en el futuro una posición de poder.

Pero para que eso se cumpliera pasaron muchas adversidades para José. Finalmente el plan de Dios en su vida se cumplió.

B. Porque me enseñas la humildad

Cuando no sabemos lo que está pasando en nuestras vidas o porqué están pasando algunas cosas, sobre todo adversidades o dificultades corremos el grave riesgo de pensar que Dios nos ha abandonado. Ante el desconocimiento de lo que está sucediendo podemos caer en la soberbia o la humildad.

La soberbia nos llevará ineludiblemente a desesperarnos con el propósito. Nos hará creer que no necesitamos a Dios y que nosotros, con nuestras propias fuerzas, podemos alcanzar nuestras metas, objetivos y planes. La soberbia siempre nos lleva a hacer a un lado a Dios y enfocarnos en nosotros mismos.

En cambio la humildad nos hace someternos al Señor y aceptar, aunque no entendamos o comprendamos lo que está pasando, seguir bajo el proceso que Dios ha diseñado para nuestras vidas que siempre será completamente distinto al de otros creyentes o hermanos de nuestra congregación.

C. Porque me sacas de la angustia

No saber que está pasando o por qué están pasando ciertas cosas, que Dios está permitiendo para nuestro crecimiento y para llevar a cabo sus planes en nuestra vida, nos puede poner en un estado de angustia. Pero cuando sabemos que nuestro Dios es de propósitos podemos descansar.

La intención del Señor no es, de ninguna manera, hundirnos en la angustia o en la desesperación. De hecho saber que Dios tiene un plan perfecto provoca todo lo contrario. En la Escritura tenemos muchos ejemplos de Dios dirigiendo la vida de una persona hasta lograr el objetivo de vida para ella.

Dios ejecuta meticulosamente sus planes. Nada es improvisado. Nada lo toma de sorpresa y sobre todo, sobre todo, intercede por nosotros.

Cuando Jesús supo que Pedro lo negaría comenzó a interceder por él para que los planes que Dios tenía para su vida no se perdieran. La intercesión de Jesús por su discípulo nos enseña que los objetivos que Dios tiene para nuestras vidas se han de llevar porque Dios los protege.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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