La Biblia dice en Salmos 141:

Salmo de David. Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí; escucha mi voz cuando te invocare. 2 Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde. 3 Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios. 4 No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías con los que hacen iniquidad; y no coma yo de sus deleites.

5 Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza; pero mi oración será continuamente contra las maldades de aquellos. 6 Serán despeñados sus jueces, y oirán mis palabras, que son verdaderas. 7 Como quien hiende y rompe la tierra, son esparcidos nuestros huesos a la boca del Seol.

8 Por tanto, a ti, oh Jehová, Señor, miran mis ojos; en ti he confiado; no desampares mi alma. 9 Guárdame de los lazos que me han tendido, y de las trampas de los que hacen iniquidad. 10 Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo pasaré adelante.

Introducción

David quería cuidar su alma. Sus enemigos actuaban visceralmente. No pensaban si lo que le hacían era bueno o era malo. Se dejaba llevar por sus fobias contra él. Cuando una persona actúa de esa manera es lógico que se mueva bajo antivalores: miente, desprecia, odia, difama, murmura y busca dañar sin importar lo que sienta su semejante.

Los ataques contra David iban desde injurias hasta atentados contra su integridad para quitarle la vida. Por muchos años fue objeto de los más diversos y perversos denuestos contra su persona y también de insanos deseos para que su vida se perdiera de manera violenta en cualquier oportunidad.

Como pocos David se topó con el mal de frente. Lo vio personificado en diferentes hombres y mujeres que lo maltrataron, lo menospreciaron y lo creyeron un ser que solo merecía el maltrato y la muerte. Era un perseguido por donde quiera que se paraba, sin haber hecho ninguna clase de mal.

Su situación, sí que era complicada. Tenía que huir porque no podía enfrentarlos, algunos por su capacidad y poder como Saúl que tenía bajo sí soldados y guerreros dispuestos a cumplir con sus mandatos, pero en otras no podía responderles con la misma moneda a quienes lo querían dañar.

A todas luces era una lucha desigual y David estuvo a punto de contestarles de la misma forma en que ellos lo trataban, pero sabía perfectamente que enfrentar a los malvados con sus mismas acciones ponían en riesgo no solo su vida, sino, sobre todo, su alma, un área que para David resultaba primordial.

El salmo ciento cuarenta y uno es justamente una plegaria escrita por él para suplicarle a Dios que le ayude a no caer en la misma actitud que sus detractores. Que lo controle, que lo apacigue con su calma y con resignación, pero sobre todo con la confianza de que el Señor intervendrá por él.

Señor, ayúdame a enfrentar a los malvados sin ser como ellos
A. Para que mi oración suba ante ti como incienso
B. Para luchar bajo tu voluntad
C. Para ver tu diestra derrotándolos

A. Para que mi oración suba ante ti como incienso

Cuando uno obra mal o con maldad lo primero que perdemos es nuestra comunión con Dios. La maldad no tiene conexión con Dios de ninguna clase porque Dios es bondad y en su persona no existe ninguna clase de mal. Al obrar como los malvados nos distanciamos del Señor que es toda bondad.

En los dos primeros versículos de este Salmo, David le pide a Dios que siempre considere sus oraciones y lo plantea de la siguiente manera: Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí; escucha mi voz cuando te invocare. 2 Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde.

La lucha contra el mal es sumamente desgastante. Nos cansa y debilita porque nos coloca en una tensión no solo física o emocional, sino sobre todo espiritual. Esa es la razón por la que el rey David le suplica que atienda con prontitud. Las batallas contra los malvados nos descorazonan.

David quiere que su oración suba como incienso y que sus manos alzadas fueran consideradas como la ofrenda vespertina que se ofrecía en el tabernáculo y que los judíos le llaman minjá. El incienso y el minjá constituyen dos figuras retóricas para mostrarnos la relevancia que tiene la oración ante el Creador.

Dios recibe nuestras oraciones de esa manera cuando nacen de un corazón puro y limpio, incontaminado de la maldad de los impíos y sobre todo, en el contexto del salmo, como resultado de cuidar nuestra alma de esa contaminación que puede venir a nuestra vida si actuamos igual que los malos.

B. Para luchar bajo tu voluntad

David era un guerrero valiente, osado, indómito y ungido por Dios para ganar batallas, pero cuando enfrentaba esta clase de maldades, no se confiaba de sus capacidades ni de las grandes posibilidades que tenía de vencer a sus adversarios porque prefería esperar en el Señor antes de actuar.

Sufría en su fuero interior. Padecía porque no podía hacer nada. A pesar de la clase de iniquidades que enfrentaba. En los versos tres al cinco encontramos esta petición que le hace a Dios para que lo ayude a someterse a su voluntad.

3 Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios. 4 No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías con los que hacen iniquidad; y no coma yo de sus deleites.

5 Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza; pero mi oración será continuamente contra las maldades de aquellos.

Hay tres actitudes que encontramos en David en estos versos: 1. Aprender a callar. 2. Dominio propio y 3. Humildad.

  1. 1. Aprender a callar

David le pide a Dios que le silencie. Que le ponga guarda a su boca. En otras palabras que le de la capacidad de guardar silencio ante los malvados porque sabe perfectamente que podemos pecar con nuestra boca ya sea para maldecir a nuestros adversarios o quejarnos ante Dios y eso nunca será bueno.

  1. 2. Dominio propio

El verso cuatro dice así: No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías con los que hacen iniquidad; y no coma yo de sus deleites. David sabía lo perverso que puede volverse el corazón. Es engañoso, dice Jeremías. Y puede llevarnos a comportarnos igual que se comportan los malvados.

  1. 3. Humildad

En el verso cinco David muestra su humilad al confesar a Dios que no tiene ningún problema si un justo lo reprende o llame la atención: Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza; pero mi oración será continuamente contra las maldades de aquellos.

En la lucha contra la maldad podemos ser exhortados cuando nos estamos conduciendos como aquellos que son impíos, sin temor a Dios.

C. Para ver tu diestra derrotándolos

David confía en que Dios saldrá en su ayuda y podrá derrotar a sus adversarios porque sabe perfectamente que es un lucha desigual, injusta y desequilibrada. Él no puede hacer nada contra sus detractores.
Así lo plantea del verso seis al verso diez: 6 Serán despeñados sus jueces, y oirán mis palabras, que son verdaderas. 7 Como quien hiende y rompe la tierra, son esparcidos nuestros huesos a la boca del Seol.8 Por tanto, a ti, oh Jehová, Señor, miran mis ojos; en ti he confiado; no desampares mi alma.

9 Guárdame de los lazos que me han tendido, y de las trampas de los que hacen iniquidad. 10 Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo pasaré adelante.

David espera que todas las maquinaciones y planes que hacen sus adversarios contra él, sean una emboscada para ellos mismos, pero él quiere que Dios preserve, cuide, proteja y resguarde su alma.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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