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viernes, julio 30, 2021
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Salmo 52: Señor, que la maldad nunca me haga olvidar tu misericordia

La Biblia dice en el Salmo 52:

Al musical principal. Masquil de David, cuando vino Doeg el edomita y dio cuenta a Saúl diciéndole: «David ha venido a la casa de Ahimélec. ¿Por qué te jactas de maldad, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua. 2 Agravios maquina tu lengua; Como navaja afilada hace engaño. 3 Amaste el mal más que el bien, La mentira más que la verdad. Selah 4 Has amado toda suerte de palabras perniciosas, Engañosa lengua. 5 Por tanto, Dios te destruirá para siempre; Te asolará y te arrancará de tu morada, Y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Selah 6 Verán los justos, y temerán; Se reirán de él, diciendo: 7 He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, Sino que confió en la multitud de sus riquezas, Y se mantuvo en su maldad. 8 Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; En la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre. 9 Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así; Y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos.

Introducción

La inscripción inicial de este salmo nos ofrece el momento en que este salmo fue escrito y también su autor. El relato lo encontramos en el 2º Libro de Samuel 22: 6-23 durante el tiempo que David huía de Saúl y vagaba lo mismo por cuevas y valles que por desiertos y lugares inhóspitos con tal de esconderse.

El día que Doeg el edomita descubrió que David había estado con los sacerdotes en Nob se desató una matanza contra ellos muriendo solo en ese día ochenta y cinco de ellos sin contar mujeres y niños y bebés que fueron asesinados a mansalva por Doeg, un edomita que no era judío, pero estaba entre los servidores de Saúl.

Fue un día triste, lamentable, de gran dolor y sufrimiento provocado y consumado por un hombre que no tuvo empacho de denunciar con mentiras y calumniar a los sacerdotes y luego él mismo encabezar la mortandad de estos varones y familias que su único mal fue recibir a David por una horas.

Fue justo en ese tiempo que David compone este salmo que nos muestra su reacción ante un suceso de este tamaño. Nunca en Israel se había dado muerte de esa forma a tantos servidores de Dios. Nunca nadie había hecho tanto daño a los servidores del tabernáculo como en esa ocasión.

Esta pieza nos ofrece la manera en que David desahogó su dolor y tristeza por esos hechos tan lamentables y vergonzosos a causa de un hombre que provocó tanto sufrimiento en un solo día.

Salmo 52: Señor, que la maldad nunca me haga olvidar tu misericordia

I. Aunque los malvados se jactan de su impiedad
II. Porque los malvados serán destruidos
III. Porque en la casa de Dios soy como olivo verde
IV. Para alabarte siempre

Para mejor comprender el salmo que estudiaremos esta tarde debemos ir al 1 Libro de Samuel 22: 6-23 que dice de la siguiente forma:

6 Oyó Saúl que se sabía de David y de los que estaban con él. Y Saúl estaba sentado en Gabaa, debajo de un tamarisco sobre un alto; y tenía su lanza en su mano, y todos sus siervos estaban alrededor de él. 7 Y dijo Saúl a sus siervos que estaban alrededor de él: Oíd ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a todos vosotros jefes de millares y jefes de centenas, 8 para que todos vosotros hayáis conspirado contra mí, y no haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, tal como lo hace hoy? 9 Entonces Doeg edomita, que era el principal de los siervos de Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que vino a Nob, a Ahimelec hijo de Ahitob, 10 el cual consultó por él a Jehová y le dio provisiones, y también le dio la espada de Goliat el filisteo. 11 Y el rey envió por el sacerdote Ahimelec hijo de Ahitob, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob; y todos vinieron al rey. 12 Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él dijo: Heme aquí, señor mío. 13 Y le dijo Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando le diste pan y espada, y consultaste por él a Dios, para que se levantase contra mí y me acechase, como lo hace hoy día? 14 Entonces Ahimelec respondió al rey, y dijo: ¿Y quién entre todos tus siervos es tan fiel como David, yerno también del rey, que sirve a tus órdenes y es ilustre en tu casa? 15 ¿He comenzado yo desde hoy a consultar por él a Dios? Lejos sea de mí; no culpe el rey de cosa alguna a su siervo, ni a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de este asunto, grande ni pequeña. 16 Y el rey dijo: Sin duda morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre. 17 Entonces dijo el rey a la gente de su guardia que estaba alrededor de él: Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque también la mano de ellos está con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo descubrieron. Pero los siervos del rey no quisieron extender sus manos para matar a los sacerdotes de Jehová. 18 Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino. 19 Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada.
20 Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se llamaba Abiatar, escapó, y huyó tras David. 21 Y Abiatar dio aviso a David de cómo Saúl había dado muerte a los sacerdotes de Jehová. 22 Y dijo David a Abiatar: Yo sabía que estando allí aquel día Doeg el edomita, él lo había de hacer saber a Saúl. Yo he ocasionado la muerte a todas las personas de la casa de tu padre. 23 Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará también la tuya; pues conmigo estarás a salvo.

David se encontraba indignado, molesto y sobrecogido ante la bestialidad y brutalidad cometida por Doeg, el edomita. Ochenta y cinco sacerdotes con sus familias habían sido ejecutados por este personaje infame y cruel. Así comprenderemos lo que David le dijo a Dios a través de este salmo que se puede catalogar como de lamento o sapiensal.

I. Aunque los malvados se jactan de su impiedad

Es evidente que después de los sucesos que impactaron a todos los que lo conocieron, en Doeg no hubo ni una pizca de arrepentimiento o por lo menos de vergüenza, al contrario se jactaba ante todos los que supieron o conocieron la matanza que había provocado entre los sacerdotes de Israel.

La pregunta con la que David arranca su salmo nos hace pensar que Doeg se ufanaba y se engreía cuando contaba lo ocurrido en Nob y lo hacía desde su posición de incondicional de Saúl. Se sentía respaldado por el rey y desde esa condición se sentía poderoso y por eso presumía su deleznable actitud.

El pesar de David y su profunda tristeza por los acontecimientos se topaban de frente con un hombre que gozaba de protección de parte del rey y David nada podía hacer. Y por eso justo en esa parte del salmo David introduce la idea de la misericordia de Dios continua, es decir que David esta diciendo que lo mortandad de sacerdotes no significa que Dios no tuviera compasión de ellos.

Y una vez hecha esa aclaración o reflexión, David procede a detallar las características de personajes como Doeg en un lista que nos ayuda a comprender como se mueven esta clase de personajes malignos. David centra su atención en lo que dicen o lo venenosa que resulta su lengua.

En el caso de Doeg su lengua agravió, engañó como navaja afilada, amó la mentira más que la verdad y también amó toda suerte de palabras perniciosas. Este gentil era un hombre muy perverso con lo que decía. La maldad procedía de sus palabras y con ellas hizo tanto daño como le fue posible.

II. Porque los malvados serán destruidos

David recordó que los malignos serán destruidos. La maldad los llevará a a su propia desgracia y calamidad y también enlista lo que les ocurrirá a cada uno de ellos porque quiere dejar claro que nadie que se violento con sus palabras dejará de tener su castigo o su recompensa.

A esta clase de personas Dios las destruirá, las asolará, arrancará de su morada, serán desarraigado de la tierra de los vivientes y serán escarnio a pesar de tener mucho dinero o tener muchas posesiones. Es posible que Doeg fuera un hombre de muchas riquezas y de alli procedería su altivez.

David habla de todo esto en futuro y nos llama la atención que todo lo que le aconterá a esta clase de personas será una obra de Dios. Es decir no correspondía a David ni a nadie más saldar cuentas con los malvados que hacen atrocidades como las que nos relata Samuel en su libro.

III. Porque en la casa de Dios soy como olivo verde

La tercera parte del salmo David declara muy seguro que ”yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre.”

David nos mostró que ante hechos como los que vivió cometido por malvados con poder nos queda confiar en la misericordia de Dios. La figura que utiliza para resaltar la condición en la que viven los que ponen su confianza en el Señor es por demás ilustrativa: soy como olivo verde.

David se sentía seguro en la casa del Señor. Tan seguro que se comparaba con uno de los árboles más productivos de Israel. Con el olivo se generaba aceite que lo mismo servía para consumo humano que para iluminar las casas de los judíos o emplearlo como ungüento para heridas.

En medio de esa gran atrocidad que vivió David, se recordó a sí mismo que Dios siempre lo guardaba y que el le haría justicia por todo lo que había sucedido con quienes le ayudaron cuando moría de hambre y le entregaron una arma para defenderse de sus enemigos que no eran pocos.

IV. Para alabarte siempre

David supo que nada podría hacer contra Doeg y encamina su corazón y sus pensamientos a alabar a Dios. En ese espacio él puede esperar. David sabía que por más que se esforzara no tendría los recursos para vengar a sus amigos sacerdotes y por eso apela a Dios y le promete que lo alabará siempre.

David esta conmocionado con lo ocurrido, pero nos muestra un camino ante esa clase de personas que pueden llegar a hacer tanto daño, confiar en Dios. Esperar en lo que él hará, seguro de que Dios actuará y habrá de hacer justicia a todos los que resultaron afectados por la actitud del edomita.

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