La Biblia dice en el Salmo 75:

Al músico principal; sobre No destruya. Salmo de Asaf. Cántico. Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos, pues cercano está tu nombre; los hombres cuentan tus maravillas. 2 Al tiempo que señalaré yo juzgaré rectamente. 3 Se arruinaban la tierra y sus moradores; yo sostengo sus columnas. Selah 4 Dije a los insensatos: no os infatuéis; y a los impíos: no os enorgullezcáis; 5 no hagáis alarde de vuestro poder; no habléis con cerviz erguida. 6 Porque ni de oriente ni de occidente, ni del desierto viene el enaltecimiento. 7 Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece. 8 Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino está fermentado, lleno de mistura; y él derrama del mismo; hasta el fondo lo apurarán, y lo beberán todos los impíos de la tierra. 9 Pero yo siempre anunciaré y cantaré alabanzas al Dios de Jacob. 10 Quebrantaré todo el poderío de los pecadores, pero el poder del justo será exaltado.

Introducción

Este salmo de Asaf contiene la palabra orgullo o sus sinónimos al menos cinco veces. De hecho en este salmo Dios le pide a los hombre que no sean arrogantes. Que no sean altivos y que no sean duros de cerviz. Es un salmo para recordarnos todos los males que provoca la soberbia.

Es un cántico de Asaf que nos ayuda a vivir humildemente ante el Señor. La humildad siempre ha de ser la prenda más valiosa para el Creador porque implica una dependencia total de la criatura hacia su Hacedor, en tanto que la soberbia es la creencia que Dios es innecesario en la vida de los hombres.

Asaf nos lleva a considerar seriamente la urgencia de evitar a toda costa caer en la altivez porque ella nos hace ver a Dios y a los demás de manera equivocada.

La soberbia desdibuja a las personas porque las convierte en seres egoístas que solo ven por sí mismos. Incapaces de considerar a los demás y sobre todo sin capacidad para reconocer quién es Dios y lo que hace.

Salmo 75: Señor, no permitas que me llene de soberbia

A. Para ser agradecido
B. Para poder cambiar
C. Para evitar tu juicio
D. Para alabarte siempre

El orgullo siempre daña porque la soberbia siempre aparta del bien y la falta de bondad en las personas las conduce irremediablemente por caminos de maldad. Asaf lo sabe claramente y por eso compone este salmo para llevarnos a considerar la necesidad de pedirle a Dios que nos ayude a luchar contra la arrogancia.

El salmo tiene una breve inscripción “al músico principal” que encontramos en muchos salmos para identificar o dedicar el salmo que a continuación se escribe. El salmo 75 tiene también la frase “sobre no destruyas” que también tienen los salmos 57,58 y 59.

Esa frase muy probablemente dicta el tono o entonación en el que se debía recitar el salmo, un tono que con el correr de los años no se ha preservado. Sin embargo, en la antigüedad esa era la forma de cantar este salmo salmo de Asaf. La inscripción nos provee información muy útil, porque aunque no conozcamos el momento en que se compuso la pieza, podemos entender con claridad la intención del autor.

Este es una salmo o cántico de Asaf que nos lleva a meditar sobre la necesidad de sencillez y humildad ante la presencia de Dios.

A. Para ser agradecido

El verso uno de nuestro salmo dice así:

“Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos, pues cercano está tu nombre; los hombres cuentan tus maravillas.”

La primera actitud que cercena el orgullo es la gratitud. El altivo automáticamente se convierte en un mal agradecido porque piensa o llega a creer que todo lo que tiene o es no se lo debe a nadie más que él mismo. En cambio el hombre sencillo y humilde lo primero que hace es agradecer a Dios.

La gratitud del salmista surge por dos razones que expone en este primer verso: 1. Por la cercanía del nombre de Dios y 2. Porque los hombres cuentan tus maravillas. Nos queda claro que tenemos un Dios cercano, no un Dios distante que atiende nuestras necesidades y peticiones. La frase cercanía de tu nombre nos lleva a pensar en su disposición de intervenir a favor de su pueblo.

Dios siempre ha intervenido en los momentos más difíciles de su nación. Nunca los ha dejado y por eso el salmista dice que los hombres cuentan sus maravillas. La palabra evoca lo sucedido en Egipto.

B. Para poder cambiar

Del verso dos al verso cinco nuestro salmo dice de la siguiente forma:

Al tiempo que señalaré yo juzgaré rectamente. 3 Se arruinaban la tierra y sus moradores; yo sostengo sus columnas. Selah 4 Dije a los insensatos: no os infatuéis; y a los impíos: no os enorgullezcáis; 5 no hagáis alarde de vuestro poder; no habléis con cerviz erguida.

Dios tiene sus tiempos para actuar muy claramente marcados. Nunca llega ni antes ni después, sino justo a tiempo, pero el problema de los arrogantes es que quieren que Dios actúe cuando ellos así lo determinen o cuando piensan que debe actuar, pero nunca será así porque Dios es soberano.

Por eso el verso dos de nuestro texto dice con toda claridad: Al tiempo que señalaré yo juzgaré rectamente. Aun cuando las circunstancias exijan una intervención suya de inmediato como cuando se arruina la tierra y sus moradores, él actuará siempre de acuerdo a sus planes.

Por eso le pide a los insensatos que no se infatuen, una manera de señalar la arrogancia, y a los impíos que no se enorgullezcan, ni tampoco hagan alarde su poder y se conduzcan con cerviz erguida porque él actuará.

Esta frase es por la que muchos piensan que este salmo es complemento del anterior donde Asaf presentó su tristeza por la destrucción de Jerusalén y su templo y la actitud arrogante y pedante de los babilonios. Es lógico porque los sobrevivientes a esa tragedia querían ver a sus enemigos destruidos.

Nabucodonosor fue un rey sumamente altivo y encudra bien en la descripción que el salmo hace de los altivos. La petición que Asaf le hace a Dios es que no deje que se llene de soberbia porque la humillación por parte de Dios es grande, tal y como aconteció al monarca. Dios habla siempre antes de humillar para poder cambiar.

C. Para evitar tu juicio

De los versos seis al ocho nuestro salmo dice así:

Porque ni de oriente ni de occidente, ni del desierto viene el enaltecimiento. 7 Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece. 8 Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino está fermentado, lleno de mistura; y él derrama del mismo; hasta el fondo lo apurarán, y lo beberán todos los impíos de la tierra.
La soberbia se castiga con la ira del Señor. Dios es un juez que dictaminan con severidad, pero con conocimiento de causa quien incurre en soberbia y quien practica la humildad. Hay recompensa para ambos. Al soberbio lo humilla y al que se humilla lo enaltece siempre porque éste último lo honra.

Para clarificar la manera en que Dios juzgará a los soberbios y para ejemplificar lo riguroso que será el salmista recurre a un ejemplo muy peculiar: una copa de vino que nadie desperdicia. Era y es tan valorada no solo por su precio, sino también por lo agradable que resulta a nuestros sentidos que todos quienes la beben en una copa la consumen toda.

Así los malvados beberán toda la ira del Señor que recibirán en el día del juicio condenatorio del Señor. Nada de lo que hicieron dejarán de pagar. La soberbia con la que vivieron será castigada severamente y por eso la súplica al Señor para que no caigamos en esa triste y lamentable condición de altivez.

D. Para alabarte siempre

Los últimos dos versos del salmo concluyen el cántico de la siguiente manera:

Pero yo siempre anunciaré y cantaré alabanzas al Dios de Jacob. 10 Quebrantaré todo el poderío de los pecadores, pero el poder del justo será exaltado.

El orgullo hace que nosotros dejemos de alabar a Dios y comencemos esa equivocada decisión de reconocernos a nosotros mismos. Asaf termina su salmo con un compromiso de anunciar y cantar alabanzas al Dios de Jacob. Se trata de una obligación voluntaria que nace de un corazón sencillo apartado de toda soberbia.

Al final de cuentas Asaf sabe perfectamente que Dios destruye toda soberbia y altivez, pero exalta a los humildes.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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