La Biblia dice en el Salmo 77

Al músico principal; para Jedutún. Salmo de Asaf. Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchará. 2 Al Señor busqué en el día de mi angustia; alzaba a él mis manos de noche, sin descanso; mi alma rehusaba consuelo. 3 Me acordaba de Dios, y me conmovía; me quejaba, y desmayaba mi espíritu. Selah 4 No me dejabas pegar los ojos; estaba yo quebrantado, y no hablaba. 5 Consideraba los días desde el principio, los años de los siglos. 6 Me acordaba de mis cánticos de noche; meditaba en mi corazón, y mi espíritu inquiría: 7 ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio? 8 ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? 9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah 10 Dije: Enfermedad mía es esta; traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. 11 Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. 12 Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos. 13 Oh Dios, santo es tu camino;
¿Qué dios es grande como nuestro Dios? 14 Tú eres el Dios que hace maravillas; hiciste notorio en los pueblos tu poder. 15 Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José. Selah 16 Te vieron las aguas, oh Dios; las aguas te vieron, y temieron; los abismos también se estremecieron. 17 Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos, y discurrieron tus rayos. 18 La voz de tu trueno estaba en el torbellino; tus relámpagos alumbraron el mundo; se estremeció y tembló la tierra. 19 En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas. 20 Condujiste a tu pueblo como ovejas por mano de Moisés y de Aarón.

Introducción

Este salmo escrito por Asaf es un profundo clamor ante Dios reconociendo un estado cercano a la depresión provocado por un gran dolor que padece el autor. No sabemos qué le haya sucedido al salmista, pero por lo que encontramos descrito está pasando una crítica situación en la que todo parece perdido.

La inscripción solo nos dice que fue escrito por Asaf y que está dedicado a Jedutún.
Jedutún es uno de los músicos que David designó para dirigir la alabanza y adoración a Dios en el tabernáculo donde resguardó el arca de pacto. Tal vez a él se le haya dedicado el salmo por la situación que estaba viviendo, pero eso no lo sabremos. Lo que sí sabemos es que este canto esta inspirado para no olvidarnos de Dios cuando padecemos.

Hay en su estructura un marcado contenido de gran desesperación por lo que esta viviendo su autor. Hay un reconocimiento de los grandes estragos que está provocando en la vida de su escritor la adversidad que ha llegado a su vida de tal manera que grita, no duerme e incluso no quiere que lo consuelen.

Todas estas frases nos permiten construir el peor de los escenarios que puede llegar a la vida de un creyente: dolor, tribulación, sufrimiento, pero no cualquier clase de padecimiento, sino aquel que de golpe nos quita lo que más amamos, lo que más apreciamos y la vida se nos vuelve imposible.

Un accidente donde pierden la vida nuestros seres queridos, una confusión donde mueren nuestros hijos o una prolongada enfermedad que consume la vida de personas que a nuestro juicio no debieron de haber muerto porque su ausencia es indispensable por sus hijos, sus padres o su esposa o esposo.

El salmo nos lleva a ese punto cuando el dolor sobre pasa nuestras fuerzas, cuando el sufrimiento es inimaginable y cuando nuestras fuerzas son insuficientes para enfrentarlo. Asaf escribe inspirado por el Espíritu Santo para decirnos lo que podemos hacer porque en esos momentos nuestro pensamiento nos puede engañar.

Podemos llegar a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros y eso jamás ocurrirá, el Señor nunca abandona a sus hijos, aún en las condiciones más lamentables o más duras, Dios siempre está presente y eso es lo que nos recuerda este salmo.

Salmo 77: Señor, en el dolor, recuérdame que tu no cambias

A. Porque eres el mismo cuando sufro
B. Porque eres el mismo que no olvida sus promesas
C. Porque eres el mismo que siempre auxilia
D. Porque eres el mismo que nos liberó

El sufrimiento llega a nuestra vida de manera inesperada. Los seres humanos buscamos siempre la felicidad. El dolor jamás entra en nuestros planes, pero siempre llega como un invitado al que nadie le avisó para que llegara a nuestra existencia. En ocasiones vivimos una clase de dolor que nos rompe por dentro.

No sabemos manejarlo porque nunca sabremos manejar algo que no queremos, pero llega y llega a instalarse sin nuestro permiso y a veces por mucho tiempo, más del imaginado.

A. Porque eres el mismo cuando sufro

En la versión de la Biblia Dios Habla Hoy encontramos estas expresiones que dibujan claramente el sentimiento que esta pasando el salmista:

Estoy triste

Mi alma no encuentra consuelo

Me acuerdo de Dios y lloro

Me desanimo

No me dejas pegar los ojos

Estoy aturdido

Con estas expresiones nos percatamos que el salmista esta viviendo una situación insostenible. Esta pasando por momentos de gran dolor, una clase de dolor donde no hay consuelo. Cuando leo todas estas afirmaciones no puedo imaginarme que estaba viviendo el autor del salmo.

Al revisar la historia del pueblo de Israel me detengo en los sucesos ocurridos en los siglos XV y XVI en Europa cuando ser judío se convirtió en sinónimo casi, casi, de herejía. La Inquisición española y portuguesa fue particularmente cruel con ellos, los hizo abjurar de su fe y en muchos casos los torturó y despojó de todos sus bienes.

Pero quizá el horror inimaginable ocurrió con los nazis que entre 1939 y 1946 mataron a unos seis millones de judíos de las formas más salvajes posibles. El exterminio fue masivo en los campos de concentración donde no importaba si eran mujeres, niños o ancianos a todos ellos se les privó de la vida.

El sufrimiento de ellos rayaba en la locura. De hecho muchas personas pueden llegar a ese nivel de aturdimiento cuando el dolor los sobrepasa. El salmista nos esta llevando a esa clase de padecimiento que nos hace pensar que Dios se ha alejado de nosotros y por eso el verso uno comienza con un clamor fuerte para que Dios escuche.

B. Porque eres el mismo que no olvida sus promesas

Del verso seis al verso nueve nuestra versión Reina Valera 1960 dice lo siguiente:

6 Me acordaba de mis cánticos de noche;Meditaba en mi corazón, Y mi espíritu inquiría: 7 ¿Desechará el Señor para siempre, Y no volverá más a sernos propicio? 8 ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? 9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah

En la versión Dios Habla Hoy encontramos seis preguntas que a continuación presento:

¿Acaso va a estar siempre enojado el Señor?

¿No volverá a tratarnos con bondad?

¿Acaso su amor se ha terminado?

¿Se ha acabado su promesa para siempre?

¿Acaso se ha olvidado Dios de su bondad?

¿Esta tan enojado que ya no tiene compasión?

Las respuestas a estas interrogantes se sintetiza simplemente en un NO porque Dios nunca olvida sus promesas. Dios nunca cambia. Él siempre es el mismo. Cuando sufrimos mucho pensamos que Dios ha dejado de ser fiel o que ha dejado de considerarnos o tratarnos con misericordia, pero eso nunca será posible.

Dios sigue siendo inmensamente grande. Dios sigue siendo poderoso. El hecho de que suframos mucho de ningún modo disminuye a Dios. No siempre va a estar enojado. Claro que nos volverá a tratar con bondad. Por supuesto que su amor no se ha terminado ni nunca se terminará.

Sus promesas no se acaban, no tienen fin. Él es fiel. No se ha olvidado de su bnodad y no está tan enojado que ya no tiene compasión.

C. Porque eres el mismo que siempre auxilia

Del verso diez al verso quince nuestro salmo en estudio dice así:

10 Dije: Enfermedad mía es esta; traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. 11 Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. 12 Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos. 13 Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? 14 Tú eres el Dios que hace maravillas; hiciste notorio en los pueblos tu poder. 15 Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José. Selah

Asaf nos pide que en esos momentos de gran dolor nos detengamos para recordar lo que Dios ha hecho. El dolor parece cancelar todo lo que Dios ha hecho por nosotros. El sufrimiento generalmente nos conduce a perder la memoria de todas las cosas buenas que Dios ha traído a nuestra vida.

Se trata, como dice el salmista, de traer a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Recordar, pero no solo recordar con la mente, sino con el corazón de todas las cosas que Dios ha hecho por nosotros de manera inmerecida y consolarnos sabiendo que siempre es el mismo.

Ningún dios se puede comparar jamás con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob porque los supera en demasía. Los dioses de los pueblos son mudos e inertes, en cambio el Dios de Israel es vivo y actuante. Contrario a lo que el dolor nos hace pensar Dios nunca deja de actuar.

D. Porque es el mismo que nos liberó

El salmo termina de la siguiente manera:

16 Te vieron las aguas, oh Dios; las aguas te vieron, y temieron; los abismos también se estremecieron. 17 Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos, y discurrieron tus rayos. 18 La voz de tu trueno estaba en el torbellino; tus relámpagos alumbraron el mundo; se estremeció y tembló la tierra. 19 En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas. 20 Condujiste a tu pueblo como ovejas por mano de Moisés y de Aarón.

El salmo concluye recordando lo que Dios hizo en Egipto. Dios los liberó de una esclavitud de casi cuatro siglos. Los rescató del imperio más poderoso de su tiempo y lo hizo de tal forma que los egipcios no pudieron resistir el poder de Dios y tuvieron que liberar a los judíos.

Y eso es exactamente lo mismo que ha hecho por cada uno de nosotros. Dios obra siempre conforme a sus eternos propósitos, siempre es fiel, él no cambia.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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