La Biblia dice en el salmo 80:

Al músico principal; sobre Lirios. Testimonio. Salmo de Asaf. Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas como a ovejas a José, que estás entre querubines, resplandece. 2 Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés, y ven a salvarnos. 3 Oh Dios, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. 4 Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo? 5 Les diste a comer pan de lágrimas, y a beber lágrimas en gran abundancia. 6 Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, y nuestros enemigos se burlan entre sí. 7 Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. 8 Hiciste venir una vid de Egipto; Echaste las naciones, y la plantaste. 9 Limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra. 10 Los montes fueron cubiertos de su sombra, y con sus sarmientos los cedros de Dios. 11 Extendió sus vástagos hasta el mar, y hasta el río sus renuevos. 12 ¿Por qué aportillaste sus vallados, y la vendimian todos los que pasan por el camino? 13 La destroza el puerco montés, y la bestia del campo la devora. 14 Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña, 15 La planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para ti afirmaste. 16 Quemada a fuego está, asolada; perezcan por la reprensión de tu rostro. 17 Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo de hombre que para ti afirmaste. 18 Así no nos apartaremos de ti; vida nos darás, e invocaremos tu nombre. 19 !Oh Jehová, Dios de los ejércitos, restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

Introducción

El autor de este salmo muy probablemente fue un descendiente de Asaf que adjudicó el canto al cantor del tiempo de David porque es una plegaria compuesta cuando fue destruido el reino del norte llamado Efraín y las diez tribus lo que integraban fueron llevadas cautiva a Asiria.

El escritor del salmo quedó impresionado por los sucesos ocurrido en el reino del norte. Nunca nadie pensó que eso sucedería. Diez tribus fueron llevadas cautivas a Asiria y nunca regresaron a la tierra de Israel. Fue una perdida dolorosa para todos.

El salmo se estructura de dos formas; la primera con dos grandes figuras retóricas: Israel como las ovejas del Señor e Israel como la vid, la viña o viñedo del Señor. Pero también se estructura con la repetición del verso tres, siete y diecinueve que dice de la siguiente manera:

“Oh Jehová Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.”

La repetición de ese versos en tres ocasiones nos muestra lo doloroso y difícil que fue para el salmista lo ocurrido al reino del norte aproximadamente en el año 722 antes de Cristo cuando Senaquerib, rey de Asiria asoló el reino de Efraín con capital en Samaria y la destruyó por completo.

La insistencia en la restauración y que Dios hiciera brillar su rostro sobre su pueblo de nueva cuenta nos muestra el peso de la perdida que experimentaron en esos días quienes conocieron lo ocurrido a las tribus de Manases, Efraín, Gad, Aser, Neftalí, Dan, Rubén, Simeón, Isacar y Zabulón.

El salmista miró con tristeza lo que había sucedido y supo el tamaño de lo que se había perdido y compuso este salmo en el que vierte toda su alma para suplicarle a Dios que lo ayude para que las cosas vuelvan a estar como estaban antes de esos lamentables acontecimientos.

Esta es una oración para rogarle a Dios encarecidamente que las cosas vuelvan a ser como al principio. Es una plegaria para suplicar al Creador que todo vuelva a ser como antes. Que se olvide de los pecados que los llevaron a ofenderlo y las cosas se compongan y se repongan para que vuelvan a su inicio.

Salmo 80: Señor, ayúdanos a recuperar lo que hemos perdido

A. Porque somos tus ovejas
B. Porque hemos sufrido mucho
C. Porque somos tu viñedo

Síntesis

En México solemos decir “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde” para llamar la atención sobre la necesidad de cuidar lo que se tiene, de valorar suficientemente a las personas porque cuando dejan de estar a nuestra disposición ya sea porque se alejen de nuestra vida o porque partan de este mundo es imposible que el tiempo regrese.

Cuando algo que apreciamos se pierde padecemos grandemente y deseamos vehementemente que Dios nos ayude a recuperarlo. Cuando perdemos la comunión con Dios perdemos además de su paz y tranquilidad, muchas cosas materiales y cuando nos percatamos que ha sido por nuestro pecado, entonces, le pedimos que vuelva a nosotros.

La solicitud del salmista es que Dios lo restaure, que lo renueve y lo restablezca.

A. Porque somos tus ovejas

El salmo comienza con este potente figura de toda la Escritura: Dios como pastor y su pueblo como ovejas de su prado.

Del verso uno al verso tres encontramos lo siguiente:

Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas como a ovejas a José, que estás entre querubines, resplandece. 2 Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés, y ven a salvarnos. 3 Oh Dios, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

Dios es descrito como el pastor de Israel, una figura que de inmediato nos refiere a la necesidad que Israel y nosotros tenemos de ser dirigidos y también retrata la fragilidad del pueblo de Dios, porque el peligro que se cierne sobre una oveja es muy grande y Efraín ha sufrido de esa manera al ser atacado y llevado cautivo.

El salmista le pide a Dios con todo su corazón que ese Dios Todopoderoso, que habita entre querubines, unos de los ángeles más poderosos del Señor, se muestre. Esa es el sentido de las expresiones “resplandece” y “haz resplandecer tu rostro” que encontramos en estos tres primeros versos.

El salmista usa la figura del pastor y las ovejas para pedirle a Dios que los ayude a recuperar lo que habían perdido. Se habían descarriado y eso fue el principio de las grandes tragedias para ellos. Por eso el salmo comienza de esa forma porque solo en el redil del Señor todo vuelve a su origen o inicio.

B. Porque hemos sufrido mucho

Del verso cuatro al verso siete encontramos estas expresiones del salmista:

4 Jehová, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo? 5 Les diste a comer pan de lágrimas, y a beber lágrimas en gran abundancia. 6 Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, y nuestros enemigos se burlan entre sí. 7 Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

La descripción de sus sufrimientos queda estupendamente retratada con la frase: “Les diste a comer pan de lágrimas, y a beber lágrimas en abundancia.” Los hebreos comieron y bebieron lagrimas. El sufrimiento fue su alimento. No tuvieron otro platillo, sino solo el de la tribulación.

La expresión irremediablemente nos remite a esa clase de dolor incesante, constante que no se mitiga con nada. No es cualquier clase de dolor, sino aquel que lacera el alma, que golpea como con un látigo el corazón y que nos reduce a nada al estarlo viviendo porque cada día se profundiza más y más.

Dios no oía su oración y de paso los había puesto por escarnio y burla de sus enemigos. Eso hacía más pesado lo que estaban viviendo y por eso de nueva cuenta repite el verso que dice: Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

C. Porque somos tu viñedo

Del verso ocho al verso diecinuevo nuestro salmo en estudio dice de la siguiente forma:

8 Hiciste venir una vid de Egipto; Echaste las naciones, y la plantaste. 9 Limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra. 10 Los montes fueron cubiertos de su sombra, y con sus sarmientos los cedros de Dios. 11 Extendió sus vástagos hasta el mar, y hasta el río sus renuevos. 12 ¿Por qué aportillaste sus vallados, y la vendimian todos los que pasan por el camino? 13 La destroza el puerco montés, y la bestia del campo la devora. 14 Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña, 15 La planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para ti afirmaste. 16 Quemada a fuego está, asolada; perezcan por la reprensión de tu rostro. 17 Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo de hombre que para ti afirmaste. 18 Así no nos apartaremos de ti; vida nos darás, e invocaremos tu nombre. 19 !Oh Jehová, Dios de los ejércitos, restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

La última parte de nuestro salmo utiliza la figura de una vid que representa al pueblo de Israel. La figura retórica sirve para enumerar lo que Dios hizo por ellos: 1. Los plantó. 2. Los cuidó y protegió. 3. Gracias a esta protección crecieron y de pronto llenaron la tierra como nunca lo imaginaron.

Pero 4. Los desprotegió y fue dañada y pisoteada tanto por los hombres como por los animales salvajes. 5. De tal manera quedo desprotegida quedó asolada y sin moradores que la habitaran.

En conclusión: la viña se encuentra dañada y por ello pide que venga de nueva cuenta su diestra sobre lo que un día afirmó, es decir sobre Israel para que vuelva a hacer esa nación poderosa y gloriosa que Dios escogió y redimió de la esclavitud de Egipto.

El salmo termina con el mismo verso que se ha repetido en dos ocasiones ya: “!Oh Jehová, Dios de los ejércitos, restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.”

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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