La Biblia dice en el Salmo 82:

Salmo de Asaf. Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga. 2 ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos? Selah 3 Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. 4 Librad al afligido y al necesitado; libradlo de mano de los impíos. 5 No saben, no entienden, andan en tinieblas; tiemblan todos los cimientos de la tierra. 6 Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo; 7 Pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis. 8 Levántate, oh Dios, juzga la tierra; porque tú heredarás todas las naciones.

Introducción

La justicia ha sido, es y será siempre una de las grades aspiraciones de la humanidad. Desde que el hombre apareció en la tierra dar a cada persona lo que cada uno de sus actos merece se ha convertido en una de las más grandes tareas porque el mundo se ha convertido en un lugar lleno de injusticia.

El salmo ochenta y dos fue escrito por Asaf y es un canto que tiene referencia directa con quienes tenían y tienen la delicada labor de juzgar. En Israel los jueces son una larga tradición. Desde los tiempos de Moisés que levantaron ancianos para que lo ayudarán a resolver las controversias que se suscitaban entre los hebreos y en los tiempos de David siempre hubo magistrados que juzgaban.

Pero el salmo tiene una repercusión no solo para los juzgadores instalados por la autoridad de Israel, sino para todos los hombres que de alguna manera tienen que juzgar no en el sentido estricto de un juez formal, pero si en resoluciones sencillas y simples en su vida privada y pública.

Este salmo nos deja bien en claro que todos con toga o sin toga, es decir con una responsabilidad relegada por alguna autoridad o no, estamos llamado a emitir juicios y debemos sujetarnos a lo que dice este salmo para salir bien librados a la hora de emitir un juicio sobre determinada persona o determinada circunstancia.

La pregunta que resulta de este salmo es inevitable, ¿para qué componer un salmo con una temática como el de la justicia? La respuesta es sencilla debemos admitir que vivimos haciendo juicios de valor diariamente. Jamás podremos sustraernos a esta realidad y lo mejor es hacerlo reconociendo primeramente que queramos o no somos jueces.

Salmo 82: Señor, ayúdame a actuar con justicia

A. Porque tú eres el Juez Supremo
B. Porque nos equivocamos al juzgar
C. Porque la tierra será juzgada

El verso seis de este salmo es citado en el evangelio de Juan 10:34-36

34 Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? 35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), 36 ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?

Jesús la utilizó para hacerles ver a sus opositores que Dios llamó a los hombres dioses porque al juzgar asumían una prerrogativa que Dios les daba, por qué se resistían a reconocer a él como Dios y por qué se molestaban de hacerse semejante a Dios al llamarse el Hijo de Dios.

La expresión dioses aparece tres veces en este salmo. La expresión procede de la expresión hebrea “elohim”. Muchos estudiosos de los textos bíblicos han salido al paso ante aquellos que se confunden con los dos usos que tiene la palabra elohim y que en el texto original se utilizan en este texto: como el nombre de Dios y como el plural de la palabra Dios, es decir dioses.

Sin embargo esta confusión se disipa rapidamente cuando seguimos el contexto del salmo. El salmo es una plegaria para rogar a Dios que nos ayude a juzgar correctamente y la palabra dioses entonces es una referencia para las personas que juzgaban o gobernaban a Israel, gente importante, poderosa o influyente.

El salmista desea que todos comprendamos la importancia de juzgar correctamente lo que tenemos frente a nosotros.

A. Porque tú eres el Juez Supremo

Dios es el Juez que domina sobre todos los jueces. Esa es la primera idea que surge del verso uno de nuestro salmo. “Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga”, dice nuestro primer verso para mostrarnos a un Dios que es quien convoca y preside la reunión de los poderosos gobernantes encargaos de impartir justicia.

Es de gran relevancia descubrir que los jueces tienen un Jefe Supremo al que tarde o temprano darán cuenta de sus resoluciones. Dios los juzgará severamente por varias razones: primero porque los puso en eminencia y en un punto alto de autoridad sobre sus semejantes.

En segundo lugar porque les delegó las atribuciones que solo Dios tiene y es la de darle a cada persona de acuerdo a sus acciones. No es un asunto menor porque la gente espera que actúen con rectitud, que no se dejen sobornar y que sean sumamente justos a la hora de declarar el derecho.

Pero no solo los jueces juzgan, también las personas que no tienen frente así una sala de audiencias también hacen juicios en su casa, en su trabajo, en su escuela y hasta en la calle y lo deben hacer recordando que al final de cuentas ellos serán también juzgados con la misma vara que miden.

B. Porque nos equivocamos al juzgar

Los versos dos al cinco dicen de la siguiente manera:

2 ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos? Selah 3 Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. 4 Librad al afligido y al necesitado; libradlo de mano de los impíos. 5 No saben, no entienden, andan en tinieblas; tiemblan todos los cimientos de la tierra.

Los jueces se equivocan muchas veces y juzgan injustamente haciendo más por los culpables que por las víctimas. Eso lo sabe Dios perfectamente. Eso ha ocurrido a través de todos los tiempos y es de todos conocido, por eso el salmo le recrimina a quienes en lugar de ponerse de los que padecen injustamente se ponen del lado de los victimarios.

Hay una profunda vocación social en la Escritura que descubrimos gratamente en este salmo. Dios quiere que los jueces se pongan del lado de los débiles, los huérfanos, los afligidos, los necesitados y menesterosos. Todos estos mencionados carecen de poder para defenderse y esa es exactamente la función de los jueces.

Se trata de dejar de juzgar injustamente y ayudar a los impíos y malvados a salirse con la suya y afectar a los pobres por el solo hecho de no tener quien los defienda o carecer de los recursos económicos que les permitan contar con el apoyo de jueces y magistrados que miran más por los intereses de los poderosos que por los de la gente humilde.

En el caso de nosotros que no somos jueces, la intención del salmo es hacer que veamos de distinta manera al pobre y al necesitado. No como una molestia o como una carga. Al final de cuenta los menesterosos se han acostumbrado tanto a sus necesidades que las miran casi siempre con resignación. Nos pide que seamos solidarios con ellos.

Y aquí es justamente donde los seres humanos juzgamos mal porque en la disyuntiva por atender a un pobre o un poderoso generalmente nos inclinamos por ayudar al que de por sí ya tiene, pensando que él si nos podrá recompensar, en cambio el pobre no podrá hacer nada por nosotros.

C. Porque la tierra será juzgada

Del verso seis al verso ocho encontramos las siguientes verdades:

6 Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo; 7 Pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis. 8 Levántate, oh Dios, juzga la tierra;
porque tú heredarás todas las naciones.

Los jueces tienen una posición sumamente elevada. Se trata de una responsabilidad social muy grande. Pero que si se descuida llevará a los hombres encargados de ella a la ruina. Los jueces que nos parecen tan grandes o poderosos al final de cuentas serán juzgados y caerán porque Dios se encargará de juzgar a la tierra.

Todas las naciones son del Señor y el las juzgará a todas sin faltar ninguna de ellas. No debemos olvidar eso nunca.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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