La Biblia dice en el Salmo 84:

Al músico principal; sobre Gitit. Salmo para los hijos de Coré. Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! 2 Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. 3 Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos, cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos, Rey mío, y Dios mío. 4 Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Selah 5 Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. 6 Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. 7 Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion. 8 Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración; escucha, oh Dios de Jacob. Selah 9 Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido. 10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad. 11 Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad. 12 Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía.

Introducción

El salmo ochenta y cuatro es un salmo inspirado para anhelar y buscar la casa del Señor. Es una oración para anhelar la comunión con Dios en un lugar donde otros también se reúnen. La vida espiritual se desarrolla de manera personal, pero siempre hay un lugar donde se puede uno congregar con personas con la misma determinación.

Es un salmo con una inscripción que nos ofrece el tono en que se habría de cantar o la forma en que se debía interpretar y también sus autores: los hijos de Coré. Ellos son los descendientes del hombre que se rebeló contra Moisés en el desierto y murió cuando las arenas del desierto se abrieron y lo tragaron vivo a él y a otros familiares.

Es un salmo de quien siente un vivo deseo de estar siempre en la casa. De alguien que ha encontrado en esa experiencia una razón de vida. Nada es mejor para el autor que la morada de Dios. La casa del Señor constituye el más excelente espacio que puede tener en esta tierra.
En los primeros dos versos del salmo, su autor expresa con toda claridad como concibe la casa del Señor: como un lugar de amables moradas. Otras versiones dicen amadas y otras más hermoso santuario. Es un lugar especial para el salmista. De esa clase de espacios donde uno se siente tan bien.

Las sensaciones que experimenta en ese lugar hace que lo anhele y desee. La palabra “anhela” que usa el salmista procede de la raíz hebrea “kasaph” que se usa en salmos 17: 12 para referirse león cuando persigue a una presa. Es una actitud activa, más que un anhelo estático. Lo anhela y lo busca. No es un anhelo pasivo.

La palabra “desea” procede de la palabra hebrea “kalah” que literalmente significa “consumirse” y en ese sentido “morir por”, en otras palabras el salmista no tiene vida si no está en la casa de Dios. Fuera de ese lugar su existencia languidece y no es un asunto interno, sino un asunto completo de su ser. Por eso su corazón y su ser cantan al Dios vivo.

Estamos, entonces, frente a una hombre que la casa de Dios es algo más que un lugar o un recinto de cuatro paredes, es algo tan valioso que su vida depende justamente de estar en ese lugar.

De una manera muy apasionada nos da las razones por la que quiere, desea y busca estar siempre en la residencia del Creador. Es un salmo para que los judíos recordaran su compromiso con el templo de Jerusalén, pero a los cristianos nos recuerda que la comunión entre los santos tiene un lugar y ese lugar debe buscarse y amarse.

Salmo 84: Señor, siempre quiero estar en tu casa

A. Porque aún las aves tienen un lugar allí
B. Porque puedo enfrentar lo que sea allí
C. Porque todo es maldad fuera de allí
D. Porque encuentro protección solo allí

A. Porque aún las aves tienen un lugar allí

El salmista comienza su salmo presentando una hermosa figura para enunciar una gran verdad. Todos pueden llegar a la casa de Dios. Está abierta para todos. Están invitados todos. Nadie está excluido. Dios nos llama a todos por igual para habitar con él en sus moradas.

Lo dice de la siguiente forma:

3 Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos, cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos, Rey mío, y Dios mío.4 Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Selah

Aún las aves de los cielos pueden habitan cerca de los altares del Señor. Estos pequeños animales tienen la posibilidad de vivir alrededor de ese lugar sin que Dios se moleste, como ejemplo para todos los humanos que el Creador los quiere también cerca de su presencia. Los pájaros pueden anidar allí.

La metáfora es sublime. Si esos pequeños seres pueden llegar hasta allí porque el hombre no puede estar allí. Se trata de una decisión de las aves porque se protegen en ese lugar.

Los que llegan a ese lugar serán dichosos porque perpetuamente alabarán a Dios porque en vida lo alabarán y cuando mueran solo cambiarán de plano y en el mundo venidero harán exactamente lo mismo.

B. Porque puedo enfrentar lo que sea allí

Los seres humanos en general y los creyentes en particular enfrentarán diversos problemas. La vida está llena de adversidades y pruebas que se presentan a veces de manera inesperada y nos ponen en una situación difícil. A veces son tan duras que nos llenan de desesperanza.

El salmista utiliza una figura retórica para mostrarnos lo que se puede remontar desde la casa del Señor. Lo hace así:

5 Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. 6 Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. 7 Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion.

La casa de Dios fortalece exactamente para poder hacer frente al “valle de lágrimas” que se usa como metáfora para hablar de los sin sabores que a veces llegan a nuestra vida, de los sufrimientos que nos parten el corazón, una enfermedad, la muerte de un ser querido, la perdida de bienes materiales, el dolor en nuestros seres queridos.

El salmista sabe que desde la casa de Dios, además de tener fuerzas para enfrentar las dificultades, hay una forma sorprendente y milagrosa de cambiarlas en bendición de tal manera que si bien el dolor tal vez no desaparezca se puede ver desde otra perspectiva, de una forma tal que traiga paz a nuestro corazón.

C. Porque todo es maldad fuera de allí

Esta es posiblemente una de las más profundas razones por las que es mejor estar en la casa de Dios. Fuera de la casa de Dios lo único que el hombre puede encontrar son moradas de maldad. Así lo expresa el salmista.

8 Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración; escucha, oh Dios de Jacob. Selah 9 Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido. 10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.

El salmista está orando para que Dios lo escuche y le de el privilegio de estar en su casa. Es un clamor genuino que apela a su condición de ungido, es decir, elegido, llamado por Dios, tomado para un servicio especial y que mejor servicio que aquel que permite estar en casa del Señor.

La disyuntiva que plantea el autor de este salmo es simple, pero profunda: o la casa del Señor o moradas de maldad. El hombre que se resiste a acudir a su encuentro con Dios termina hundido en lugares donde la bondad esta expulsada y solo encuentra mal por doquier.

D. Porque encuentro protección solo allí

El salmo termina con una declaración de confianza. Lo hace así:

11 Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad. 12 Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía.

Permanecer en la casa de Dios es un acto de protección. Para quienes toman esa decisión el Señor se convierte en sol y escudo. Dos figuras metafóricas que nos hablan de la claridad para vivir y el cuidado de parte de Dios ante los grandes y graves peligros que se presente en la existencia de ellos.

Pero estar en la casa de Dios debe hacerse con integridad, es decir con sinceridad y honestidad para que de esa manera Dios nos de gracia y gloria, es decir su amor y su ayuda para sobreponernos a las grandes dificultades.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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