La Biblia dice en el Salmo 85:

Al músico principal. Salmo para los hijos de Coré. Fuiste propicio a tu tierra, oh Jehová; volviste la cautividad de Jacob.2 Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; todos los pecados de ellos cubriste. Selah 3 Reprimiste todo tu enojo; te apartaste del ardor de tu ira. 4 Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación, y haz cesar tu ira de sobre nosotros. 5 ¿Estarás enojado contra nosotros para siempre? ¿Extenderás tu ira de generación en generación? 6 ¿No volverás a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti? 7 Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia, y danos tu salvación. 8 Escucharé lo que hablará Jehová Dios; porque hablará paz a su pueblo y a sus santos, para que no se vuelvan a la locura. 9 Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen, para que habite la gloria en nuestra tierra. 10 La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. 11 La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos. 12 Jehová dará también el bien, y nuestra tierra dará su fruto.13 La justicia irá delante de él, y sus pasos nos pondrá por camino.

Introducción

El salmo ochenta y cinco fue compuesto por los hijos de Coré. Eso dice la inscripción con la que comienza y está inspirado para recordar el retorno del exilio babilónico por parte de los judíos luego de setenta años de cautividad bajo la poderosa nación caldea que destruyó la ciudad de Jerusalén.

Esta tragedia nacional está perfectamente retratada en el libro de las Lamentaciones escrito por Jeremías, el único profeta que estuvo antes, durante y después de esos tristes días. No fue al exilio, pero precisó a sus compatriotas que estarían en Caldea siete décadas, las cuales se cumplieron puntualmente.

Entre los que retornaron de la cautividad se respiraba alegría y tristeza al mismo tiempo. Alegría porque al fin habían vuelto a la ciudad de sus antepasados, pero por otro lado una profunda tristeza por la condición en la que había quedado su tierra luego de setenta años de abandono.

Finalmente estaban de vuelta. Habían salido de allí por su pecado, su obstinación y su maldad. El salmista celebra esa nueva oportunidad. Finalmente habían vuelto a casa y quería dejar testimonio de la importancia de ese evento, pero también elevar una plegaria para que Dios los ayudara a recordar la importancia de no volver a fallarle.

El objetivo del salmista es dejar plasmado en su canto el deseo ferviente de no fallarle de nueva a cuenta a Dios, lo hace consciente de las terribles consecuencias de la desobediencia y la urgente necesidad de mantenerse firmes en su compromiso con el Señor para evitar una nueva caída.

Es la clase de oración que debemos elevar justo cuando hemos salido de un castigo o disciplina de parte del Señor y hacemos el firme compromiso de no volver a hacer todo aquello que provocó que nosotros fuéramos sancionados severamente por el Creador y una vez obtenido su perdón asumir el compromiso de no volver a errar.

Salmo 85: Señor, no quiero volver a fallar

A. Porque al fin nos has sido propicio
B. Porque al fin hiciste cesar tu ira
C. Porque no quiero volver a caer en la necedad
D. Porque al fin la justicia y la paz se besaron

A. Porque al fin nos ha sido propicio

Los versos uno y dos dicen de la siguiente manera: Fuiste propicio a tu tierra, oh Jehová; volviste la cautividad de Jacob.2 Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; todos los pecados de ellos cubriste. Selah

La palabra “propicio” que algunas versiones traducen como benevolencia, compasivo, bondad y conciliación, procede de la raíz hebrea “ratsah” que el libro de Levítico utiliza de manera reiterada para señalar la determinación divina de aceptar o no aceptar una ofrenda hecha en el tabernáculo.

El salmista usa la palabra para señalar la disposición del Señor de agradarse de su pueblo y por esa razón Dios hizo cuatro cosas: 1. Volviste la cautividad de Jacob. 2. Perdonaste la iniquidad de tu pueblo. 3. Cubrió todo los pecados y 4. Reprimiste todo tu enojo.

En este punto veremos los tres primeros y el cuarto lo abordaremos en el siguiente punto. Sin embargo lo escrito por el salmista en los dos primeros versos nos ayudan a comprender lo que ocurre cuando Dios nos reconcilia con él, cuando el Señor muestra con nosotros su bondad, benevolencia y compasión.

El salmista no quiere fallarle a Dios de nueva cuenta porque ha descubierto que el fin de su castigo ha traído a su vida, liberación, olvido de sus iniquidades y el perdón de todos sus pecados. Estos tres aspectos de la vida de los judíos eran suficientes para comprometerse con el Señor.

B. Porque al fin hiciste cesar tu ira

El salmista sabía perfectamente que Dios estaba muy enojado con su pueblo. Su conducta había despertado el furor del Señor y en esa condición los había sancionado porque Dios es paciente y benigno, pero cuando sus hijos colman su paciencia obrando con maldad y rebeldía los disciplina.

Del verso tres al verso seis nuestro salmo dice de la siguiente manera:

3 Reprimiste todo tu enojo; te apartaste del ardor de tu ira. 4 Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación, y haz cesar tu ira de sobre nosotros.5 ¿Estarás enojado contra nosotros para siempre? ¿Extenderás tu ira de generación en generación? 6 ¿No volverás a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti?

En estos cuatro versos encontramos cinco veces las palabras ira y enojo. La ira de Dios es el tema central de estos versículos. El salmista es consciente que Dios claro que se enoja y se llena de enfado y en esa condición disciplina severamente a sus hijos para que reaccionen y se vuelvan a él.

La ira de Dios es un tema central de la Escritura. Lo podemos ver en sus grandes jucios comenzando con el diluvio, luego en Sodoma y Gomorra, en Egipto con las diez plagas y en el desierto con la destrucción de Coré y todos los rebeldes contra Moisés y Aarón y luego en el exilio babilónico.

Claro que Dios se enoja y claro que castiga. El salmista lo sabe bien por eso en sus interrogantes podemos encontrar su clamor porque Dios quite su enojo sobre su pueblo, que Dios no guarde para siempre su ira, sino que les vuelva a dar vida para que ellos se regocijen en él.

C. Porque no quiero volver a caer en la necedad

La versión Reina Valera 1960 dice en el verso seis “para que no vuelvan a locura”. En otras versiones dice “falsa confianza”, “para que no vayan detrás de los ídolos” y otras “necedad”. Para referirse a lo que ya no quiere que ocurra con el pueblo de Israel.

Los versos siete al nueve de nuestro salmo dicen de la siguiente manera:

7 Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia, y danos tu salvación. 8 Escucharé lo que hablará Jehová Dios; porque hablará paz a su pueblo y a sus santos, para que no se vuelvan a la locura.9 Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen, para que habite la gloria en nuestra tierra.

El salmista esta convencido de que no quiere fallarle de nueva cuenta al Señor porque sabe perfectamente que esa conducta lo coloca automáticamente en una condición de necedad y esa situación despierta el fastidio del Señor porque un necio hace acciones en contra del sentido común.

Dios nos habla, como dice el canto ochenta y cinco para que nosotros, y lo único que pide de nosotros es que lo escuchemos y atendemos sus palabras. Con esa actitud alejaremos de nosotros la necedad o la locura. Es interesante notar que esta palabra se use en estos dos sentidos. Así también lo hace el libro de Eclesiastés.

La razón por lo que la necedad se compara con la locura es porque el necio actua contra la razón, es decir hace cosas fuera de toda lógica. El hombre necio actúa como si no tuviera razón. Actua como un loco porque a sabiendas que una conducta lo conduce a la muerte lo sigue haciendo.

D. Porque al fin la justicia y la paz se besaron

Los últimos tres versos de nuestro salmo dicen de la siguiente manera:

10 La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. 11 La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos. 12 Jehová dará también el bien, y nuestra tierra dará su fruto.13 La justicia irá delante de él, y sus pasos nos pondrá por camino.

El verso diez es una fascinante figura retórica que une cuatro términos de manera poética. La misericordia, la verdad, la justicia y la paz. Bendiciones que vienen a la vida de los justos y que traen como consecuencia bendición a la tierra y con ello prosperidad material a quienes viven bajo la cobertura de esas cuatro verdades.

Dice el salmista que la misericordia y la verdad se encontraron y la justicia y la paz se besaron. Para el autor del salmo eso es lo que ocurrió cuando Dios permitió a su pueblo regresar a su tierra. La verdad de su pecado se encontró con la misericordia del perdón de Dios y eso permitió su restauración.

El beso de la paz y la justicia representan la unión entre la tranquilidad que viene de la rectitud en la vida de los justos. Es decir la paz de Dios es consecuencia de una vida rendida incondicionalmente al Creador.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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