La Biblia dice en el salmo 92:

Salmo. Cántico para el día de reposo. Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; 2 Anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad cada noche, 3 en el decacordio y en el salterio, en tono suave con el arpa. 4 Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo. 5 ¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová! Muy profundos son tus pensamientos. 6 El hombre necio no sabe, y el insensato no entiende esto. 7 Cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, es para ser destruidos eternamente. 8 Mas tú, Jehová, para siempre eres Altísimo. 9 Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová, porque he aquí, perecerán tus enemigos; serán esparcidos todos los que hacen maldad. 10 Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; seré ungido con aceite fresco. 11 Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos. 12 El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. 13 Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. 14 Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, 15 para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia.

Introducción

Como lo dice su inscripción este era un salmo que se cantaba el día de reposo entre los judíos. Evidentemente muchos otros salmos se empleaba para ese sagrado día de los judíos, pero el hecho de que se establezca con toda claridad que debía utilizarse ese día hace que pongamos atención no solo al salmo sino a la celebración para la cual fue escrito.

A partir de los diez mandamientos y de la entrega de la Torá al pueblo hebreo, los israelitas tuvieron como característica cultural y espiritual guardar el séptimo día. El mandamiento que Moisés les dio al respecto fue entendido por ellos y desde entonces se han consagrado a respetarlo.

8 Acuérdate del día de reposo para santificarlo. 9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10 mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.

Esto texto lo encontramos en Éxodo 20:8-11

El día de reposo fue instituido por Dios para que su pueblo se dedicara a buscar a su Creador. Fue un alto en el camino cada semana para meditar, reflexionar y tener comunión con el Señor. Fue un encargo que tenían que cumplir y lo debían hacer con toda la dedicación propia de una orden expresa de Dios.

Para entender el salmo es preciso entender el día de reposo desde la perspectiva judía. El sábado en primer lugar no es un día cualquiera. Es un día santo. Es una fiesta solemne que debe llevarse a cabo con gusto, alegría y sobre todo con la actitud correcta porque se está ante la presencia de Dios.

Es un alto total a toda actividad mundana para consagrarse por completo a tareas espirituales. Es un asunto de carácter personal, familiar y comunitario. No se trata de dejar de trabajar y poner a otros a hacerlo. No. Se trata de que toda actividad humana se detiene para dar paso a la comunión con Dios.

La razón esencial la da el propio mandamiento de Exodo 20: Dios reposó de toda su obra que había desplegado en seis días y en consecuencia lo santificó, es decir lo apartó como un día de gran solemnidad. Dios contempló su obra e invita a los hombres volver su mirada a la obra de Dios, un día completo.

Es mirar los cielos y la tierra. Los animales, la aves, las especies marinas y sobre todo la corona de la creación: El hombre.

Ese es el sentido del día de reposo y el salmo noventa y dos nos lo recuerda. Nos lleva considerar y reconsiderar el compromiso que tenemos para con el Señor y la profunda necesidad de detenernos y dedicarle a Dios un día completo.

Salmo 92: Señor, necesito un día completo para admirar tus obras
A. Porque tus obras me alegran
B. Porque tus obras no las entienden los necios
C. Porque tus obras me revisten de fuerza
D. Porque tus obras me hace fructífero

En el salmo noventa y dos encontramos dos promesas muy anheladas: tener fuerza como la de un búfalo y llegar al a vejez con capacidad para seguir produciendo. El contexto de ambas promesas es haber dedicado un día cada semana para servir al Señor con toda alegría y empeño.

A. Porque tus obras me alegran

Del verso uno al verso cuatro encontramos las siguientes afirmaciones del salmista:

Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; 2 Anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad cada noche, 3 en el decacordio y en el salterio, en tono suave con el arpa. 4 Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo.

La celebración del Shabat debía hacerse con alegría. Parece una verdad redundante, pero hacer algo una vez cada semana por diez, veinte, treinta, cuarenta años y toda la vida podía provocar cansancio, monotonía. Lo que se repite una y otra vez tiene el riesgo de volverse algo estrictamente mecánico.

Por eso el salmista comienza diciendo lo que Dios repitió una y otra vez cuando creó todo en el comienzo de todas las cosas: que eran buenas. Así el salmista dice que es bueno alabar al Señor y cantar salmos al Altísimo desde la mañana hasta al noche, es decir un día completo y luego pasa a citar algunos instrumentos que pueden volver jubilosa la fiesta.

El salmista dice que al revisar las obras que el Señor hizo en seis días encuentra alegría y gozo. Descubrir la poderosa mano de Dios en lo creado solo se alcanza cuando las personas dedican un día completo porque lo hacen sin apuraciones y sin distracciones. No hay otra forma de disfrutar lo que Dios ha hecho porque solo así se puede admirar su obra.

B. Porque tus obras no las entienden los necios

El sábado representó para muchas culturas una de las más grandes barbaridades. Algunos les chocó tanto que consideraron que lo que en realidad celebran los hebreos era un culto oscuro y los atropellaron por eso y por muchas otras fantasías que su alocada mente les llevaba a concebir.

El salmista plantea esta verdad de la siguiente forma.

5 ¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová! Muy profundos son tus pensamientos. 6 El hombre necio no sabe, y el insensato no entiende esto. 7 Cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, es para ser destruidos eternamente. 8 Más tú, Jehová, para siempre eres Altísimo. 9 Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová, porque he aquí, perecerán tus enemigos; serán esparcidos todos los que hacen maldad.

Dedicar un día completo a Dios puede parecer descabellado. Pero para poder apreciar completamente lo que Dios ha hecho por nosotros y reconocerlo y valorarlo, reclama un día completo porque de esa forma se puede apreciar con toda claridad el diseño divino.

Los necios y los insensatos no pueden entender ni las obras de Dios y mucho menos sus pensamientos. Están impedidos naturalmente porque su mente está entenebrecida y razonar no se les da y ante tal condición se vuelven enemigos del Señor, pero solo para ser destruidos.

C. Porque tus obras me revisten de fuerza

Los versos diez al once dicen de la siguiente forma:

10 Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; seré ungido con aceite fresco. 11 Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos.

Para dedicarle todas las semanas un día completo al Señor se necesita mucha fuerza, no solo física, pero también fuerza de voluntad. Dios se encarga de esa necesidad y aumenta las fuerzas del creyente que decide entregarle a Dios un día completo de cada semana.

Para entender la magnitud de la figura retórica empleada aquí por el salmista solo podemos decir que tienen una fuerza descomunal como resultado natural de su peso que en algunos casos llega a tres toneladas y media. Para esta clase de cuadrúpedos es sumamente fácil volcar un vehículo.

La idea del salmista es colocarnos en la fuerza que se necesita para hacer una actividad de por vida. De igual modo la figura de ser ungido con aceite fresco nos lleva a considerar que la persona que decide entregarse a contemplar las obras de Dios un día de cada semana recibirá aire fresco para hacerlo siempre con gozo y alegría.

D. Porque tus obras me hace fructífero

El salmo termina también con otra promesa.

12 El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. 13 Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. 14 Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, 15 para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia.

El justo comprometido con el shabat florecerá, crecerá y fructificará. Es comparado con una palmera y como un cedro, vigoroso y verde y que aún en la vejez dará fruto, además de que tendrá vigor, siempre conectado con los atrios de la casa del Señor. Esta es una promesa para quienes se consagran en buscar a Dios un día cada semana.

Dios no es injusto y mira a quienes apartan tiempo para él y los recompensa con tiempo de vida para ellos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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