La Biblia dice en el salmo 95:

Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. 2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. 3 Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses. 4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. 5 Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca. 6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. 7 Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz, 8 no endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto, 9 Donde me tentaron vuestros padres, me probaron, y vieron mis obras. 10 Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos. 11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Introducción

Para algunos el salmo noventa y cinco es un canto que se entonaba en la fiesta de los Tabernáculos que celebraba o conmemoraba el peregrinar por el desierto desde Egipto hasta la tierra prometida debido a la mención precisa de dos lugares que marcaron a los hebreos: Meriba y Masah. Algunos otros señalan que fue escrito por David.

La falta de alguna inscripción en el salmo impide asegurar al autor y la ocasión o el momento en que se escribió, lo que sí podemos afirmar es que tiene una clara división que nos ayuda a comprender la intención de su desconocido autor: del verso uno al verso siete es un llamado del salmista a adorar a Dios con alegría, humildad y reconocimiento de su grandeza.

A partir de la última parte del verso siete se nota claramente que ya no es el salmista quien habla, sino Dios, quien se dirige a su pueblo para recordarle el traumático recorrido de Egipto a Israel, le rememora los cuarenta años de periplo que derivó en la muerte de toda la generación adulta que salió de la esclavitud.

Esta fórmula que encontramos en muchos escritos de la Biblia es notable en este salmo porque revela el interés de Dios en hacerle ver a su pueblo que la adoración a Dios debe ser jubilosa, pero también debe estar acompañada del compromiso de obedecer y someterse al Señor.

Es un salmo de once versos que nos conducen o nos lleva a adorar a Dios con todo el corazón a Dios, de manera jubilosa, estruendosa y con recogimiento y humildad, pero con una claro llamado a no repetir la triste historia de una generación que cometió dos de los grandes pecados pelearse con Dios y probarlo.

El propósito del salmista al unir estos dos temas es el de llevarnos a considerar que Dios es digno de ser en gran manera alabado y adorado, pero en esa misma intensidad es digno de ser obedecido y nuestras necesidades por más grandes que sean debemos someterlas a su voluntad.

A ellos les faltó agua y le reclamaron airadamente a Moisés y eso molestó mucho a Dios. Dice el salmo que se disgustó por cuarenta años. Lo que nos hace ver claramente que la exaltación a Dios debe ser comprometida para no solo darle frutos de labios que confiesen su nombre sino también obediencia.

Salmo 95: Señor, quiero adorarte con humildad para oír tu voz
A. Porque eres Dios y Rey grande
B. Porque eres el Creador de todo
C. Porque somos tu pueblo y ovejas de tu mano
D. Porque no quiero ser rebelde ni obstinado

En el mismo nivel de nuestra adoración debe estar nuestra obediencia. Es tal vez la síntesis que se deriva de leer los once versos de este salmo. La disposición a adorarlo debe tener su correlación a la hora de obececerle, sobre todo en los momentos en que nos pide confianza en su provisión.

¿Por qué Dios es tan exigente? ¿Por qué su adoración es tan demandante? ¿A qué se debe que exija o demande de nosotros todo nuestro ser a la hora de exaltar su nombre? ¿A dónde nos llevarán sus peticiones? ¿Por qué el Señor es merecedor de una alabanza y adoración tan sumisa?

Aquí algunas respuestas, nacidas de este hermoso canto, compuesto para recordarnos el gran compromiso que tenemos para con el Señor.

A. Porque eres Dios y Rey grande

Los versos uno al tres de nuestro salmo dicen de la siguiente manera:

Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. 2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. 3 Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses.

Si hay una manera de exaltar a Dios es con un clamor alegre y con júbilo. El salmista hace un vehemente llamado para que los hebreos llegaran ante su Señor con gozo rebosante porque Dios es merecedor de una exaltación viva, llena de entusiasmo. Es notoria la reiteración de esta idea. Y también es de resaltar la frase roca de nuestra salvación.

Justamente esta es la razón por la que muchos se inclina en pensar que es un salmo usado en la fiesta de los Tabernáculos. La roca de la salvación se puede tomar en sentido figurado, pero para los judíos la roca en el desierto fue la fuente de la que Dios les dio a beber agua, en un hecho único y prodigioso.

Así llegamos a la primera razón por la que se debe adorar a Dios con fuerza y sinceridad: Él es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses. Los hebresos estaban ante un Ser superior a todas las deidades que conocieron en Egipto y entre los cananeos cuando se asentaron en Israel. Al presentar a Dios el salmista destaca la naturaleza del Señor.

Dios grande y Rey grande son las dos definiciones sobre las que descansa el por qué habremos de darle una celebración jubilosa a su persona. No se trata de que sea solamente Dios y Rey, sino de su grandeza. Su tamaño nos debe llevar a darle una adoración inversamente proporcional.

B. Porque eres el Creador de todo

Los versos cuatro y cinco de nuestro salmo dicen de la siguiente forma:

Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. 5 Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca. 6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.

Nosotros debemos bendecir a Dios porque los más imponentes elementos de la creación fueron obra de sus manos. Los profundos misterios que esconden los abismos de la tierra él los conoce, pues los abismos son suyos. Las imponentes montañas que nos impresionan también son obra de él y el impresionante mar fue idea suya.

La reacción natural de su pueblo es postrarse y arrodillarse ante su Hacedor. Dios es el origen de todo. La vida nace en su corazón y se materializa con la creación de Adán y Eva para que nosotros pudiéramos existir. El hombre no vive por sí mismo. Hay un origen de todo y ese origen es Dios.

C. Porque somos tu pueblo y ovejas de tu mano

La primera parte del verso siete dice de la siguiente forma:

Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.

Una de las figuras retoricas más usadas y más bellas de la relación entre Israel y Dios es la de las ovejas de su prado y su mano. Es una relación de cuidado y protección de parte de Dios y de necesidad por parte de Israel.

Dios los ama y protege porque ellos son justamente como esos cuadrúpedos: frágiles, fácilmente extraviables y sobre todo urgidos siempre de dirección y guianza. Dios siempre está pendiente de sus requerimientos y solo deja de auxiliarlos cuando ellos por decisión propia lo abandonan.

D. Porque no quiero ser rebelde ni obstinado

Los últimos cuatro versos de nuestro salmo dicen de la siguiente manera:

Si oyereis hoy su voz, 8 no endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto, 9 Donde me tentaron vuestros padres, me probaron, y vieron mis obras. 10 Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos. 11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Este pasaje aparece no solo en este salmo. Es tomado de Éxodo 17: 1-7 que dice de la siguiente manera:

Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por sus jornadas, conforme al mandamiento de Jehová, y acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese. 2 Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová? 3 Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados? 4 Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán. 5 Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve. 6 He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. 7 Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?

Dios habla directamente en este salmo. Los versos están escritos en la primera personal del singular, es decir Dios esta hablando a su pueblo porque pelearse con Dios y duda de su poder y cuidado es algo que lo ofende grandemente.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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